
Hace unos días os expliqué que hay padres que son maravillosos, queriendo hablar de ellos, recordando a la sociedad que muchas cosas han cambiado para bien, con una nueva generación de padres que ha decidido poner la carne en el asador y tener voz y voto en lo que a crianza y educación de sus hijos se refiere.
Hoy, sin embargo, voy a hablar de aquellos padres que podrían probablemente situarse en un plano opuesto, simplemente porque actúan de manera pasiva, porque no acaban de enterarse de lo que pasa con sus hijos y no participan demasiado y porque no son capaces de asumir la responsabilidad de cuidar de sus pequeños.
Algunos son así porque no tienen el carácter suficiente, las ganas o los conocimientos (ni ponen demasiado empeño en aprender) para cuidar, otros lo son porque sus parejas no les dejan participar más y otros, los que no les importa demasiado el futuro de sus hijos, ni al parecer el presente, porque viven aún demasiado ensimismados mirándose su propio ombligo. Todos ellos son los padres invisibles.










