
Días atrás hablamos acerca de una las mayores precauciones que debemos tener los padres en verano: ir a la piscina con niños pequeños.
Otra de las grandes amenazas del verano, especialmente en los días de mayor calor es la deshidratación, la pérdida excesiva de líquidos del cuerpo. Los bebés pequeños son especialmente vulnerables a sufrirla dado que el porcentaje de agua de su cuerpo es mayor y su equilibrio es más débil.
Además del calor, el verano es propicio para que se produzcan intoxicaciones alimentarias que pueden ocasionar vómitos, diarrea y como consecuencia una gran pérdida de agua.
Un bebé de meses no nos dice “tengo sed”, así que lo principal es saber identificar los signos de deshidratación en un niño.
Los síntomas de deshidratación son:
Ante cualquiera de estos síntomas debes acudir al médico para que evalúe el estado de deshidratación del bebé. Se ha demostrado que la rehidratación oral con suero es igual o más efectiva que la intravenosa, pero en todo caso será el pediatra quien la indique.
Ahora bien, qué podemos hacer para evitar la deshidratación en los bebés:
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