Mi hijo adolescente ha probado el alcohol: cómo hablar del tema sin sermones

Mi hijo adolescente ha probado el alcohol: cómo hablar del tema sin sermones
Sin comentarios
HOY SE HABLA DE

Una de las preocupaciones que tienen muchos padres de hijos adolescentes es el consumo de alcohol. Una preocupación comprensible teniendo en cuenta que, a nivel mundial, más de una cuarta parte de los jóvenes de entre 15-19 años (el 26,5%) son bebedores, lo que supone 155 millones de adolescentes.

Así lo asegura la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe sobre la situación mundial del alcohol y la salud (Global status report on alcohol and health 2018).

Las mayores tasas de consumo actual de alcohol corresponden a Europa (43,8%), la Región de las Américas (38.2%) y el Pacífico Occidental (37,9%). Las encuestas escolares indican que, en muchos países, el consumo de alcohol comienza antes de los 15 años, con diferencias muy pequeñas entre niños y niñas.

El consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes

En España, la Encuesta sobre uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España ESTUDES 2021 encontró que en jóvenes de 14 a 18 años, los adolescentes empiezan a consumir alcohol a los 14 años de promedio.

Además, el 73,9% de los jóvenes entre 14 y 18 años ha bebido alguna vez en su vida, y el 1,6% lo ha hecho diariamente el último mes.

Durante los últimos 30 días, el 23,2% se ha emborrachado y el 27,9% ha bebido cinco o más copas, vasos o cañas de alcohol en un tiempo aproximado de 2 horas (binge drinking o consumo en atracón). Por otro lado, las mujeres beben y se emborrachan más que los hombres.

Y en EEUU, aproximadamente el 24.6% de los jóvenes de entre 14 y 15 años confesó en 2019 haber consumido al menos una bebida, según datos del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism.

Mi hijo ha probado el alcohol: ¿cómo abordar el tema?

Si has descubierto que tu hijo adolescente ha probado el alcohol, o bien te lo ha confesado él mismo, es importante tener una conversación con él, si no la has tenido ya antes.

Pero no para sermonearle, ni mucho menos, sino para que sea consciente de los riesgos del consumo y para averiguar hasta qué punto lo es, cómo vive él este tema y cómo enfocarlo. Entonces, ¿cómo abordar la cuestión? Algunas claves que os pueden ayudar son:

1. Evita sermonearle y conecta con él

Lo primero de todo, y como comentábamos, es evitar "el sermón". Sermonearle solo hará que generar distancia entre vosotros y que tu hijo se cierre en banda. Además, cuando sermoneamos nos olvidamos de ponernos en el lugar de nuestros hijos.

Por ello, en lugar de sermonearlo, enfócalo como una conversación de padre/madre a hijo, como un momento de debate y reflexión donde tu objetivo es acompañar a tu hijo de la mejor forma posible.

En lugar de sermonearlo, enfócalo como una conversación de padre/madre a hijo, como un momento de debate y reflexión donde tu objetivo es acompañar a tu hijo de la mejor forma posible.

Una idea para sacar el tema es explicarle cómo nos sentíamos nosotros a su edad, con alguna anécdota o preocupación que tuviéramos, y de alguna forma enlazar el tema para que no sea tan "directo".

2. Anímale a que comparta qué piensa él al respecto

Así, en lugar de sermonearle, entabla con tu hijo adolescente una conversación basada en el diálogo, la empatía y la escucha activa. Anímale a que comparta qué piensa él al respecto del alcohol. ¿Tiene una opinión formada? ¿Dispone de información objetiva sobre las consecuencias del alcohol, como para decidir con criterio?

En esta conversación también podemos tratar de averiguar si el consumo se produce por desconocimiento, por una presión de grupo ("para no ser el diferente"), simplemente por explorar... Es decir, indagar en las causas.

3. Averigua hasta qué punto es ese consumo

También es importante aprovechar esta conversación para indagar en el tipo de consumo que ha tenido o tiene nuestro hijo. ¿Ha sido una sola vez, algo puntual para probar...?

¿O es un consumo más recurrente, los fines de semana? ¿En qué contexto? Esto lo podemos hablar abiertamente con él, pero procurando no ser excesivamente invasivos.

4. Hazle consciente de sus consecuencias

Por otro lado, debemos hacerle consciente de lo que implica el consumo de alcohol. Explicarle las consecuencias de esta sustancia (sobre todo a largo plazo), no para infundirle miedo, sino para que esté informado y no lo vea como "una tontería", porque es algo serio.

Es importante explicarle las consecuencias de esta sustancia (sobre todo a largo plazo), no para infundirle miedo, sino para que esté informado y no lo vea como "una tontería", porque es algo serio.

Recordemos que el alcohol puede ocasionar graves problemas de salud, y que, cuanto antes se inicia el consumo, peor.

5. Fomenta un espacio para plantear dudas

También es importante crear un espacio para sus posibles dudas. Preguntarle abiertamente si tiene alguna duda sobre el consumo de alcohol; "si tienes alguna duda puedes preguntarme sin problema; si puedo, intentaré resolvértela".

Muchas veces hay desconocimiento sobre este tema, o bien los jóvenes "le quitan importancia" a beber; incluso, hay muchos falsos mitos que conviene aclarar. De ahí la importancia de poner las cartas sobre la mesa: qué es y qué no es el alcohol.

6. Consensuar algún acuerdo

Ten en cuenta que, si les prohibimos a nuestros hijos que beban, probablemente se rebotarán porque lo vivirán como una imposición. Aunque claro, también es lógico que no queramos que nuestro hijo beba. Pero pongámonos en su lugar, e intentemos recordar nuestro comportamiento y nuestra mentalidad a su edad.

Así, se trata de, una vez tengas información sobre su consumo, las causas que le han llevado a hacerlo, etc., trata de llegar a algún acuerdo con él.

Esto es muy personal y cada familia deberá decidir, pero por ejemplo, un acuerdo puede ser que nos expliquen cada vez que beban, que no nos oculten la información. Otro, que nos pregunten si tienen dudas, que no beban más de X cantidad (limitar), etc.

7. Adapta el enfoque de la conversación

alcohol-adolescentes

Finalmente, es importante que tengamos en cuenta que no es lo mismo descubrir que nuestro hijo tiene curiosidad con el alcohol (pero sin haberlo probado), que descubrir que ya lo ha probado, que lo consume de forma recurrente o incluso, que llega a emborracharse.

En función de la situación deberemos adaptar nuestra forma de enfocar la conversación y el tono que empleemos en ella, siendo firmes pero flexibles, evitando entablazar una lucha con ellos.

Se trata de conectar con nuestro hijo; recuerda que el objetivo es fomentar su confianza hacia nosotros y que se abra para poder ayudarlo realmente, no que se sienta juzgado. Lo importante, eso sí, es que sepa que es my jóven y que tiene toda la vida para experimentar; cuanto más atrase este momento, mejor.

Foto | Portada (Freepik)

Temas
Comentarios cerrados
Inicio