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Ante la muerte de un ser querido, debemos saber prestar ayuda a nuestros hijos

Ante la muerte de un ser querido, debemos saber prestar ayuda a nuestros hijos
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Ya hemos hablado anteriormente de la ayuda que podemos prestar a los niños cuando fallece un familiar, pero hoy lo vamos a hacer compartiendo un artículo de la Asociación Española de Pediatría en su sección informativa En Familia.

Los papás y las mamás tenemos tendencia a proteger a los niños, y ello incluye “alejarlos” incluso de sus propias emociones, pero estoy convencida de que al permitir a los pequeños expresar su dolor, estamos favoreciendo que el “tránsito” por esta experiencia sea saludable y les dé un poco de estabilidad. Por otra parte no olvidemos que los niños necesitan comunicación también sobre este tema, por lo cual siempre seremos sinceros y les escucharemos.

Desde la AEPED nos cuentan cómo evoluciona la idea de muerte en el niño, y también nos ofrecen recomendaciones, por otra parte dan algunas pistas sobre “cuándo conviene incrementar la vigilancia” en un niño cuyo familiar ha muerto. La muerte forma parte de la vida, pero la mantenemos alejada. La muerte real no está presente en la vida del niño. El niño es testigo de la muerte ficticia, en películas o series televisivas. Pero la muerte real sigue alejada de la vida familiar; oculta en los hospitales y en los tanatorios.

Es impresionante leer este párrafo y darnos cuenta de que resulta completamente cierto: la muerte se ha alejado de la vida cotidiana, y sin embargo sigue formando parte del ciclo vital de las personas, ¿por qué alejar un hecho tan natural? ¿por qué no permitimos que los niños se enfrenten a la vivencia de este hecho cuando ocurre en nuestro entorno inmediato”

Recomendaciones dirigidas a facilitar la vivencia de esta experiencia en niños:

  • Hacer cambios mínimos en el ambiente, las relaciones y las actividades diarias del niño.

  • Una persona adulta debe atender, con sensibilidad, las necesidades diarias del niño.

  • Es bueno compartir con el niño, abiertamente, la tristeza y los recuerdos, animándole a hablar sobre la persona fallecida.

  • Más que evitar la tristeza en el niño, debe proporcionársele apoyo en esta situación.

  • Es importante que los padres afligidos dejen pasar un tiempo prudencial antes de tomar decisiones vitales que puedan afectar a sus hijos.

  • El proceso de duelo requiere una mayor observación durante el primer año: entrevistas con los cuidadores o maestros, observación de la conducta y del desarrollo, observación del juego… Es importante prepararse para las posibles reacciones en los aniversarios.

La muerte de un familiar sumerge al niño en una confusión, y le llena de temores sobre los cuidados que recibirá en el futuro. Los padres deben conocer las reacciones normales de los niños ante la muerte de un ser querido, así como de las señales que indican que el niño está teniendo dificultad para hacer frente a la pena

¿Dejaríais asistir a vuestros hijos al funeral por el fallecimiento de un ser querido? ¿les permitiríais observar a la persona muerta en el tanatorio? A continuación comparto con vosotros las consideraciones de la AEPED.

¿Debe acudir el niño al funeral?

No debe obligarse al niño a ir al funeral de un ser querido. Pero es bueno facilitar que el niño pueda honrar o recordar a la persona de alguna manera y según las costumbres familiares y sociales (encender una velita, rezar una plegaria, preparar un álbum de recortes, revisar las fotografías o el contar una historia). Los niños necesitan expresar su pérdida y pena como ellos crean.

A partir de los 6–7 años, se puede tener en consideración la opinión del niño a la hora de acudir al funeral. Pero si va, es imprescindible que haya una persona que le dé todo el apoyo y que tenga la posibilidad de abandonar el lugar si la experiencia resulta demasiado dura para el niño.

Entre las manifestaciones de pena y según la edad de los niños, encontramos reacciones de ira completamente normales (sobre todo cuando la persona que ha muerto era esencial en la vida del niño). Esta ira podría manifestarse en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad o enojo hacia los miembros de la familia. Cuando estos problemas persisten en el tiempo, más allá de los seis primeros meses, o se manifiestan con gran intensidad, puede ser útil la atención por parte del psiquiatra infantil o de otro profesional de la salud mental

Debemos prestar atención porque,

Existen unos factores que pueden incrementar las reacciones de duelo:

  • La pérdida del ser querido tiene lugar en la etapa preescolar o en el inicio de la adolescencia.

  • Existen problemas previos, emocionales o de conducta.

  • Existen dificultades relacionales, antes de la muerte, con la persona que muere.

  • El progenitor superviviente tiene dificultades emocionales.

  • Faltan apoyos familiares o comunitarios.

  • Las atenciones que recibe el niño son inestables e inconstantes.

  • El fallecimiento ha sido inesperado o violento (suicidio, homicidio). Mantener en lo posible los vínculos afectivos con abuelos, primos, tíos, etc. de ambas partes.

Como veis se trata sobre todo de utilizar el sentido común y de prestar mucha atención a las emociones de los niños, no olvidemos prestar un apoyo continuado y hablar con ellos sobre este tema. La muerte es natural, pero no por ello dejamos de estar tristes ante el fallecimiento de un ser querido.

Imagen | creatingkoan Fuente | AEPED, En Familia En Peques y Más | Como debemos actuar con nuestros hijos ante la pérdida de un ser querido, El tratamiento de la comunicación familiar acerca de un tema tabú: "la muerte"

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