¿Por qué los pediatras casi nunca mandamos antibióticos?

¿Por qué los pediatras casi nunca mandamos antibióticos?
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Estamos en pleno invierno y los que tenéis hijos sabéis que las infecciones no abandonan: catarro, bronquiolitis, laringitis, otitis... Pero es que ni siquiera en verano nos han dejado descansar: gastroenteritis, enfermedad boca-mano-pie… Y, sin embargo, a pesar de estar malos una semana sí y otras también, los pediatras casi nunca les mandamos antibiótico.

¿Qué son los antibióticos?

Los antibióticos son medicamentos, unas sustancias químicas que atacan a las bacterias. Pueden hacerlo matándolas, impidiendo su crecimiento y/o su multiplicación. Los antibióticos no funcionan frente a otros microorganismos como virus, hongos o parásitos, que también producen infecciones. Para ellos tenemos antivirales, antifúngicos o antiparasitarios.

¿Por qué los pediatras casi nunca mandamos antibiótico?

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La principal razón es que la mayoría de infecciones que tienen los niños son víricas y, como hemos dicho previamente, los antibióticos en este tipo de infecciones no funcionan.

Muchas veces no podemos poner “nombre y apellido” a la infección que tiene el bebé o niño pero sí sabemos que, con casi toda probabilidad, se trata de un virus. Los catarros (infecciones de vías respiratorias superiores) y las bronquiolitis están producidos por virus, la mayoría de las laringitis y gastroenteritis también (especialmente si tienen determinadas características), si salen determinadas manchas en la piel (exantema vírico) también nos indican que la probabilidad de que el culpable sea un virus es alta...etc.

Hemos dicho que para atacar a los virus disponemos de otro tipo de medicamentos: los antivirales. Sin embargo, sólo tenemos antivirales para unos pocos virus y los usamos en situaciones muy concretas.

En general, los niños sanos que tienen una infección por un virus no necesitan ningún tratamiento específico para curarse. Tan sólo daremos tratamiento sintomático (antitérmicos y analgésicos para tratar la fiebre y el dolor, lavados nasales, hidratación…).

La principal razón es que la mayoría de infecciones que tienen los niños son víricas y los antibióticos en este tipo de infecciones no funcionan.

¿Por qué a veces lo mandan cuando pasados unos días no mejora?

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En algunos casos, no mandamos el antibiótico de inicio pero sí lo pautamos cuando vemos al niño unos días después. Y, además, al poco de mandarlo el niño mejora. Muchos padres piensan entonces que el médico estaba equivocado y debería habérselo mandado el día 1. Y, aunque eso puede ser cierto (somos personas y nos equivocamos), lo más frecuente es que al inicio se tratase de una infección vírica y luego, de una sobreinfección bacteriana.

Cuando uno tiene una infección vírica, hay veces que las bacterias aprovechan que estamos “más flojos”, concentrados en defendernos del virus  y nos infectan también.

Sin embargo, mandar un antibiótico “por si acaso”, por si el niño luego desarrolla una sobreinfección bacteriana no tiene sentido. Como veremos a continuación, los antibióticos no están exentos de reacciones adversas; además, un mal uso de los antibióticos puede conducir al desarrollo de resistencias antibióticas, que ya son un problema en la actualidad.

También puede suceder que veamos al niño muy pronto y la infección no haya dado la cara, o que lo que al principio pareciese una cosa, al final fuese otra. A veces las infecciones son indistinguibles unas de otras al inicio o no han manifestado aún todos los síntomas, y necesitamos que evolucionen unas horas/días para poder diagnosticarlas con certeza.

Por ejemplo, un niño empieza con tos, mocos y fiebre y es diagnosticado de catarro. Pero con el paso de los días no mejora y comienzan a auscultarse ruidos en la auscultación; es diagnosticado de neumonía y se pauta antibiótico. O un niño comienza con fiebre y sólo le vemos la garganta un poco roja: tratamiento sintomático para el dolor. Pero a los dos días le vemos de nuevo y tiene las amígdalas muy grandes y con placas y acaban pautándole antibiótico.

¿Cuándo sí está indicado el uso de antibióticos?

Básicamente, cuando sospechamos de una infección bacteriana. Como hemos comentado al inicio, los pediatras sabemos identificar si se trata de una infección bacteriana o vírica. En muchos casos podemos hacerlo tan sólo con la anamnesis (lo que nos contáis sobre los síntomas del niño/a) y la exploración física; en otros, necesitamos realizar alguna prueba complementaria: analítica de sangre, análisis de orina, test rápido de Streptococo, test rápidos de algunos virus (gripe, COVID, VRS…), radiografía de tórax…

Hemos dicho al inicio que la mayoría de infecciones que tienen los niños son víricas. Sin embargo, en los más pequeños (menores de tres meses y más aún, menores de un mes), las probabilidades de que una infección sea bacteriana son mucho más altas.  Por eso, un bebé menor de tres meses con fiebre siempre tiene que acudir a Urgencias. También por eso en estas edades hacemos pruebas complementarias, para valorar mejor si se trata de una infección bacteriana y dónde se localiza.

Por ejemplo, tratamos con antibióticos:

- Las infecciones de orina. Realizaremos un cultivo de orina para identificar bien al microorganismo causante.

- Las neumonías.  Aunque existen neumonías víricas, en la mayoría de los casos pautamos antibióticos.

- Algunas otitis. En muchos casos el tratamiento inicial es con antiinflamatorios y sólo si no mejoran se pauta antibiótico. En otros casos (como en bebés muy pequeños), la probabilidad de que necesite antibiótico es alta y lo pautamos de entrada.

- Las anginas bacterianas. Muchas amigdalitis son víricas, pero si sospechamos bacteriana (por la clínica, o tras realizar un test rápido de Streptococo), pautamos antibiótico.

- Las meningitis bacterianas. Las sospechamos por la clínica, pero hacemos también analítica de sangre y punción lumbar para diagnosticarlas.

- Algunos casos muy excepcionales de gastroenteritis producidas por bacterias

- Infecciones menos frecuentes como mastoiditis, artritis sépticas, sepsis…

En los menores de tres meses las probabilidades de que una infección sea bacteriana son mucho más altas. Y además, pueden ser muy graves.

Los efectos adversos de los antibióticos

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Cuando mandamos un antibiótico es porque el niño lo necesita, porque los beneficios superan los riesgo/efectos adversos. Pero, como todos los medicamentos, a veces los antibióticos tienen reacciones adversas. Las más frecuentes son de tipo gastrointestinal: náuseas, vómitos, diarrea o molestias abdominales. Los probióticos podrían prevenir esta diarrea por antibióticos en algunos casos.

Además, el mal uso de antibióticos puede llevar a la aparición de resistencias bacterianas, como veremos a continuación. Las bacterias pueden hacerse “inmunes” a ciertos antibióticos y tendremos que emplear otros.

La importancia de usar bien los antibióticos

Un problema creciente en nuestro medio son las resistencias a los antibióticos. Las bacterias desarrollan diferentes mecanismos para “librarse” de los antibióticos y esto hace que, antibióticos que antes funcionaban para una determinada bacteria, hayan dejado de ser útiles. Tendremos que usar otros y, puede llegar un momento en el que nos encontremos sin antibióticos para combatir determinadas bacterias. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), más de 35000 personas mueren al año en Europa por infecciones resistentes a los antibióticos.

Por ello, es importante que usemos bien los antibióticos. Debemos pautar el más indicado para cada infección y durante el tiempo necesario. Muchas veces hacemos cultivos para identificar la bacteria responsable de la infección y un antibiograma, para ver qué antibióticos funcionan frente a ella, y ajustar el tratamiento lo máximo posible. Como pacientes (o padres de pacientes) no debemos iniciar un tratamiento antibiótico que no nos haya pautado un médico. Cuando nos lo pautan, debemos completar el tratamiento el tiempo que nos hayan indicado, aunque ya hayan mejorado los síntomas.

Resumiendo:

No es que los pediatras no queramos mandar antibióticos; es que tratamos de ponerlos sólo cuando están indicados, y la mayoría de infecciones en niños son víricas. Debemos tener cuidados con los menores de tres meses, y muy especialmente los menores de un mes, pues en estas edades las infecciones sí son bacterianas con mayor frecuencia y, además, pueden ser muy graves.

Cuando estamos ante una infección bacteriana, los pediatras no dudamos en pautar antibióticos y trataremos de hacerlo de la mejor forma posible (eligiendo el mejor antibiótico para cada infección y la duración óptima).

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