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Consejos de seguridad en verano

Consejos de seguridad en verano
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Cuando llega el verano nos encontramos con nuevas actividades al aire libre y a mucha, pero que mucha, diversión con los niños. Pero tanta diversión no debería hacer que olvidemos las medidas de seguridad indispensables en verano para evitar sustos y accidentes.

Caídas, picaduras, quemaduras y ahogamientos son las causas más comunes por las que los pequeños pueden necesitar ayuda en verano y son, además, algunos de los motivos por los que los niños sufren los accidentes más graves. Por ese motivo, por mucho que nos divirtamos, jamás debemos dejar a un lado las medidas de seguridad que van a protegerlos.

Aqui van algunos consejos sobre seguridad en verano que espero que os sirvan para pasar unas vacaciones felices y tranquilas.

Jamás dejar a un niño solo en el coche

Ya se que ni se os va a pasar por la cabeza, pero no está de más recordarlo. Todos los veranos hay desgracias por olvidos o casos en los que los padres van a hacer sus recados dejando al niño en el coche. Las temperaturas en el interior de un coche en verano son muy altas, mortales, y aunque eso no suceda, dejar a un niño solo puede provocar otro tipo de desgracias: que roben el coche, que le den un golpe, que lo abran o que el niño manipule algo. El coche no es un lugar para que los niños estén solos.

En la calle y en casa, siempre con un adulto responsable

En época escolar, los niños pasan bastante tiempo en la escuela y ese rato se aprovecha para hacer gestiones o trabajar. En vacaciones, van a estar sin clase y hay que preveer cada hora de su cuidado, con familiares, vecinos, cuidadores o campamentos, pero nunca dejarlos solos en casa.

Tampoco, cuando tengamos que salir a un recado, no hay que dejar a los niños solos en casa, aunque haga mucho calor o pensemos que van a ser cinco minutos.

Una caída, asomarse a una ventana, un chispazo que provoca un incendio. Son cosas que suceden y que no serían graves si un adulto se hubiera quedado con ellos. Cosas que parece que no nos van a pasar, pero que mejor prevenir siendo conscientes de que dejar a los niños solos en casa tiene riesgos.

Lo mismo debería suceder cuando los niños bajan a jugar al parque o salen a dar un paseo. A estas edades a las que nos dirigimos en Bebés y más siempre sería debe haber un adulto responsable de ellos para que, si los niños tienen un problema o se caen tomar medidas inmediatas. Con los niños tan pequeños, no habría que perderlos de vista ni un momento, ni dejarlos a cargo de otros niños más mayores.

Nunca dejar a un niño sin supervisión en el mar o en la piscina

Ni un segundo. No hay concesiones en esto. Nunca hay que dejar de supervisar a un niño en el mar o la piscina.

Siempre hay que estar atentos y mirándolos. Un minuto que entremos a por una bebida a casa, un momento de despiste, una puerta mal cerrada, pueden ser causa de un accidente mortal.

Desgraciadamente cada año leeremos noticias de niños que han sufrido ahogamientos en el mar o en la piscina cuando sus padres o cuidadores los dejaron breves minutos sin supervisión.

En las piscinas públicas o en las de las urbanizaciones grandes debe haber socorristas, pero eso tampoco debería hacer que nos confiemos. Si hay mucha gente pueden no ver al niño. Nuestros ojos son insustituibles. Y si no hay socorrista, más razón para ello. No debemos dejarlos al cuidado de otro niño, aunque sea mayorcito y responsable, y siempre estar mirando, asegurándonos, si vamos varios adultos, de que uno queda al cuidado del niño.

Si tenemos piscina privada en casa y hay niños habría que instalar una verja de seguridad lo suficientemente alta para que no puedan saltarla e incluso poner alarmas de piscina, que nos avisan si el niño cae al agua.

Estas medidas de seguridad son imprescindibles, también, si hablamos de una piscina para bebés, aunque no cubra apenas, o si los niños llevan unos manguitos o un flotador.

El año pasado sucedió en la playa a la que yo voy. La mamá pensó que el papá lo vigilaba, el papá que el niño se quedaba con su madre, y mientras ambos charlaban con sus amigos en la orilla, el pequeño de tres años se acercó a mirar el agua. No se bañaba solo, era precavido, pero debió tropezar y no supo salir a flote. Fue un minuto, pero la corriente lo arrastró, aunque el mar estaba en calma, y cuando lo encontraron diez minutos después era tarde.

Es horrible, lo se, pero creo que contarlo nos hace mucho más conscientes de lo peligrosa que es el agua para los niños y de que nunca, nunca, ni un segundo, debemos dejar de mirarlos. Desgraciadamente no es el único caso que conozco cada año se suman niños a este luctuoso listado. Cosas que deseamos olvidar, pero que no debemos olvidar.

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