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Curso de maternidad y paternidad: la comunicación del bebé

Curso de maternidad y paternidad: la comunicación del bebé
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Los padres recientes o los que se plantean tener un hijo puede que tengan muchas dudas sobre como relacionarse y comunicarse con su bebé y, entendiéndolo, atenderlo correctamente. Vamos a abordar este tema en nuestro curso de maternidad y paternidad.

Un ejercicio práctico para empezar

Hagamos, para empezar, un ejercicio práctico sencillo, ideal para los padres que están buscando su primer hijo. Supone un esfuerzo enorme, pero, pasado este proceso, no habrá nadie tan poco empático que no sea capaz de identificarse con el berrinche de su hijo o con los lloros del bebé. Os aseguro que, aunque os parezca duro y complicado, va a compensaros.

Sentémonos en una silla o tumbémonos en la cama. No podemos hablar, no sabemos. No podemos levantarnos ni caminar, no sabemos. No podemos ir al baño, no sabemos cuando tenemos pipí o caca, llevamos pañales (hay que ponerse pañales). Tampoco podemos expresarnos por gestos complejos. Pasemos así un día completo, dependiendo absolutamente de los cuidados de nuestra pareja.

Tenemos que intentar explicar si tenemos hambre, frío, aburrimiento o molestias sin hablar ni levantarnos. Solo podemos gruñir, llorar, gritar o gemir para explicar lo que necesitamos. Y, por supuesto, abrazaros muy fuerte para explicar que necesitáis más amor y más contacto. No hay excusas. Pensemos, todo ese día, como sería tratar de comunicarse de ese modo añadiendo la inmadurez del bebé. No hay quien se resista.

Tenéis que pedir a vuestra pareja que mientras os atiende siga lavando la ropa, haciendo la comida, limpiando la casa, viendo la tele o hablando por teléfono. Para los más resistentes les propondría hacerse con una silla de ruedas y salir de paseo, mientras la pareja hace las compras o charla con las vecinas (aunque ya se que esto es demasiado pedir).

Una de las cosas que hay que hacer es llevar permanentemente pañales, y que vuestra pareja os limpie y cambie. Y además, comer solo cantidades muy pequeñas de comida cada dos o tres horas, para entender como el hambre o la sed son imperiosas en los bebés.

Usad, además, para ponerlo más complicado, ropa que apriete las ingles, o calentad la habitación en exceso, o abrid las ventanas y destapáos para tener frío. Con esto os podéis hacer una idea de como las incomodidades físicas pueden hacer que el bebé se ponga a llorar.

Una vez pasado el primer día, cambiad los papeles. Y luego, si sois valientes, haced eso un día que os encontréis mal: problemas en el trabajo, una pelea con un amigo, un dolor de tripa o de oídos. Hecho esto estaréis mucho mejor preparados para no perder la paciencia con vuestro bebé.

Luego, contadnos en los comentarios de este artículo lo que habéis sentido mudos e inmóviles, dependiendo de otro que no entiende lo que os pasa.

Estudio y aprendizaje

Quede claro, de todos modos, que este ejercicio no substituye el estudio y aprendizaje sobre las necesidades de los bebés, sus pautas de sueño o sus necesidades de alimentación, contacto, estimulación o cariño. Este tema debería ser una asignatura casi obligatoria antes de ser padres.

En Bebés y más os hemos recomendado muchos libros de crianza que seguro que os pueden ayudar a estar preparados y a entender mejor a vuestros bebés.

Con esto no quiero decir que ser padres deba ser algo a lo que nos enseñen los expertos, de hecho, muchas veces hay que tener mucho cuidado con los consejos de los expertos, pues no todos van a estar enfocados en las necesidades del bebé y van a darnos pautas que no son adecuadas.

Conectar con el instinto

Ser madre y padre es algo que está impreso en nuestros genes. Somos los descendientes de miles de generaciones de humanos que supieron sacar adelante a sus crías en entornos muy hostiles y peligrosos.

Somos hijas de buenas paridoras, amamantadoras y cuidadoras. Somos hijos de buenos padres, responsables, protectores y cariñosos maestros. Nuestro instinto, intacto, nos guiaría, para saber lo que necesitan los bebés.

Nuestros antepasados acunaban a sus hijos, los dormían en su pecho, los acompañaban y protegían. Pero a veces nuestro instinto está dormido, aletargado y engañado por costumbres culturales o modas que nos desconectan de los bebés. Es simplemente una cuestión de contacto emocional con nuestro instinto y de apertura mental hacia el bebé que, naturalmente, va a decirnos lo que necesita: abrazos, sueño acompañado, lactancia a demanda, muchos mimos y no estar solo.

Sin embargo, como os decía, el saber nunca sobra. Hay muchos libros sobre antropología, biología y crianza que pueden ayudarnos a entender algo muy simple: nuestros hijos son mamíferos dependientes de nosotros y lo que nos van a pedir es cercanía permanente para sentirse felices y poder contarnos, con sus medios, lo que en cada ocasión necesitan.

Conectar con los ancestros y con nuestros hijos van a ser las mejores enseñanzas, pero leer y aprender os ayudará a superar las dudas y los posibles efectos negativos de los malos consejos y la desconexión de nuestros instintos de maternidad y paternidad. Si algo pretende este curso de maternidad y paternidad es ayudarnos a conectar con nosotros mismos.

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