Por qué no debemos clasificar las conductas de los niños como buenas o malas (y las consecuencias de hacerlo)

Por qué no debemos clasificar las conductas de los niños como buenas o malas (y las consecuencias de hacerlo)
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¿Te imaginas que te dijeran que la realidad solo puede ser blanca o negra? ¿O que tu actuación en un baile solo puede ser estupenda o desastrosa? ¿Que sólo puedes estar feliz o triste? ¿Qué pensarías? Probablemente, que esto es una visión simplista de la realidad, y que hay mil matices más allá de estas afirmaciones.

Entonces, ¿por qué a veces tendemos a clasificar las conductas de los niños como "buenas" o "malas"? ¿Realmente es tan limitado su repertorio conductual?

Por otro lado, y a raíz de esta clasificación, seguro que alguna vez has dicho esta frase, sin darte cuenta, o que la has escuchado a multitud de padres o madres: "hijo, pórtate bien en el cole", "pórtate bien en la sesión", "pórtate bien con tus abuelos", etc.

Pero, ¿qué significa realmente portarse bien? Aunque muchas veces recurramos a estas frases de forma inconsciente, a modo de automatismo, es importante que tomemos conciencia de ello porque tiene sus riesgos.

Reflexionamos sobre las consecuencias de clasificar las conductas de los niños como "buenas" o "malas" y de decirles frases como el famoso "pórtate bien", y sobre cómo podemos darle un giro a todo ello para educar con mayor consciencia.

Por qué no debemos clasificar las conductas de los niños como buenas o malas

Los niños, como todas las personas, tienen unas determinadas conductas en su día a día. Y, es más, estas conductas van modificándose (y mucho), a medida que los niños crecen. Es normal.

¿Bueno o malo? ¿O blanco o negro?

Lo que ocurre es que muchas veces tendemos a etiquetar esas conductas, y no a través de múltiples adjetivos y matices, no, no, sino que las clasificamos únicamente como "conductas buenas" o "conductas malas". Es decir, o blanco o negro.

La conducta está llena de matices

Esto presenta ciertos riesgos, no solo por el hecho de que estamos catalogando algo tan complejo como lo es la conducta humana, a través de únicamente dos polos (opuestos), como si no existiera otra realidad intermedia (lo que hace que tengamos una visión muy simplista de las cosas), sino que además, porque estamos emitiendo un juicio moral sobre dichas conductas.

Riesgos de clasificar las conductas como buenas o malas

Algunos de los principales riesgos de clasificar las conductas así son: que el niño no entienda lo que esperamos de él, que se sienta confundido, juzgado, que acabe pensando que todo lo que haga solo pueda ser de dos formas (cuando no es así), lo que reduce su visión de la realidad, etc.

¿Qué significa portarse bien?

El hecho de clasificar las conductas de los niños como "buenas o malas", nos lleva muchas veces, inconscientemente, a emitir frases como las comentadas en la introducción.

Y uno de los principales riesgos de todo ello, y que va implícito en frases como "pórtate bien", es que damos por supuesto que el niño sabe qué significa exactamente "portarse bien". Pero es que en realidad, no lo sabe. ¿Cómo puede saberlo?

Quizás se imagina algo, pero en realidad no puede saber qué esperamos de él, porque en esa frase no se lo estamos diciendo. Y "portarse bien" es tan relativo, ¡que puede ser cualquier cosa".

En lugar del "pórtate bien"... ¿Qué podemos decir o hacer?

Por ello, evita recurrir a estos tópicos, y en lugar de ello, recurre a frases más elaboradas y específicas, donde le indiques a tu hijo qué esperas de él, qué límites no puede sobrepasar, cuáles pueden ser las consecuencias de sus acciones, etc.

Y sobre todo, haz uso del refuerzo positivo. Refuerza su conducta con halagos (refuerzo verbal), con caricias y abrazos, con afecto, con pequeñas recompensas a su esfuerzo y a su forma de ser.

Acéptalo tal y como es, sin dejar de enseñarle y de poner límites, acompañándole también en las cosas que le cuestan y en sus posibles dificultades.

Evitemos juzgar sus conductas

Por otro lado, y como hemos visto, otro de los riesgos de etiquetar las conductas como "buenas" o "malas" es que, de esta forma, estamos juzgando a nuestro hijo.

Aunque no digamos directamente "eres así", o "eres asá", indirectamente, lo que él puede entender al escuchar que se ha portado mal, por ejemplo, es que es un niño malo.

Por ello es tan importante el uso del lenguaje; cuidemos este lenguaje, porque de ello depende la construcción de la autoestima y el autoconcepto de nuestros pequeños, entre otros aspectos importantes para su desarrollo.

Alternativas a clasificar las conductas como buenas o malas

Claro que podemos seguir usando adjetivos para definir las conductas de nuestros hijos, pero tenemos que ir con cuidado.

Por ejemplo, empieza por ampliar el repertorio de adjetivos, e intenta que estos sean de lo más neutros posibles (es decir, que no tengan una carga moral importante).

Básate en hechos objetivos

Y sobre todo, cuando hables de la conducta de tu hijo, básate en hechos observables y objetivos, que él entienda al momento.

Por ejemplo, puedes decirle a tu hijo que ese día ha sido impuntual, porque ha llegado veinte minutos tarde. Pero que quede claro que estamos hablando de la conducta de ese día, de ese momento en concreto, y que una acción no le define.

Acompaña el mensaje con algo positivo

Y, sobre todo, acompañemos el mensaje con un mensaje positivo, o con una pregunta; por ejemplo "hoy has llegado tarde, ¿qué te ha ocurrido?", "¿tenías ganas de venir?", "otro día seguro que llegas antes, si necesitas organizarte mejor yo te ayudo".

No le definimos: evaluamos algo puntual de su comportamiento

Finalmente, cuando hables con tu hijo sobre su comportamiento, aclárale que estás hablando de lo que está haciendo, no de lo que es. Sus conductas, aunque sí dan mucha información de él, no le definen.

Fotos | Portada (freepik)

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