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Regalos

En navidad es tradición hacer regalos, y el “premio gordo” se lo llevan los pequeños del hogar. Parece que los niños y niñas son los protagonistas de las cartas de Papá Noel y los Reyes Magos, y así lo vemos en televisión si hacemos una estimación de la publicidad “para niños” comparándola con la destinada a adultos. En navidad, es muy probable que se produzca una avalancha de regalos en casa.

Compramos nosotros, compran los abuelos, los tíos… Sin embargo, seguramente no queremos que la casa se llene de regalos que, por un lado, ni siquiera han pedido los niños y que, por otro, no necesitan. Y aunque puede convertirse en una cuestión delicada y sobre todo difícil de conseguir, podemos intentar “reducir daños”. Aquí van algunos consejos para conseguir que entren los regalos justos y deseados.

  • Hagamos sugerencias a la familia. No dejemos que los regalos lleguen “a ciegas” y descontrolados. Podemos sugerir lo que pensamos que a nuestros hijos más le gustaría o les puede ser más beneficioso o útil. Podemos sugerir una cantidad (no más de un regalo o dos). Podemos sugerir que lo que tienen pensado no es adecuado para su edad, o es demasiado caro, o no le va a gustar al niño, o no hay espacio en casa…

  • Dependerá de cada familia, pero puede que para no herir susceptibilidades al hacer la petición de “contención” o las sugerencias anteriores lo mejor sea que lo haga la parte correspondiente a cada familia. Es decir, la mamá puede hablar con los abuelos y tíos maternos y el papá con los suyos.

  • Por supuesto, hay que ser comprensivos y amables con las peticiones, pues en el fondo la familia quiere hacer felices a los niños. Pero como ya hemos dicho en muchas ocasiones los pequeños (y más cuanto más pequeños) son felices con muy poco. Por ello, con un “¿No crees que sería mejor…?”, o “Tal vez lo que más le guste sea…”, o “Es una buena idea, aunque hay que tener en cuenta que…”, “Pues el otro día estuve a punto de comprarle…” ... sea suficiente para hacernos entender.
  • Si el niño recibe un regalo “inesperado” que pensamos que no es adecuado, lo mejor es hacerlo saber educadamente e intentar que lo cambien por otro. En este sentido, los presentes que viene con ticket-regalo son un gran invento para no tener que pasar un mal rato dando explicaciones.
  • Los regalos efímeros del tipo ir un día al cine, al circo, al zoo o cualquier actividad que les resulte interesante a los niños son una opción que muchas veces no tenemos en cuenta, pero que pueden sustituir perfectamente a los regalos convencionales que llegan en avalancha y que pronto acabarán en un rincón. Para el momento del regalo, sirven los tickets de entrada cuando sea posible, o un “vale” para el espectáculo que decidan. Estos regalos “Inmateriales” pueden ser incluso más apreciados por los peques, ya que supone pasar un rato agradable en compañía de la familia.

Regalos de Navidad

  • Hagamos un ejercicio de autocontrol. Puedo asegurar que es complicado, y yo misma me he tenido que atar las manos a la espalda alguna vez para no coger ese peluche tan mono o ese juego de Los Lunnies que le hubieran encantado a mi hija mayor. En cada navidad que ella ha vivido (dos navidades) ha recibido un solo regalo de sus papis. Y del primero ni se dio cuenta.
  • Intentemos que los regalos sean artículos necesarios. Por ejemplo, si de todas formas teníamos que comprarle colonia al niño, pues puede venir bien una botella de colonia. Claro, una colonia a granel pues no quedaría demasiado bien como regalo, pero todos sabemos que hoy día hay estuches de colonias infantiles que hacen las delicias de los pequeños con sus personajes favoritos (Pocoyó, Caillou, Barbie…). Lo mismo para geles, pijamas, zapatillas y otras prendas de ropa.
  • Si el niño es tan pequeño que no pide nada porque aún es un bebé, “aprovechémonos”, en el buen sentido de la palabra. Será un ahorro para nosotros y para la familia. La ropa y los productos de higiene son una buena y práctica opción, ya que los íbamos a necesitar de todos modos.
  • Si el niño ya habla pero no pide nada, es que no desea nada en especial. Claro que ya sabemos cuáles son sus gustos (juegos preferidos con los papis, personaje sinfantiles…) y por ahí tenemos acierto seguro.
  • Si el niño ya pide lo que quiere, dependerá de lo larga que sea su carta a los Reyes, pero intentemos que ésta no se alargue demasiado. Como dijimos, es bueno que los niños expresen sus deseos. Que escoja cuáles son sus, pongamos, tres o cuatro deseos principales. Éstos son los que recibirá entre todos. Al fin y al cabo, parece una recomendación muy sana. Y entenderá que no puede tener todo lo que desee de modo incontrolado y sin esfuerzo.
  • Si al final de todo llega el 25 de noviembre o el 6 de enero y la avalancha de regalos se produce igualmente, podemos tratar de, disimulada o abiertamente, apartar unos cuantos regalos para más adelante. Los niños disfrutarán más los que ahora tienen, y se llevarán una sorpresa más adelante.

De este modo tal vez evitemos que abrir regalos y dejarlos de lado sea casi simultáneo, consiguiendo que la ilusión por lo que tienen sea más duradera. También ahorraremos, pues hemos convertido en regalos esos artículos que de todos modos íbamos a necesitar o a comprar.

Y, sobre todo, estaremos estableciendo una sana costumbre de disfrutar con poco y apreciar lo que se tiene evitando la avalancha de regalos en navidad. Nos podemos aplicar el mismo cuento para cumpleaños, y tal vez así no tengamos que oír “me lo pido” con tanta frecuencia…

Foto | di_the_huntress en Flickr
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