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Un niño de siete años expulsa una pieza de Lego dos años después de habérsela 'tragado' por su nariz

Un niño de siete años expulsa una pieza de Lego dos años después de habérsela 'tragado' por su nariz
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Cierto es que no podemos dejar a los niños pequeños con juguetes que contengan piezas pequeñas. Por desgracia, los problemas de asfixia son numerosos. Pero también pueden ocurrir otros accidentes igual de peligrosos como este y que nos han demostrado que los ladrillos de Lego, con las que tanto nos divertimos y aprendemos, también pueden ser peligrosas.

Si no, que se lo digan a Sameer Anwar, que cuando tenía cinco años metió una pequeña pieza de Lego en su nariz. Se lo contó a sus padres y le llevaron al médico, que fue incapaz de encontrarla. Ahora, dos años después, olvidado el suceso, la pieza salió de su nariz al oler una magdalena.

Es decir, el pequeño ha vivido dos años con el peligro de tener una pieza de plástico alojada en su cabeza: un accidente que podía haberle costado la vida.

El Lego nunca ha provocado molestias al niño

Pieza Lego Foto: la pieza perdida, cedida por Mudassir Anwar

Cuenta su padre, el doctor Mudassir Anwar, de Dunedin (una localidad al sur de Nueva Zelanda), que su hijo "un día nos dijo que había introducido un pequeño Lego. Hicimos todo lo posible para extraerla, pero no salió nada".

Así que acudieron a un médico para que buscara la pieza desaparecida en la nariz del pequeño. Pero no encontró nada, así que explicó a sus padres que podía ser que hubiera pasado ya a su sistema digestivo, donde se procesaría de forma natural, o que posiblemente nunca hubiera estado en la nariz.

Así explicaba lo sucedido el padre de Sameer al New Zealand Herald, admitiendo que su hijo es "bastante juguetón y travieso". De hecho, el niño ha admitido que lo hizo a propósito, aunque no preveía que se quedara allí tanto tiempo como lo hizo: "Me asusté y me sorprendí".

Es más. No es la primera vez que Sameer se mete algo en la nariz, como la perla de imitación que se introdujo a los tres años, aunque entonces su padre pudo extraerla.

Sameer ha continuado con su vida desde entonces y "nunca se ha quejado de nada", por lo que la familia al completo llegó a olvidar el incidente.

Hasta que ocurrió lo inimaginable: el niño se inclinó para oler un plato de magdalenas y comenzó a sentir dolor en la nariz. Su madre le ayudó a sonarse, con la esperanza de limpiarle bien los orificios nasales de migas, cuando en su lugar salió un pequeño trozo negro que parecía parte del brazo de un personaje de Lego, cubierto de hongos. "Es increíble".

La pieza de Lego es un ejemplo de las cosas tan inverosímiles que se pierden en las fosas nasales de los niños: pequeños trozos de comida, palomitas de maíz, guisantes, arándanos, uvas...

Qué hacer si nuestro hijo se mete algo en la nariz

Este accidente o "trastada" inconsciente de un niño pequeño nos recuerda la importancia de vigilar siempre a nuestros hijos y no dejar objetos pequeños a su alcance que puedan tragarse o meter por la nariz. A la mayoría de los padres les preocupa que un objeto en la nariz pueda llegar hasta el cerebro, pero no existe comunicación de las fosas nasales con el cerebro, hasta donde si puede llegar es a la garganta y asfixiarles.

Si nos encontramos con el problema en casa, podemos intentar sacar el objeto si vemos la punta o está muy cerca del orificio de la fosa nasal. Se puede tapar la fosa contraria a la que está el objeto y pedirle al niño que sople muy fuerte varias veces a ver si el objeto sale.

Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) advierten que "nunca se debe intentar extraer con pinzas, por el peligro de empujar el cuerpo extraño hacía la zona posterior de la fosa y provocar una aspiración". Lo más aconsejable es acudir a urgencias.

Los pediatras también confirman que "la presencia de cuerpos extraños en la vía respiratoria superior y en el oído constituyen un motivo frecuente de consulta urgente en pediatría", y que es muy importante su diagnóstico precoz para evitar complicaciones.

Foto portada | Markus Spiske en Pixabay

Vía | New Zealand Herald

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