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Las elecciones que hacemos desde bebés condicionan nuestras preferencias futuras: "nos enamoramos de lo que escogemos"

Las elecciones que hacemos desde bebés condicionan nuestras preferencias futuras: "nos enamoramos de lo que escogemos"
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¿Alguna vez te has preguntado por qué has terminado comprando un vestido de un color diferente al que buscabas al entrar en la tienda? o ¿Por qué tomas siempre la misma ruta para llegar a tu destino cuando tienes varias opciones disponibles iguales?

Un nuevo estudio con bebés, llevado a cabo por la Universidad Johns Hopkins, ha demostrado que no es la experiencia la que condiciona nuestras decisiones, sino que es la elección que hacemos en un momento dado la que decide las preferencias futuras, incluso en lactantes.

Lo interesante de este estudio, publicado en Psychological Science, es que demuestra que su elección es intuitiva, lo que explica también nuestra actuación en la edad adulta.

"El acto de tomar una decisión cambia lo que sentimos acerca de nuestras opciones. Incluso los bebés que están comenzando a tomar decisiones por sí mismos tienen este sesgo”.

Nos gustan las cosas porque las elegimos

La cuestión de cómo las preferencias de las personas se ven moldeadas por sus elecciones ha generado décadas de investigación. En un ejemplo clásico, el trabajo sobre la disonancia cognitiva ha descubierto que quienes deben elegir entre dos opciones igualmente atractivas evitan posteriormente la opción no elegida, lo que sugiere que el hecho de no elegir el artículo les ha llevado a que les guste menos.

Sin embargo, casi todas las investigaciones sobre esa preferencia inducida por la elección se centran en los adultos, dejando abierta la cuestión de cuánta experiencia es necesaria para su aparición. Este estudio con bebés preverbales demuestra que la manera que tienen de justificar su elección es intuitiva y que, al estar presente en niños y niñas tan pequeños, tiene que ser fundamental para la experiencia humana.

Alex Silver, una de las coautores del estudio, explica que "el acto de tomar una decisión cambia lo que sentimos acerca de nuestras opciones… incluso los bebés que están comenzando a tomar decisiones por sí mismos tienen este sesgo”. De modo que, asumimos que elegimos las cosas que nos gustan, cuando realmente parece que es al contrario.

Nos gustan las cosas porque las elegimos. Y, nos disgustan las cosas que no elegimos.

Otra las coautoras, Lisa Feigenson, una científica cognitiva de Johns Hopkins, especializada en el desarrollo infantil, incide en este punto:

"Yo elegí esto, así que debe gustarme. No elegí esta otra cosa, así que no debe ser tan buena. Los adultos hacen estas inferencias inconscientemente. Justificamos nuestra elección después del hecho".

Todas esas ideas tienen mucho sentido para los adultos que vivimos inmersos en una cultura de consumo en la que debemos tomar decisiones arbitrarias casi a diario: sobre la marca de pasta de dientes que comprar, sobre la película que ver, sobre el restaurante al que ir...

Según explican estas investigadoras, hacemos elecciones aleatorias todos los días, pero hasta ahora no se sabía cuándo comenzábamos a hacerlo y encontraron que los bebés son una ventana perfecta para conocer origen de esta tendencia, porque ellos no tienen mucha experiencia en la toma de decisiones.

Las preferencias de 189 bebés

Nino Juguetes

En una serie de siete experimentos en los que se utilizó un paradigma de libre elección, los investigadores descubrieron que los bebés experimentaban un cambio de preferencia inducido por la elección similar al de los adultos. Sus pautas a la hora de elegir reflejaban un auténtico cambio de preferencias y no la atracción por la novedad o las actitudes inherentes a las opciones. Por lo tanto, la elección da forma a las preferencias, incluso sin una amplia experiencia en la toma de decisiones y sin un autoconcepto bien desarrollado.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo trabajó con 189 bebés de 10 a 20 meses. En uno de los experimentos, se les ofreció dos opciones de juguetes: dos bloques blandos igualmente brillantes y coloridos. Los bloques fueron presentados con cierta distancia entre ellos de manera que los bebés tuvieron que hacer una elección aleatoria y gatear hacia uno u otro.

Una vez que el bebé eligió uno de los juguetes, los investigadores se lo quitaron y volvieron con un nuevo juguete, de manera que los bebés podían elegir entre el juguete nuevo o el juguete con el que no jugaron la primera vez.

Explica la científica del John Hopkins que "los bebés eligieron jugar con el nuevo objeto en lugar del que no habían elegido anteriormente, como si estuvieran diciendo: 'Hmm, no elegí ese objeto la última vez, supongo que no me gustó mucho".

"Los bebés no prefieren el objeto no elegido y también a los adultos les gustará menos lo que no eligieron, aunque no tuvieran una preferencia real en primer lugar".

"Realmente no están eligiendo en función de la novedad ni de una preferencia intrínseca", explica el otro autor del estudio. Los resultados han sido tan sorprendentes que ni siquiera los investigadores esperaban que los bebés pudieran tomar decisiones tan metódicas.

Este estudio explica, por ejemplo, por qué un bebé coge un peluche determinado en una habitación llena de otros muy parecidos: esa elección aparentemente aleatoria se debe a que el bebé probablemente acaba de decidir que no le gusta lo que no ha escogido, sin una razón aparente.

Y esto, llevado al mundo de las decisiones que tomamos los adultos a diario es también muy interesante: parece ser que en nuestras decisiones no influye tanto como creíamos nuestra experiencia previa ni nuestro conocimiento sobre las situaciones. Parece ser que lo que influye sobre todo es el hecho de que los seres humanos tenemos la capacidad probablemente innata de ‘enamorarnos’ de las cosas que elegimos aleatoriamente, y ese amor es el que guía nuestras preferencias futuras y, por tanto, muchas de tantas decisiones que tomamos en nuestro día a día sin saber muy bien porqué.

Vía | Jonh Hopkins University

Fotos | iStock

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