
Una de las frases que hemos escuchado más de uno en nuestra infancia y tal vez sigamos diciéndola en la actualidad es aquella de “Después de la leche no se puede tomar zumo de naranja, porque se corta”. Existen variantes de esta premisa: después de la leche, o junto a la leche, zumo de naranja o cualquier otro zumo de frutas, la propia pieza de fruta…
El caso es que se trata de una premisa falsa, un mito sin ningún fundamento, pues incluso es sano combinar el lácteo del desayuno con fruta o zumo natural de fruta, incluida la naranja y otros cítricos, por supuesto.
La principal razón que se aduce para indicar que no deben mezclarse la leche y los zumos es que el zumo de fruta es ácido. Si bebes leche y zumo de naranja, la leche se cortará por el ácido, y puede sentarnos mal y producir diarrea, o vómitos, una mala digestión o simplemente malestar.
Pero este razonamiento no tiene ningún sentido, porque si la leche se va a encontrar con algo realmente ácido en su camino por la digestión, eso es precisamente lo que contiene el propio sistema digestivo. Durante la digestión, a consecuencia de la segregación de ácido clorhídrico, la acidez del estómago es mucho mayor que la del zumo de naranja o cualquier otra fruta.


