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Errores en las hojas de alimentación complementaria del pediatra: marcar unos horarios estrictos

Errores en las hojas de alimentación complementaria del pediatra: marcar unos horarios estrictos
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Llevamos ya dos entradas hablando de algunos errores que podemos ver en las hojas de alimentación complementaria que pediatras y enfermeras dan a los padres, comentando por un lado el tema de las cantidades a ofrecer y por el otro al maltrato a la lactancia materna que podemos llegar a encontrarnos.

Como no hay dos sin tres, hoy seguimos con otro de los errores que podemos ver en dichas hojas o pautas, como es el marcar horarios estrictos pensando en que el bebé tiene que comer según un reloj y no según su hambre.

Marcar unos horarios estrictos

Yo diría que deben ser pocas las hojas en las que veamos horarios para dar de comer a los niños, pero os aseguro que las hay, porque las he visto.

Pueden llegar a marcarte que a las nueve de la mañana han de tomar una papilla de cereales con leche, que a las 13 horas hay que comer verdura y pollo, que a las 16 horas una papilla de fruta, y que a las 19 tomen un biberón o el pecho. Luego, por la noche, cuando se despierte (digamos a las once de la noche), que haga la toma de leche o pecho restante.

Seguro que estáis todos pensando que es de lo más absurdo que os habéis echado a la cara, pero oye, si te lo da el pediatra y te lo argumenta como que “esto ha sido estudiado y vemos que así los niños comen mejor”, pues pasa lo que pasa, que muchas madres (y padres) tienen que alterar su ritmo de vida actual para cumplir con la hoja: “no, a las cuatro no puedo quedar, que a mi hija le toca la papilla de frutas”.

Vamos, que eso de que alguien superior controla nuestras vidas se cumple ya desde que tienes seis meses y a través de tus padres, que hacen caso a una recomendación estándar que se ofrece a todos los niños.

Qué más dará que un niño desayune a las nueve de la mañana o que lo haga a las ocho o las diez. Qué más dará que en vez de comer a la una del mediodía lo haga a las dos, cuando comen sus padres, y que si tiene hambre antes (entre el desayuno y la comida) le des el pecho las veces que haga falta o un biberón.

Pues eso, que da igual, que es absurdo acostumbrar a un niño a unos horarios para que luego llegue el fin de semana y todo se despirule. Que es absurdo acostumbrarle a comer a las 13 horas, si luego en la guardería les hacen comer a las doce, si la abuela pone la comida en la mesa a las 14 o si, directamente, el niño no tiene hambre aún a esa hora.

Y es más absurdo aún si el hecho de seguir unos horarios hace que el niño esté a disgusto, o bien porque él comería antes, porque no aguanta tantas horas sin comer, o bien porque él comería después, porque no necesita comer tan a menudo.

La mayoría de niños se despierta por la noche

Alimentación complementaria y horarios 2

Algo que no aparece en las hojas con horarios es el horario nocturno. Sería absurdo, a más no poder, que leyéramos en ellas algo como “a las 3 de la mañana, ofrézcale un poco de pecho o bien prepárele un biberón”. Sin embargo, el hecho de que no haya horario nocturno hace entender a muchas madres y padres y hace entender a muchos pediatras y enfermeras (porque la hoja debe estar escrita hace años y ellos la entienden así) que por la noche los niños ya tienen que dormir toda la noche.

Vamos, que de noche no le des nada, porque tiene que dormir, y si se despierta, pues le das un poco de agua como mucho, y si con el chupete cuela, pues te ahorras de darle agua. Como si fuera dañino o algo así comer de noche.

El caso es que la mayoría de niños se despierta por la noche y muchos lo hacen para comer un poco, algo lógico si maman y tienen a bien tratar de evitar que a su madre le dé una mastitis por tener leche en los pechos que nadie saca, así que puede suceder que la última toma la hagan, por decir algo, a las siete u ocho de la mañana y que luego a las nueve, cuando toca la papilla de cereales, digan “¿Qué dices, que los cereales están muy ricos? Pues si te gustan tanto los recoges del babero y del suelo, que yo no me los como”.

Y la culpa, lógicamente, no sería del niño, desconsiderado, que no valora el dinero que cuestan los cereales ni el tiempo que mamá ha pasado preparándolos ni el cariño con que se acerca con la cuchara esperando que no sea uno de esos que “comen fatal”, sino de la persona que, en vez de poner guiones antes de las cosas que un niño puede empezar a comer decidió que podría poner un horario para hacer más fácil la vida de las familias.

Que cada uno en su casa lo haga como quiera

Los niños, y los adultos de hecho, deberíamos comer cuando tuviéramos hambre y el cuerpo nos lo pidiera. Ahora bien, como tenemos otras obligaciones (como el trabajo, por ejemplo), seguimos todos unos horarios más estrictos y marcados que no responden realmente a una necesidad del cuerpo.

Los niños han comido a demanda hasta los seis meses, siguiendo sus madres la norma que tanto se les ha repetido: “no mires el reloj, dale cuando pida”. Una vez cumplen los seis meses, la norma es la misma: “no mires el reloj, dale cuando pida”, y si cuando pide no puede ser, pues anticípate y dale antes de que pida o dale en cuanto puedas, pero olvídate de que un reloj marque el hambre de tu hijo y, yendo más allá, olvida que lo haga una hoja impresa que puede ser totalmente diferente que la hoja que tiene tu vecina, la que también tiene un hijo de la edad del tuyo.

Foto | subewl, subewl en Flickr
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