Alimentación activa o cómo ofrecer la alimentación complementaria con un enfoque positivo

Alimentación activa o cómo ofrecer la alimentación complementaria con un enfoque positivo
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Cómo comemos es tan importante como qué comemos, por eso es fundamental que inculquemos en nuestros hijos hábitos positivos desde que empiezan a introducir alimentos sólidos con la alimentación complementaria a partir de los seis meses de edad

En esta ocasión no nos centraremos en los alimentos en sí, de lo que ya hemos hablado en otras ocasiones (básicamente pueden comer casi de todo a partir de los seis meses, excepto algunos alimentos prohibidos), sino en cómo ofrecer los alimentos de forma positiva para que el niño establezca una buena relación con ellos desde el comienzo.

La forma en que nosotros como padres ofrezcamos los alimentos a nuestros hijos, así como el clima que creemos a la hora de comer y nuestra actitud tienen un gran influencia en cómo nuestros hijos aprenderán a comer.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) dedica en sus últimas recomendaciones sobre alimentación en bebés y niños un apartado específico a la alimentación activa, en la que el niño es protagonista y se respetan sus necesidades, o cómo ofrecer la alimentación complementaria con un enfoque positivo.

Claves para una alimentación activa

  • Respetar su ritmo de desarrollo y permitir cierta autonomía, según sus capacidades.
  • Tolerar un cierto desorden apropiado para su edad (por ejemplo, no molestar al niño limpiándolo después de cada bocado).
  • No interpretar como permanente un rechazo inicial a un nuevo alimento. Seguir ofreciendo en los siguientes días o semanas sin presionar (pueden ser necesarias hasta 10-15 ocasiones para conseguir la aceptación).
  • La exposición regular y gradual a los alimentos favorece su tolerancia y aceptación, a corto y largo plazo.
  • No prefijar una cantidad de comida que se “tiene que tomar”. La cantidad es variable de unos niños a otros y según las circunstancias. Respetar los signos de hambre y saciedad.
  • Los padres deciden dónde, cuándo y qué come el niño. El niño decide cuánto come. Obligar o coaccionar a un niño para que coma aumenta la insatisfacción familiar y el riesgo de problemas con la comida a corto y largo plazo.

Establecer rutinas puede ayudar

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  • Lugar: tranquilo, sin distracciones (televisión, móviles). Cuando sea posible, sentar al niño frente a los otros miembros de la familia para que pueda interactuar con ellos. Acercar al niño a la mesa de forma segura, ya sea en el regazo o utilizando una silla apropiada (trona)
  • Tiempo: un horario aproximado de comidas, con flexibilidad, puede ayudar a la anticipación y regulación del lactante. Como orientación, 4 o 5 tomas al día.
  • Menú: seleccionar una dieta variada y sana. Servir raciones apropiadas a su edad y ritmo de crecimiento.

Cuidar el “ambiente emocional”

  • Ser paciente con el ritmo de adquisición de los nuevos logros.
  • Ante las situaciones negativas (no come, no le gusta, se porta mal), mantener una actitud neutra. Evitar enfadarse, no mostrar el enfado.
  • Una conducta muy controladora o exigente de los padres impide que el niño aprenda a autorregularse.
  • Evitar distracciones (pantallas, juguetes).
  • Disfrutar de la comida en familia, reforzando los logros. No utilizar los alimentos como premios o castigos, ni como consuelo o chantaje.
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