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¿Cómo aumento las defensas de mi hijo? Qué funciona y qué no, según la ciencia

¿Cómo aumento las defensas de mi hijo? Qué funciona y qué no, según la ciencia
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Los niños pequeños padecen entre 10 y 12 infecciones en el primer año de guardería, así que no es raro que acudan los padres a nuestra consulta deseando que les recetemos el remedio para "aumentar sus defensas". Y ahora, en plena pandemia de Coronavirus, muchos se preguntan si no podrían, de alguna manera, mejorar las defensas de sus hijos para estar prevenidos.

Pero, ¿qué son en realidad las defensas? ¿Hay algún tratamiento eficaz que pueda aumentarlas? ¿Nos serviría eso en el caso de infectarnos por un virus concreto?

Qué son las defensas

Nuestro sistema inmunológico es el encargado de defendernos frente a las infecciones. Es un sistema muy amplio, que engloba células, tejidos y órganos.

Dentro de la amplia variedad de células tenemos unas "básicas", de primera línea, que actúan frente a cualquier tipo de infección. Y hay otras células más "elaboradas", llamadas linfocitos, que actúan de manera específica frente a un organismo concreto elaborando anticuerpos. Estos anticuperpos permanecen en nuestro sistema, de manera que si vuelve a encontrarse con el mismo organismo, lo eliminarán con mayor rapidez.

¿Cómo sé si mi hijo tiene un problema con sus defensas?

La mayoría de los niños, afortunadamente, tienen unas defensas que funcionan con normalidad. Es frecuente que durante el primer año (o primeros años) de guardería tengan varios episodios de fiebre y unos mocos que parece que no se curan.

Por un lado, están en contacto constante con diferentes virus y bacterias ya que en esas edades los niños lo comparten todo. Por otro, se trata de "bichos" que su sistema inmune aún no ha visto antes y está fabricando defensas.

La mayoría de estas infecciones son víricas, leves y se resuelven en unos días (catarros, gastroenteritis, conjuntivitis...). Los niños siguen creciendo con normalidad y tienen buen estado general.

Si un niño presenta en cambio, infecciones graves que precisan ingreso, tratamiento frecuente con antibióticos y otros síntomas (pérdida de peso, decaimiento...) podemos encontrarnos ante una enfermedad (raras) en la que las defensas no funcionen con normalidad.

¿Hay alguna manera de aumentar las defensas?

¡Sí! Existen dos formas que han demostrado científicamente disminuir las infecciones

  • La lactancia materna. A través de la leche materna pasan anticuerpos y otras células defensivas que ayudan al bebé a defenderse frente a infecciones. Se ha comprobado que los niños amamantados tienen menos infecciones gastrointestinales, otitis media e infecciones respiratorias de vías bajas (entre otras muchas ventajas)

  • Las vacunas. Las vacunas previenen las infecciones frente a las que ha sido diseñadas. Las vacunas contienen cantidades muy pequeñas de virus o bacterias (muertos o atontados) o partes de ellos. Nuestro cuerpo los reconoce como un intruso y genera anticuerpos frente a ellos. De esta manera, si el virus o la bacteria quisiese infectarnos en otra ocasión tendremos los anticuerpos preparados para atacarlo rápidamente. Es decir, las vacunas"enseñan" a nuestro sistema inmune a defenderse frente a determinadas infecciones.

En el mercado hay numerosos productos que dicen mejorar las defensas, ¿funcionan?

defensas

Desde un punto de vista científico, no; no hay evidencia de que los remedios que ponemos a continuación funcionen. Sin embargo, algunos padres refieren que sus hijos enferman menos desde que lo toman y puede deberse al efecto placebo: sabemos que están tomando algo para ese fin y nos parece (subjetivamente), que se ponen menos malos. También sucede a veces que empiezan a tomarlo cuando han transcurrido unos meses e incluso en el segundo año de guardería; y claro, los niños se ponen menos malos porque ya han ido creando defensas frente a muchos microorganismos.

  • Preparados de la planta Echinacea. Son ampliamente utilizados para prevenir y tratar los catarros. Sin embargo, una amplia revisión Cochrane de 2014 concluye que no han mostrado proporcionar beneficios para tratar el resfriado, y, que aunque en algún estudio pueda verse un ligero efecto positivo en cuanto a la prevención, es poco relevante. Además, su administración podría tener efectos adversos.

  • La vitamina C El remedio casero por excelencia para prevenir los catarros no ha demostrado que lo haga. Tampoco parece mejorar los síntomas si la comenzamos a tomar cuando ya estamos resfriados.

  • Jarabes para "subir las defensas". Inmunoglukan, catalogado como complemento alimenticio, dice ayudar al normal funcionamiento del sistema inmune. La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) no encontró suficiente evidencia para demostrar que Inmunoglukna aumenta la inmunidad. Tan sólo existe un único estudio con 175 niños, realizado por el laboratorio que lo comercializa, que concluye que funciona.

  • El propóleo y la jalea real tampoco han demostrado ser eficaces en prevenir y/o tratar los resfriados comunes, y así concluye este reciente estudio.

  • Homeopatía. No hay duda: la homeopatía no funciona. Y no sólo es que no sirva, sino que además puede tener graves efectos adversos.

Y, ¿qué pasa con los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en las cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud. A través de diferentes mecanismos (activar a los macrófagos locales, modular los perfiles de las citocinas...) pueden ofrecer beneficios inmunológicos.

En el campo de la pediatría se han estudiado en relación a múltiples patologías, aunque tan sólo hay evidencia científica para unas pocas. Los probióticos disminuyen la duración y gravedad de las gastroenteritis víricas (sin que deben nunca sustituir a la rehidratación) y también hay evidencia en cuanto a la prevención de la diarrea asociada a antibióticos.

En cuanto a las infecciones respiratorias y gastrointestinales en niños que asisten a guarderías, aunque hay algunos estudios que apuntan a un posible beneficio de su administración a largo plazo, pero son necesarios más estudios para poder recomendarlos.

También podrían tener un papel en la dermatitis atópica. La Organización Mundial de Alergia sugiere el uso de probióticos en las poblaciones de alto riesgo para disminuir el riesgo de eccema. Debemos tener en cuenta que no todos los probióticos son iguales y hay que conocer qué cepa tiene utilidad en cada enfermedad.

¿Es cierta la hipótesis de la higiene?

En los países occidentales hay un número cada vez mayor de niños que sufren asma, alergias y dermatitis atópica. Entre las posibles explicaciones de porqué sucede esto, se encuentra la hipótesis de la higiene: la mayor limpieza origina una menor exposición a virus, bacterias y parásitos, necesarios para ayudar a la función del sistema inmune humano y para desempeñar un papel protector contra alergias.

Strachan fue el primero en hablar de ello en 1989 y después se han aparecido múltiples publicaciones. Se ha visto, por ejemplo, que los niños que crecen en áreas rurales, alrededor de animales y en familias más grandes, desarrollan asma con menos frecuencia, y esto podría ser explicado por la hipótesis de la higiene. Sin embargo, no todo se reduce a "limpiar mucho o no". Hay otros mecanismos implicados y hacen falta más estudios.

Entonces, ¿qué podemos hacer para evitar que nuestros hijos enfermen tanto?

  • Hemos mencionado dos cosas que sí funcionan: la lactancia materna y las vacunas; la lactancia materna disminuye fundamentalmente infecciones respiratorias bajas, gastroenteritis y otitis media; las vacunas les protegen frente a diversas enfermedades graves.

  • También hay evidencia (especialmente en adultos) de que el ejercicio físico moderado reduce el riesgo de infección comparado con aquellos que llevan una vida sedentaria.

  • Aunque parezca sorprendente, el sueño también juega su papel en el sistema inmune. Hay ya numerosos estudios que encuentran relación entre dormir bien y la habilidad del cuerpo para combatir infecciones. Parece que se debe a la producción y liberación durante el sueño de determinadas proteínas que estimulan el sistema inmune.

  • Además, es recomendable que lleven una dieta variada, rica en fruta y verdura.

  • Y aprovecho para recordar, por último, la importancia de las medidas de higiene que nos ayudan a prevenir infecciones: lavado de manos, cubrirnos al toser y/o estornudar, usas pañuelos desechables y evitar, en la medida de lo posible, que compartan chupetes, cubiertos... Otra buena práctica es evitar que los niños acudan al colegio o a la guardería cuando están enfermos.

En Bebés y más | Siete alimentos para reforzar las defensas en de los niños en los días de frío

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