Que los abuelos son una pieza importante en la vida de muchos niños es algo que cualquier familia que cuenta con ellos sabe de sobra, pero el psicólogo clínico Kenneth Barish va un paso más allá y sostiene que esa relación es también una de las mejores defensas frente a los problemas emocionales en la infancia y la adolescencia.
Profesor de Psicología Clínica en Weill Cornell Medicine y con cuatro décadas de experiencia como terapeuta infantil, lo explica en su libro 'The art and science of parenting and grandparenting', sobre el que ha hablado en una entrevista con El Periódico.
Un beneficio que va en ambas direcciones
Para respaldar su idea, Barish se apoya en el trabajo de Dan Buettner, el autor de Blue Zones, que ha estudiado los lugares del mundo donde la gente vive más años. Según explica, en esas comunidades la presencia de los abuelos se asocia a una mayor esperanza de vida tanto de ellos como de sus nietos, y los niños tienen tasas más bajas de mortalidad y enfermedad, porque los mayores transmiten tradiciones, ayudan económicamente y echan una mano a los padres con la crianza.
Lo interesante es que el beneficio no es solo para los pequeños. Estar con los nietos ayuda a los abuelos a mantenerse más activos físicamente, a sentirse menos solos y menos deprimidos e incluso puede mejorar sus capacidades cognitivas, según el psicólogo, que lo resume así: "Los abuelos son más felices, presentan niveles más elevados de dopamina y oxitocina, tienen un mayor sentido de propósito y disfrutan de una longevidad mayor".
Niños que no tienen con quién hablar
Uno de los mensajes centrales del libro es que los niños y adolescentes necesitan a alguien con quien hablar, y Barish cree que hoy muchos no lo tienen. Recuerda que en torno al 40% de los estudiantes de secundaria de Estados Unidos dice sentir tristeza o desesperanza de forma persistente, una cifra que coincide con la última encuesta de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, que en 2023 la situaba en el 40%, frente al 30% de 2013. A eso se suma su experiencia en consulta: "Muchos adolescentes con ansiedad o depresión sienten que no tienen a nadie con quien hablar. Por distintos motivos, los padres suelen mostrarse enfadados y críticos, o bien estresados, preocupados y emocionalmente distantes".
Ahí es donde entra la escucha, que para el psicólogo funciona casi como una vacuna. No se puede, y quizá tampoco se debería, evitar que los niños pasen por sentimientos dolorosos como la ansiedad, la exclusión, la soledad o la inseguridad, pero sí se les puede ayudar a recuperarse antes.
Jugar, escuchar y no castigar tanto
El juego es la otra gran herramienta, porque activa los circuitos cerebrales relacionados con el interés, la curiosidad y la exploración, y es también la forma en que los niños aprenden a gestionar la frustración y a adaptarse a los demás. Además, según Barish, los niños con los que se juega a menudo colaboran más cuando llega el momento de dejar el juego o de hacer algo que no les apetece. Eso sí, no todos los abuelos saben relacionarse con sus nietos de forma alegre y positiva, sobre todo si les falta energía o tienen un estilo educativo muy crítico o rígido, aunque el psicólogo cree que muchas veces no es falta de habilidad, sino que no son conscientes de lo importantes que son para ellos, y que cuando se dan cuenta la relación mejora.
Para los conflictos del día a día propone la llamada resolución colaborativa de problemas, un método en el que el elogio, el reconocimiento y escuchar la solución que plantea el propio niño tienen un peso especial, y que en su opinión funciona mucho mejor que los premios y castigos a los que recurren muchos terapeutas y familias. También insiste en enseñar a los niños a esperar y a tener en cuenta los sentimientos de los demás, algo que cree que en Europa quizá se hace más que en su país: "En Estados Unidos, las comunidades se han debilitado y nos hemos convertido en una sociedad que valora los logros individuales por encima de todo".
Foto | Drazen Zigic - Magnific y Kenneth Barish
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