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Cuando un bebé nace la mayor parte de las mujeres tratan de dar el pecho a sus hijos y, a pesar de que la mayoría sale del Hospital amamantando a sus hijos (el 80%), hay un amplio porcentaje de niños que se van a casa tomando leche artificial porque no se ha conseguido que mamen correctamente.
Hay incluso madres del citado 80% que cuando llegan a casa acaban recurriendo a la leche artificial porque tienen la sensación de que sus bebés se quedan con hambre, porque les duele mucho dar el pecho o porque ya salieron del hospital con lactancia mixta y sus bebés cada vez quieren más biberón y menos pecho.
Ante tales situaciones flota en el ambiente la sensación de que dar de mamar es algo muy complicado que sólo está al alcance de unas privilegiadas y que la culpa de la falta de éxito es o la escasez de leche de la madre (ya se ha demostrado que es altamente improbable, aunque no imposible), o la mala técnica de succión, que hace que el bebé no extraiga de manera correcta la leche, que llore mucho, no gane peso y que haga daño a la madre cuando mama.
Ahí es donde uno se pregunta: “si la lactancia es algo natural y la técnica y el funcionamiento ha evolucionado junto con nuestra especie, ¿cómo es posible que haya tantos niños que se cojan mal al pecho?”. De hecho, si el resto de animales mamíferos no cuentan con biberones ni con asesoras de lactancia, ¿por qué a ellos sí les funcionan las lactancias?
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