Rafa Guerrero, psicólogo: "Un adolescente de 15 años con TDAH puede tener un cerebro de un niño de sexto de primaria"

El experto explica que el trastorno no tiene que ver con la inteligencia, sino con la velocidad a la que madura el cerebro

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Aprender a concentrarse o a controlar los impulsos ya es todo un reto durante la infancia y la adolescencia, y cuando un niño tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ese camino exige un esfuerzo extra, tanto a él como a sus padres y profesores. Para ayudar a entender qué pasa en esas edades, el psicólogo Rafa Guerrero, doctor en Educación y autor del libro 'Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad', compartió en sus redes sociales una explicación muy sencilla tras una conversación con varias compañeras de profesión, según recoge ABC Sevilla.

En ese mensaje, Guerrero aclara una de las dudas que más se repiten en las familias, porque el TDAH no tiene nada que ver con la inteligencia ni significa que el niño sea vago o menos listo que sus compañeros. Lo que ocurre, explica, es que su cerebro gestiona la atención, la inquietud y la conducta a otro ritmo.

Un freno de mano y un wifi más lento

Para que se entienda sin complicaciones, el psicólogo recurre a dos imágenes muy gráficas. La primera es la de un coche que circula con el freno de mano echado, porque a estos niños les cuesta mucho más organizar sus propias fuerzas, no porque no quieran hacer los deberes o atender en clase, sino porque esas tareas les suponen un desgaste mucho mayor que al resto.

La segunda es la de una conexión wifi más lenta. La capacidad de aprender está intacta, pero la red que se encarga de frenar los impulsos y mantener la atención necesita más tiempo para procesar lo que pasa alrededor, y eso explica por qué se despistan con facilidad en las tareas largas y aburridas o por qué a veces actúan sin pararse a pensar en las consecuencias.

Un cerebro que madura más despacio

El dato que más llama la atención de su explicación tiene que ver con el tiempo que tarda el cerebro en completar cada etapa. Según Guerrero, en el TDAH hay un retraso en la maduración que puede llegar a ser de un tercio respecto al desarrollo habitual, y de ahí su ejemplo: "Un adolescente de 15 años que tiene TDAH puede llegar a tener la conectividad cerebral de un niño de 10 años que está en quinto o sexto de primaria".

Esa idea de un cerebro que madura con retraso tiene respaldo científico. Un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, publicado en la revista 'PNAS' con 446 niños y jóvenes, comprobó que la mitad de la corteza cerebral alcanzaba su grosor máximo a los 10,5 años de media en quienes tenían TDAH, frente a los 7,5 años del grupo de comparación, y los investigadores concluyeron que el cerebro madura con un patrón normal, aunque con unos tres años de retraso en algunas regiones. En la zona prefrontal media, clave para la atención y la planificación, la diferencia llegaba a unos cinco años.

Cómo ayudar en casa y en clase

Tener claro que cada niño lleva su propio ritmo ayuda a evitar discusiones y a quitar ese sentimiento de culpa que arrastran muchos padres, porque adaptar lo que se le pide al momento en el que está de verdad hace más fácil la convivencia y los estudios. Entre las pautas prácticas, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan que las tareas no sean largas ni repetitivas, usar herramientas de organización como una carpeta de deberes, avisar con antelación de los cambios de rutina y dejar que se levanten y se muevan de vez en cuando. Y ante cualquier duda, lo mejor es consultar con el pediatra o con profesionales de la psicología.

Foto | Magnific

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