Ayuda a tu hijo a tomar sus propias decisiones con esta técnica

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Es importante y muy beneficioso para los niños fomentar su autonomía desde que son pequeños, así como la toma de sus propias decisiones. Con ello contribuimos al desarrollo de su personalidad y a la creación de una autoestima sana.

Cuando nuestros hijos son pequeños, también es posible darles la oportunidad de manifestar su opinión mediante opciones limitadas. Este recurso muy útil para los padres y positivo para los niños. ¡Te contamos por qué y cómo llevarlo a cabo!

Beneficios de dar a los niños opciones limitadas

opciones limitdas

Como hemos comentado en otras ocasiones, el cerebro del niño pequeño es puramente emocional, lo que significa que es todavía inmaduro para razonar (al menos como lo hacemos los adultos), entender el concepto del tiempo o dominar sus emociones. Es por ello que los niños estallan en rabietas con tanta facilidad cuando se frustran o cuando algo no sale como esperaban.

Para ayudar a los más pequeños en su proceso de maduración -además de favorecer su desarrollo en diversas áreas y facilitarnos la crianza a los padres-, es muy positivo ofrecerles opciones limitadas siempre que sea posible.

Esto significa que ante una determinada situación el adulto ofrecerá al niño un abanico de posibilidades para que decida lo que quiere hacer, siempre teniendo en cuenta una serie de normas que después analizaremos.

Cuando damos al niño la oportunidad de elegir entre varias opciones planteadas, estamos favoreciendo los siguientes aspectos:

Autonomía

En demasiadas ocasiones los adultos acabamos haciendo las cosas por los niños, bien sea porque no tenemos paciencia ni tiempo para respetar sus ritmos o porque les vemos incapaces de hacer las cosas por sí mismos.

Cuando fomentamos la toma de decisiones estamos favoreciendo también la autonomía e independencia del niño, cualidades imprescindibles para la vida.

Desarrollo cognitivo

Cuando presentamos al niño un abanico de opciones y debe elegir entre una de ellas estamos favoreciendo su desarrollo cognitivo pues le "obligamos" a pensar, a sopesar las diferentes alternativas, a valorar pros y contras y finalmente a elegir aquella que mejor considere.

Pensamiento crítico

Los padres y educadores debemos enseñar a nuestros hijos a pensar, y una de las formas más importantes de hacerlo es fomentando su pensamiento crítico, el que nos permite cuestionar, evaluar y analizar la información que se nos proporciona.

Si el niño solo recibe órdenes que debe acatar, en ningún momento le estamos dando la oportunidad de tomar decisiones y hacerse responsable de  ellas.

Colaboración y responsabilidad

Ya lo hemos hablado en otras ocasiones: los niños aceptan mejor los límites cuando colaboran en ellos; es decir, cuando les damos la oportunidad de implicarse y tomar decisiones que les afectan.

Porque cuando los niños sienten que su opinión es escuchada, se muestran más predispuestos a colaborar y a responsabilizarse de sus errores.

Felicidad y autoestima

Cuando damos al niño la oportunidad de elegir, confiamos en su criterio y respetamos su decisión crecerá feliz, seguro de sí mismo y con una sana autoestima.

Le estamos preparando para la vida

Todos los padres deseamos que nuestros hijos se conviertan en adultos independientes, autónomos, responsables, seguros y con criterio para decidir por sí mismos.

Ahora bien, ¿cómo vamos a conseguir que nuestros hijos desarrollen estas habilidades si no las fomentamos desde su más tierna infancia?

¿Cómo ofrecer opciones limitadas a los niños?

Ahora bien, cuando hablamos de ofrecer a los niños opciones limitadas, ¿significa esto que van a poder hacer lo que quieran o decidir sobre cualquier tema?

Para empezar, es importante tener claro que hay ciertas normas innegociables que los padres debemos poner y los niños deben acatar. Nos referimos a normas que tienen que ver con su seguridad y la de los demás, así como otras decisiones que no pueden tomar por falta de capacidad e inmadurez.

Tal sería el caso de decisiones que afecten a su nutrición, a su correcto descanso, ir o no ir al colegio, su seguridad en carretera o decisiones que perjudiquen de algún modo a los demás, por poner solo algunos ejemplos.

Por otro lado, a la hora de ofrecer opciones limitadas hemos de ser muy cautos con la forma de plantearlo, y tener en cuenta una serie de requisitos:

  • La edad del niño: las opciones que presentemos al niño deben ser adecuadas a su edad, madurez y entendimiento.
  • Número de opciones limitado: cuanto más pequeño sea el niño, más limitado debe ser el abanico de opciones. Para niños de entre dos y cuatro años bastaría con ofrecer un par de opciones a elegir.
  • El adulto debe aceptar la decisión del niño: cuando planteamos opciones debemos estar dispuestos a acatar la decisión del niño. Por eso, antes de presentar a nuestro hijo las posibles alternativas que tiene, hemos de reflexionar las consecuencias que puede acarrear una u otra decisión.
  • Las opciones que presentemos al niño deben ser respetuosas con él y con los demás

Ejemplos prácticos

- Si el niño no quiere vestirse por la mañana, siempre vamos con prisas y su negativa nos hace entrar en una lucha de poder, ofrezcámosle opciones limitadas: "¿Quieres ponerte la camiseta de color rojo o la de rayas?"

- Si el momento de meterse en el baño se convierte en una pelea, podemos darle la oportunidad de elegir cuándo hacerlo: "Toca bañarse. ¿Prefieres hacerlo ahora o antes de cenar?"

- Podemos favorecer que los niños se impliquen en el menú familiar y acepten de mejor grado ciertas comidas dándoles la opción de elegir los platos que prefieren: "Mañana comeremos legumbres: ¿prefieres que haga lentejas o garbanzos?"

- Si el momento de abandonar el parque provoca una rabieta, podemos decir a nuestro hijo: "Tenemos que irnos a casa. Elige si quieres tirarte por el tobogán una última vez o dar una última vuelta en tu bicicleta".

- Si al niño le cuesta irse a dormir, en lugar de iniciar una discusión podemos proponerle: "Es hora de dormir. Elige si antes de irte a la cama quieres que te lea un cuento o te cante una canción".

¿Y si no acepta ninguna de las opciones?

En la mayoría de los casos los niños van a aceptar de buen grado la decisión tomada al sentirse partícipes de ella. Pero si no es así, podrían suceder dos cosas:

1) Que nuestro hijo nos plantee una alternativa nueva (es decir, una opción que no le hayamos ofrecido nosotros) que nos convenza y no exista inconveniente en aceptar.

Por ejemplo: "toca bañarse. ¿Prefieres hacerlo ahora o antes de cenar?", a lo que el niño responde, "¿puedo bañarme cuando termine de ver esta película?". En ese caso nosotros valoraríamos su opción y si es posible llevarla a cabo, ¿por qué no darle la oportunidad de decidir?

2) Pero también podría ocurrir que el niño nos plantee una opción que nosotros consideremos inapropiada para esa situación en concreto. En ese caso, le volveríamos a plantear las opciones iniciales.

Por ejemplo: "toca bañarse. ¿Prefieres hacerlo ahora o antes de cenar?", a lo que el niño responde, "no me voy a bañar nunca". En ese caso nos tocaría reconducir la situación evitando caer en una lucha de poder con el niño: "entiendo que no te apetezca bañarte porque estás entretenido jugando, pero no bañarse no es opción. ¿Prefieres bañarte ahora o antes de cenar? Tú decides"

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