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Renoir y Rubens en el Museo del Prado con los niños

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Recientemente he visitado el Museo del Prado con un grupo de niños de entre 4 y 10 años. Nuestro objetivo era visitar las exposiciónes temporales sobre Renoir y Rubens que ofrece hasta el 6 de febero y el 23 de enero respectivamente. Como siempre, han superado mis expectativas y han disfrutado mucho con las obras.

A los niños les encanta pintar y, observando las obras de los grandes artistas directamente es como mejor asimilan los concepto artísticos desde pequeños y más aprenden. En esta ocasión, la diferencia entre ambos estilos y las historias que contaban los cuadros los han dejado fascinados.

Luego, por la tarde, cogieron sus pinturas y se pusieron a experimentar llenos de alegría.

Con Renoir se han adentrado en el Impresionismo. Boquiabiertos se quedaban al ver de cerca los cuadros, llenos de pinceladas de todos los colores mezclados y aparentemente informes de cerca. Al ir alejándonos descubrían las formas y los volúmenes, toda la riqueza cromática. Y esto nos ha dado la posibilidad de hacerles entender mejor que es el color y como la luz influye en lo que realmente ven nuestros ojos.

Luego hemos subido a ver a Rubens. Las mujeres desnudas, alejadas del canon de belleza actual, a ellos les han encantado. Al fin y al cabo sus ojos no están manipulados por los conceptos variables de la belleza y sabían reconocer la enorme vitalidad de las obras y su dificultad.

Además, mi hijo, que era el mayor del grupo, les estuvo explicando las leyendas mitológicas que muchas obras ilustran y se quedaban embobados como si escucharan cuentos.

Pero sin duda la que más éxito ha tenido es "El nacimiento de la Vía Láctea" . El cuadro muestra un momento realmente curioso de las aventuras del niño Hércules, cuando su padre Zeus lo pone a tomar el pecho de la diosa Hera, para que el niño pudiera ser inmortal a pesar de haber nacido de mujer. Entonces, cuando Hera se da cuenta del engaño, lo aparta bruscamente y la leche sale disparada, naciendo de este chorro la Vía Láctea.

Alguno, ocurrente, lo ha celebrado pidiéndole pecho a su madre y esta vez, os aseguro, nadie nos ha llamado la atención por amamantar en público, aunque algunos visitantes miraban de reojo entre divertidos y asombrados.

Luego esto nos ha permitido hablar de las estrellas de nuestra Galaxia y de como, cuando la ciencia no sabía dar respuestas, los antiguos explicaban los fenómenos naturales a través de leyendas y metáforas.

Los niños lo han pasado muy bien conociendo a Renoir y a Rubens en el Museo del Prado y seguro, con un poco de preparación previa de la visita, vuestros hijos, aproximadamente ya con cuatro años, también lo pueden disfrutar.

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