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“El niño no se me coge… y por leche no será, porque tengo las tetas a reventar”. Esta es una frase relativamente habitual en el posparto, cuando a la mamá le sube la leche y los pechos se le llenan tanto que el niño no es capaz de cogerse al pecho.
La subida de la leche suele tardar entre 1 y 3 días. El tiempo que tarda en darse y cuánto puede llegar a molestar depende en gran medida de cómo se instaura la lactancia. Si un bebé se coge bien al pecho nada más nacer, si está en la habitación con la mamá las 24 horas del día y si ésta atiende a las demandas del bebé ofreciéndole el pecho sin limitaciones ni horarios, la subida de la leche suele molestar poco o nada. Tanto es así que en ocasiones hay madres que, de tan bien que lo están haciendo, dudan si están dando leche a sus hijos porque “no he notado la subida, así que no creo que tenga leche”.
En cambio hay mamás y bebés cuya lactancia es más dificultosa, que se cogen quizás peor, o que han sido limitados en el amamantamiento por un biberón (en mala hora), por horarios absurdos (dale cada 2-3 horas) o por una mamá que ha tratado de calmar el llanto de otra manera porque “ha comido hace poco, no puede tener hambre” e incluso porque ha recibido (la mamá) algún suero por gotero intravenoso antes de parir (hay más líquido en el cuerpo y la ingurgitación empeora). Para estas mamás la subida de la leche puede llegar a ser muy molesta porque los pechos se ponen duros, casi como piedras y en ese instante, cuando interesa que el bebé los vacíe, es incapaz de cogerse (intentad mamar de un balón, a ver quién lo consigue).
Para estas mamás y para estos momentos tan molestos y angustiosos existe una solución: la presión inversa suavizante.
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