
Sabemos que uno de los fundamentos para una lactancia feliz es el contacto temprano entre la madre y el bebé, piel con piel, para favorecer la succión, incluso en el postparto inmediato, aun con el cordón umbilical sin cortar. También se trata de hacer el entorno lo más acogedor posible al bebé, y mantener el vínculo fisiológico que les ha unido durante nueve meses en el vientre materno.
Y aunque estas prácticas distan mucho de estar generalizadas en la mayoría de los ámbitos hospitalarios, aún son menos frecuentes, por no decir inexistentes, en el caso de las cesáreas. Ello implica, dado el elevado número de nacimientos por cesárea que en nuestro entorno se producen en las últimas décadas, que la duración y la tasa de lactancia materna se vean afectadas de forma negativa.
Pero, aunque las circunstancias y el medio en el que tiene lugar un nacimiento pueden variar considerablemente, el proceso del amamantamiento y las necesidades del recién nacido permanecen constantes, por ello se debería facilitar siempre que sea posible el contacto piel con piel entre la madre y el bebé.








