Ser madre de una familia súper numerosa implica estar siempre alerta a las necesidades de cada uno. Desayunos multitudinarios y una agenda sin respiro es la norma en la casa de Ana Iglesias y Jesús García, padres de diez hijos.
Ana, que tiene 43 años, nunca imaginó llegar hasta aquí. Tanto ella como su marido vienen de familias pequeñas, se conocieron trabajando en Madrid y la familia fue creciendo casi sin que se dieran cuenta, hasta convertirse en una forma de vida elegida y no en una carga.
La familia comparte buena parte de su vida en redes sociales bajo el nombre de Unalocuradefamilia, y es precisamente por eso que se han acostumbrado a recibir opiniones de desconocidos que se creen con derecho a juzgar cómo viven.
“Eres una irresponsable”
Con la exposición en redes llegaron miles de seguidores, pero también las críticas, y Ana habló de ellas sin rodeos en una entrevista con El Español en agosto de 2025, cuando todavía tenía nueve hijos y estaba embarazada de la décima. “La gente critica mucho en las redes sociales. Me dicen cosas como ‘eres una irresponsable’ o ‘cuida tu salud mental’”, explicaba, convencida de que quienes opinan no saben cómo funciona su casa ni la relación que hay entre todos ellos. Su respuesta, en cambio, es sencilla: “Yo disfruto viendo crecer a mis hijos”.
Lo que más le llama la atención es la doble vara de medir con la que se juzga a las familias numerosas, mientras se acepta con total normalidad que alguien dedique tiempo y dinero a sus animales. “Parece que está mejor visto tener mascotas que tener hijos”, lamentaba. Eso sí, no pretende convencer a nadie de que tenga diez hijos, solo pide que no se la juzgue por haberlo decidido, y asegura que en ese camino siempre ha contado con el apoyo de su marido: “Él siempre me ha apoyado mucho”.
Dos minibuses, una habitación para cinco y ropa heredada
Inevitablemente, una familia de doce personas obliga a hacer muchos números. Ana ha contado en distintas ocasiones que su gasto medio ronda los 9.000 euros al mes, mientras Jesús trabaja en el sector bancario y ella ha emprendido en el mundo de la puericultura y genera contenido en redes. Insiste además en que no tuvieron hijos para cobrar ayudas, aunque como familia numerosa tengan acceso a algunas ventajas, y gran parte del ahorro llega de reutilizar todo lo posible, porque la ropa, los juguetes, los libros y las bicicletas pasan de un hermano a otro.
Moverse tampoco es sencillo, y como un coche de siete plazas se les quedó pequeño hace tiempo, utilizan dos minibuses. En casa, cada metro cuenta y las habitaciones se han ido reorganizando a medida que llegaban los hijos, de modo que los cinco pequeños duermen en una misma habitación y los cinco mayores tienen sus propios espacios. Para que todo funcione, cada uno tiene sus responsabilidades y los mayores echan una mano con los pequeños, porque con diez niños es imposible que todo recaiga en los padres.
La décima, y la última
Con la llegada de la más pequeña, Daniela, Ana parece haber cerrado una etapa que empezó con el nacimiento de su hijo mayor. La benjamina crece ahora rodeada de nueve hermanos, en una casa ruidosa, con horarios imposibles y comidas multitudinarias, una vida que su madre disfruta y que es, en el fondo, la mejor respuesta a quienes le preguntan por qué alguien querría tener diez hijos. Al principio pensaba tener solo dos, y aunque reconoce que su instinto maternal no se ha apagado, ya en agosto de 2025 lo tenía bastante claro: “No creo que tengamos más hijos”.
Fotos | @unalocuradefamilia
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