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No hay duda de que va a ser una nueva y gratificante experiencia para el bebé, su primer baño en una piscina, eso sí, todo dependerá del comportamiento que presenten ante este hecho los padres. Como norma general, un bebé espera su baño diario en la bañera, esta experiencia le gratifica y calma, pero no es lo mismo el agua que contiene la bañera que la inmensidad que se le presenta en una piscina.

Tanta cantidad de agua puede asustar al pequeño, lo primero que se debe hacer es no forzarle y mucho menos introducirlo en el agua de golpe, ya que podría asustarse y ver una piscina como algo perjudicial y nada positivo. Según los expertos, una buena táctica es animar al pequeño a entrar a la piscina e invitarle desde el interior del agua.

La seguridad de los brazos de los progenitores harán el resto, al sentirse seguro disfrutará dentro del agua, a partir de aquí, poco a poco se va ampliando la confianza y empieza a entender el nuevo lugar como una zona gratificante de juegos. Poco a poco irá adquiriendo seguridad y cuando los papás vean que se siente seguro, será el momento de proporcionarle unos manguitos para permitir que juegue a su antojo, pero siempre sujetado de las manos por alguno de los progenitores.

Hay que tener en cuenta que para una buena aceptación de la piscina por parte del bebé, el contacto con el medio líquido ha de ser de forma gradual, habituándole despacito al nuevo entorno de juegos.

Es gratificante comprobar la satisfacción que produce en el bebé un baño de piscina.

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