Hay frases que, más de un siglo después, siguen dando que hablar, y una de ellas es la que Oscar Wilde puso en boca de uno de sus personajes más famosos para negar rotundamente que pueda existir la amistad entre un hombre y una mujer.
Una frase que hay que poner en contexto
“Entre hombres y mujeres no hay amistad posible. Hay pasión, enemistad, adoración, amor, pero no amistad”. La frase aparece en el segundo acto de ‘El abanico de Lady Windermere’, una de sus primeras comedias de éxito, estrenada en el St James’s Theatre de Londres en febrero de 1892.
Eso sí, la frase conviene leerla en su contexto, porque no la dice el autor sino Lord Darlington, y se la dice a Lady Windermere en plena crisis, cuando ella le pide que sea su amigo. Tras responderle con esta frase, él le confiesa que la quiere, de modo que más que una reflexión sobre los vínculos entre hombres y mujeres es la excusa de un hombre enamorado que no se conforma simplemente con el papel de amigo.
Aun así, la frase resume muy bien el estilo de Wilde, aficionado a las afirmaciones rotundas y provocadoras. Sus obras retrataban las relaciones, los modales y las apariencias de la sociedad victoriana con diálogos afilados y mucho humor, y esa mezcla de ingenio y crítica es la que ha mantenido vivas muchas de sus citas.
Wilde fue preso por “indecencia grave”
Wilde nació en Dublín el 16 de octubre de 1854 en una familia muy ligada a la cultura, ya que su padre, William Wilde, era cirujano y escritor, y su madre, Jane Francesca Wilde, era poetiza. Estudió en el Trinity College de Dublín y después en el Magdalen College de Oxford, donde se acercó al esteticismo, el movimiento que defendía el arte por el arte, y ya instalado en Londres publicó su primer libro de poemas en 1881, al que siguieron ‘El príncipe feliz y otros cuentos’ y ‘El retrato de Dorian Gray’, su única novela.
Sin embargo, fue el teatro el que lo consagró. Tras ‘El abanico de Lady Windermere’ llegaron ‘Una mujer sin importancia’, ‘Un marido ideal’ y ‘La importancia de llamarse Ernesto’, hasta que su relación romántica con Lord Alfred Douglas lo llevó a los tribunales y en 1895 fue condenado a dos años de cárcel por “indecencia grave”, condena que cumplió en su mayor parte en la prisión de Reading. De aquella experiencia nació ‘La balada de la cárcel de Reading’, que publicó en 1898 con el seudónimo C. 3. 3., su número de celda. Al salir se instaló en Francia y murió en París el 30 de noviembre de 1900, a causa de una meningitis aguda.
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