Nazareth Olivera, matrona, sobre la diabetes gestacional: "No son pocos los casos en los que los bebés dejan de crecer porque las mujeres están muertas de hambre"

La matrona y autora de 'Ser mamá con diabetes gestacional' critica las dietas hipocalóricas y la culpa con la que muchas embarazadas viven el diagnóstico

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La diabetes gestacional afecta a entre el 6% y el 12% de los embarazos, según el protocolo de BCNatal, y es un diagnóstico que la embarazada suele vivir con un gran sentimiento de culpa. Pero para la matrona Nazareth Olivera, en redes sociales @comadronaenlaola, lo primero que hay que dejar claro a esas mujeres es una idea muy sencilla: “La diabetes gestacional no es culpa de la mujer”.

En una entrevista con ¡HOLA! a raíz de su libro ‘Ser mamá con diabetes gestacional’, explica que en su consulta se ha encontrado con muchas embarazadas que recibieron el diagnóstico sin que nadie les explicara qué les pasaba ni por qué. “Mujeres que no entendían lo que es, lo que supone y solo sienten que hacen daño a su bebé”, resume. 

Por eso cree que hace falta explicar bien qué es, por qué aparece y cómo se va a trabajar a partir de ese momento, y hablar de los riesgos como lo que son, probabilidades, sin dramatizarlos.

Comer bien, no pasar hambre

La crítica más dura de Olivera va contra las dietas que se reparten en muchos centros, porque, según explica, se confunde controlar la glucosa con comer menos. A una embarazada con diabetes gestacional se le entrega a veces una dieta hipocalórica cuando está gestando a un bebé que necesita proteínas, grasas, vitaminas, minerales y energía, y de ahí sale la frase del titular, la de los bebés que dejan de crecer porque sus madres están “muertas de hambre”. “Regañar, culpabilizar o hacer pasar hambre a una mujer tiene una eficacia de cero en mejorar la salud”, insiste.

Las guías van en esa línea. El protocolo de BCNatal recomienda una dieta normocalórica, de entre 2.000 y 2.200 calorías al día para la mayoría de mujeres, con un mínimo de 175 gramos de hidratos de carbono, repartida en tres comidas y varios tentempiés y sin saltarse ninguna.

Dormir, descansar y bajar el estrés

Para la matrona, la glucosa no depende solo del plato. “La falta de sueño y descanso es un factor predisponente a la resistencia a la insulina”, explica, y cuenta que cuando una mujer duerme mal, su cuerpo sigue en modo estrés al día siguiente y eso puede subirle el azúcar tanto como una comida. Por eso, antes de tocar la dieta, propone preguntar cómo se encuentra la embarazada, cuánta energía tiene, cómo descansa, si puede moverse y a qué horas come.

También cree que la relación con los profesionales tiene que cambiar. “La relación paciente-profesional no debe ser de autoridad-sumisión, debe ser horizontal, de trabajo en equipo”, defiende, porque cuando la mujer entiende lo que le pasa y participa en las decisiones, se implica mucho más. Y el resultado compensa: “Con un buen trabajo en equipo, los riesgos se minimizan”, asegura, y según ella, una diabetes gestacional bien controlada tiene resultados muy parecidos a los de un embarazo sin ella.

La prueba del azúcar y el parto

Olivera tampoco se muestra muy partidaria del test de O’Sullivan, la famosa prueba del azúcar, que a algunas embarazadas les provoca mareos, bajadas de azúcar y malestar durante uno o dos días. Cuenta casos de mujeres que han tenido que repetir la prueba de la curva larga hasta cinco veces en un mismo embarazo, y cree que “se podría evitar la sobrecarga oral en primer trimestre a la mayoría de mujeres”, sustituyéndola por analíticas de sangre como la glucosa en ayunas o la hemoglobina glicosilada y, después, por el control de la glucosa en el día a día con glucómetro o sensor.

En este punto hay que saber que el cribado lo marca cada hospital. En el protocolo de BCNatal, por ejemplo, el O’Sullivan en el primer trimestre se reserva a mujeres de alto riesgo (mayores de 40 años, con un índice de masa corporal de 35 o más o con diabetes gestacional en un embarazo anterior), al resto se le hace primero una glucosa en ayunas, y la prueba se repite para todas entre las semanas 24 y 28.

La matrona también cree que muchos protocolos de parto están desfasados, como los que ponen sueros de glucosa e insulina a todas las mujeres aunque no lo necesiten. “El parto se convierte en un proceso medicalizado de base sin que siempre sea necesario”, lamenta. Y pide que, tras el nacimiento, se explique a la madre por qué se controla la glucosa del bebé durante las primeras horas, sin hacerla sentir culpable si el pequeño tiene una bajada de azúcar.

Foto | gpointstudio (Magnific) y @comadronaenlaola


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