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Remedios caseros para la fiebre de bebés y niños

Los bebés y niños tienen un sistema inmunológico inmaduro que les lleva a coger muchas más infecciones y enfermedades que nosotros los adultos, y de manera más repetida. Hay niños que tienen la suerte de coger poquísimas cosas y más o menos pasan la infancia bien y otros que, pobrecitos, tienen un historial que bien podría llevar el nombre de algún anciano con varias décadas a sus espaldas.

Sea cual sea el grupo en el que se enmarcan vuestros hijos, seguro que en más de una ocasión han tenido fiebre y seguro que en más de una ocasión has pensado “¿y no puedo hacer yo algo para que le baje la temperatura?”. Pues sí, puedes hacer algo y seguro que tu hijo lo agradecerá. Le hayas dado o no jarabe para la fiebre (paracetamol e ibuprofeno son los más típicos), hay más cosas que pueden hacerse y por eso os ofrecemos hoy ocho remedios caseros para bajar la temperatura de los bebés y niños.

Ocho remedios caseros para la fiebre de los bebés y niños

  • Quitarle ropa para que el calor pueda dispersarse: la ropa tiene la facultad de “coger” el calor corporal y mantenerlo, evitando también que el aire del exterior toque nuestra piel y nos enfríe. Cuando un niño tiene fiebre lo ideal es que no haya ropa para evitar todo ello. Cuanto más fresquitos estén mejor, así que cuanta menos ropa lleven mejor.
  • Que no haga calor allí donde esté el niño: si es invierno y estamos en casa con la calefacción puesta puede ser interesante bajar la temperatura de la casa. En verano debemos tener en cuenta lo mismo, que estén en una habitación ventilada, pero sin que estén en corrientes de aire ni debajo del “chorro” del aire acondicionado.
  • Bañar al bebé o niño, dejándole un buen rato en remojo: la otra solución para robar calor al cuerpo es ponerlo en contacto con agua que esté a menor temperatura. El cambio debe ser gradual, evitando baños fríos (hay gente que hace eso, meterlos en agua fría), porque pueden sentarles fatal. Lo ideal es calentar el agua como siempre (34-36ºC) y dejar que pase el tiempo para que el agua vaya bajando de temperatura (jugando con él, explicándole cosas, etc.).
  • Utilizar compresas frías: esto es muy típico y muy de las películas. Podemos coger un paño o toalla pequeña y mojarla con agua fría. Se aplican en la frente, en la nuca y las muñecas y se van cambiando a medida que dejan de hacer efecto (se vuelve a mojar). Un efecto parecido, si el niño es un poco más mayor, es poner un barreño con agua fría para que meta las manos y parte de los brazos. A medida que la circulación sanguínea va pasando por sus manos y brazos el cuerpo va bajando un poco la temperatura (que sería un recurso para no pasarse todo el día completamente metido en agua).
  • Hacer una dieta líquida para que vaya rehidratándose: si el niño está sudando a causa de la fiebre es aconsejable que le vayamos hidratando. Algunos niños tampoco quieren comer mucho si tienen fiebre y pueden aceptar mejor una dieta líquida, que nos ayudará a rehidratarles. Se aconsejan zumos, agua o caldos y, en caso de los bebés, suero oral o leche materna (artificial si no toma materna).
  • Intentar que el niño esté tranquilo: si el niño tiene fiebre elevada lo más probable es que no tenga ganas ni de pestañear. Si en cambio no tiene mucha fiebre sí puede ser que aún tenga fuerzas para moverse (y moverse mucho) y son muchos los niños que, aún con fiebre, no paran. No es que haya que atarles a la silla para que no se muevan, pero se aconseja tratar de hacer con los niños actividades más tranquilas que no les haga aumentar la temperatura corporal ni sudar.
  • Darle infusión de girasol: una de las propiedades del girasol es la de ayudar a bajar la fiebre. Se utilizan pétalos secos de la flor de girasol y se hace una infusión con ellos. Para ello se hierve agua, se ponen los pétalos dentro y se deja reposar 10 minutos. Se filtra la mezcla y se le añade azúcar o miel, algo que le dé un poco de sabor dulce. Al niño se le dan un par o tres de cucharadas cada 8 horas.
  • Enfriar al niño desde los pies: esto se haría robando el calor del niño desde abajo, desde las plantas de los pies. Mucha gente aprovecha el verano para caminar descalza y, en contacto con el suelo frío (depende del suelo que tengas), el calor parece que disminuye un poco. Además de hacerle caminar descalzo o de meterle los pies un rato en un barreño con agua templada tirando a fría, podemos ponerle rodajas de patata cruda en la planta de los pies. Cuando se calienten las cambiamos por otras que deberán seguir robando calor de sus pies.

Y si le baja la fiebre, ¿no lo llevamos a urgencias?

La fiebre es un síntoma, no una enfermedad. La fiebre por sí sola dice que hay algún tipo de infección contra la que el niño está defendiéndose y esa infección suele acabar dejando más síntomas (dolor de oído, de garganta, escozor al orinar, etc.). Si la fiebre acaba de aparecer hace unas horas lo más probable es que sea prácticamente imposible ver el foco de la infección y lo recomendable suele ser esperar al menos 24 horas para ver si el niño sigue estando malito y si se queja de algo en concreto.

Digo esperar porque muchas virasis son tan pasajeras que un niño tiene fiebre un día y al día siguiente ya no, y digo esperar porque muchas veces vas al pediatra con fiebre de hace unas horas y te vuelves sin saber qué tiene porque el foco no se ve todavía.

Ahora bien, si la fiebre es muy alta y el niño no se encuentra bien, yo no esperaría. Prefiero pecar de prudente que de imprudente. Y si tiene menos de 3 meses, por poca fiebre que tenga, hay que ir al hospital (ya no digo al pediatra del centro de atención primaria), porque son bebés tan pequeños que es necesario y recomendable saber por qué tiene décimas o fiebre.

Más información | Guía infantil
Foto | Gustavo Devito en Flickr
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