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Los bebés son dependientes, muy dependientes, tanto, que necesitan siempre a una persona adulta que les alimente, les cambie la ropa, les lave, les ayude a moverse, les calme y les estimule. Lo son porque tienen que ser así, porque crecen poco a poco y aprenden poco a poco las diferentes facetas de la vida, haciéndose cada vez más autónomos.

Para que esto suceda los padres tienen que estar presentes en el proceso y tienen que dar a los bebés todo lo que necesitan en cada momento.

Cuando esto no sucede se está dejando de atender a un bebé y, en consecuencia se está dejando de cuidar a un bebé como merece y necesita, por lo que dicha situación podría considerarse como de maltrato. No es un maltrato activo en el que los padres hacen algo que molesta al bebé, sino un maltrato pasivo en el que sucede lo contrario: los padres no atienden a su bebé, por lo que están llevando a cabo el llamado maltrato por omisión de cuidados.

El tipo de maltrato más conocido es aquel en el que hay agresiones físicas, gritos y/o abusos sexuales, pero no por ser más conocido es más frecuente. El maltrato por negligencia o por omisión de cuidados supone, se calcula, un 70% del total.

En la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información (ACIISI) están realizando una investigación conjunta con el Centro de Neurociencias de Cuba acerca de la falta de sensibilidad de algunas madres ante las señales que emiten sus bebés.

La repercusión que este tipo de crianza puede tener en los bebés y niños se estudia desde hace no demasiado tiempo. Los primeros datos que se tienen provienen de los estudios que se hicieron en los orfanatos de Rumanía en los años noventa, donde había un cuidador para cada 50 niños, éstos vivían hacinados y sin ningún estímulo y el resultado, obviamente, era desolador (provocando una gran alarma social y política ante las condiciones en las que crecían esos niños).

Resultados del estudio que se está llevando a cabo

Según los autores del estudio, las causas más habituales de negligencia por parte de los padres son la depresión posparto, otro tipo de depresiones que podrían tener la madre o el padre previamente y situaciones familiares complicadas, ya sea por problemas económicos, de violencia o de drogadicción.

Podría darse también en embarazos con madres adolescentes, si la madre no es lo suficientemente madura y sigue centrándose demasiado en sí misma, si los padres no se preocupan a la hora de alimentar al niño y le dan alimentación inadecuada para su edad, si el entorno en el que el niño vive no tiene unas condiciones higiénicas óptimas, etc.

La cuestión es que a la hora de valorar a las madres “insensibles”, comparándolas con las madres “control”, se han observado diferencias de reactividad evidentes: a ambos grupos de madres se les mostraba fotos con caras de niños llorando y en las madres “control” aparecía un proceso automático básico de querer dirigirse hacia el niño, como para querer consolarlo, mientras que en las madres consideradas negligentes este proceso no aparecía.

Según comentan los autores del estudio:

En las madres negligentes (el proceso) no está funcionando, por lo que no es posible que lleguen a la elaboración mental de que los niños pueden tener necesidades de frío, hambre, paseo… Cosa que se da en las otras madres.

Ante el problema, un proyecto de prevención

Cuando se conoce un caso de negligencia o de maltrato por omisión de cuidado por parte de los padres se suele pensar en los servicios sociales, esos que te quitan al niño porque no lo puedes cuidar correctamente, como sucediera hace no mucho con Habiba y su hija Alma.

Conozco casos de familias que viven sin recursos que no acuden a las trabajadores sociales por miedo a que “se den cuenta de que no tengo nada y me quiten a los niños”. En estos casos el problema no es no querer o no saber cuidar a los niños, sino no tener con qué hacerlo.

Por esta razón es de alabar el trabajo que se está haciendo al respecto, ya que en vez de cortar por lo sano y romper familias se está trabajando para ayudar a las madres y padres “insensibles”, con proyectos en los que comparten tiempo con madres y padres que sí pasan más tiempo atendiendo a sus hijos.

De este modo, tal y como cuentan los responsables de los programas:

Los padres cuentan sus experiencias y, viendo lo que otros les cuentan y hacen, aprenden mucho más que con la típica charla.

La verdad es que me parece un programa fantástico. El objetivo primero tiene que ser dar herramientas a los padres para que aprendan, para que vean cuáles son las necesidades de sus hijos, para que les entiendan y actúen en consecuencia.

Normalmente es más fácil hacerlo si se aprende con otros padres que han tenido las mismas inquietudes y problemas, hablando de tú a tú, que con profesionales que te dicen lo que tienes que hacer, como una charla (como dicen los autores del programa).

El maltrato por omisión de cuidados puede llevar a un niño a malvivir o, lo que es peor, incluso a morir, si no se le alimenta correctamente, si no se le atiende o si no se le da la medicación que necesita, por poner algunos ejemplos. Por eso es importante tratar de reconocerlo y actuar en cuanto se pueda por el bien del bebé.

Vía | Uno más en la familia
Foto | Pedro Klien en Flickr
En Bebés y más | Los padres deprimidos son más propensos a pegar a sus hijos, Por qué no me gusta el método de crianza de Amy Chua, ¿Maltrato emocional o método de crianza?

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