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¿Quieres saber cómo les ha ido el día a tus hijos?

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Ya hace años que empecé a descubrir los “secretos” de la comunicación interpersonal; fue gracias a un psicólogo compañero de trabajo, y a su orientación clínica basada en la resolución de problemas.

Con él me formé en un curso en el que aprendí mucho sobre comunicación no verbal, programación neurolingüistica y técnicas terapéuticas; descubrí a Paul Watzlawick y su “Realidad Inventada” y sentí la pasión por la terapia familiar de quien me guiaba en aquellos aprendizajes.

Desde entonces sé que elaborar preguntas muy abiertas puede dar unos resultados pésimos si lo que queremos es saber del otro; aunque me tengo que sincerar: es difícil de poner en práctica.

Difícil porque cuando entran tus hijos en casa y les preguntas “¿cómo os ha ido hoy la escuela?”, puede que te des por satisfecho con la respuesta (o la inexistencia de ella), o simplemente con haber preguntado.

Pero si de verdad existe un interés en mantener un canal de comunicación fluido, quizás nos tengamos que esforzar más

Y digo esto sabiendo que habrán niños que ¡mira!, les haces esta pregunta y se lanzan a hablar durante minutos, y a contarte “cómo les ha ido”; no los conozco desde luego, pero seguro que los hay.

Otros dirán “bien”, o se sentirán molestos cuándo les repitas exactamente la misma pregunta y te pedirán que les dejes en paz, y habrá incluso quien pase por tu lado obviando tu presencia.

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Preguntas para obtener respuestas

Bueno, lo de que pasen por tu lado como si fueras invisible también puede ser a que hayas escogido un mal momento, o que estén cansados, o hartos de ese profesor que…

Igual que ocurre cuando queremos resaltar aspectos positivos de nuestros hijos (esto lo aprendí más tarde), les expresamos exactamente “qué nos ha gustado”.

Quiero decir, en lugar de “¡qué bien que lo haces todo!” (es una exageración, nadie lo hace todo bien); decimos “me gusta cómo combinas los colores”, “me siento orgullosa de tu determinación”, “seguro que eres el más rápido de la clase haciendo deberes, y estás contento de que te quede tanto tiempo libre”, etc…

Lo decimos así porque también nos gustaría que los demás se fijaran en nuestros detalles

Con la comunicación pasa algo parecido: “¿Cómo os ha ido?”, “bien” (con desgana)… y el padre o madre piensan “que suerte que siempre les vaya todo bien”. Pero no es así, porque cuando enuncian “bien”, te quedas con las ganas de saber más, porque la respuesta dice poco (o nada).

¿Qué preguntar?

A mí no me lo preguntéis, vosotros sabréis las inquietudes de vuestros hijos, los sueños, sus dificultades, sus preocupaciones.

Si lo sabéis, las preguntas deben ir encaminadas hacia esos temas clave, el cómo lo aclaramos después; pero como aperitivo si preguntas “¿Qué es lo mejor que te ha pasado? ¿y lo peor?”, probablemente obtendrás respuestas más satisfactorias que insistiendo en "¿qué tal la mañana?".

No interrogues

Si formular preguntas muy abiertas es un error, “interrogar” también. ¿Que no interrogamos los padres? ¡anda que no! “¿Cómo te ha ido hoy?”, “¿es que no me lo quieres decir?”, “Venga, que soy tu padre”, “Me dijiste antes que me lo contarías más tarde”…

Esto se debe fundamentalmente a que no sabemos manejar bien los silencios en la comunicación (con lo enriquecedores que son), pero conseguimos efectos contrarios a los esperados: más silencios, malhumor, respuestas agresivas o evasivas, etc.

Con un poco de paciencia se disfruta de los silencios y se reconocen las respuestas no verbales de nuestros hijos, que a su vez nos darán pistas sobre cómo se sienten, o qué quieren de nosotros.

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Algunos ejemplos

No os voy a mentir, algunas de las propuestas de la bloguera liz Evans, las pongo en práctica a menudo; pero reconozco que es muy creativa, y ¿por qué no admitirlo? nos hace un favor a todos.

En un post publicado en The Huffington Post, y titulado 25 formas de preguntar a tus hijos '¿cómo ha ido el día en el cole?’. Nos deleita con diversas fórmulas que nos pueden funcionar (si no unas, las otras).

Leedlo vosotros mismos y juzgad, o ponedlo en práctica. También hace falta creerse que funciona, y tener muy buen humor con las posibles respuestas.

Al preguntar: "¿quién tu compañero más popular?", "¿con quién te has divertido más"?, "¿qué te gustaría aprender?", "¿qué palabra te gustaría que dejara de repetirte el profesor?"... realmente llegas a conocer un poco más la vida de tu hijo (esa en la que no estás presente), y muestras un interés evidente por los niños. En función de lo que quieras saber, de lo que creas que te quieren contar los niños, debes orientar las cuestiones.

Por último, otra habilidad básica de la Comunicación, es saber escuchar a los hijos (a cualquier edad). Y escuchar es tener paciencia, aceptar las respuestas (sí, también cuando tienen más de 10) sin juzgar, empatizando… e identificar qué es lo que nos quieren decir, y qué querrían de nosotros.

Digo esto último porque a veces tras entrever la angustia en su cara, conseguimos que nos digan que “desde que ha empezado el curso” sus compañeros de mesa le quitan los rotuladores.

Si le vamos a decir “¡ala, qué exagerado, hoy te llevo a tomar un helado y verás como se te pasa!”, el niño se sentirá incomprendido y creerá que no te importa (además de que no, no se le pasará). ¿Te importa? entonces atiende sus demandas o dale herramientas de solución para que las practique.

Imágenes | Lars Plougmann, Michael Coghlan, Tim Griffin.

Vía | Huffington Post (traducido por Marina Velasco).

En Peques y Más | Acercate a tus hijos para hablar con ellos: mejorarás vuestra comunicación

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