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Madre y bebé piel con piel

El bebé ya está saliendo, sientes que todas las horas de contracciones han valido la pena porque por fin podrás abrazar a tu bebé, ese al que esperas desde hace meses. Un poco más, unos segundos más. Ya está aquí. Unas manos lo sujetan de manera firme y sabia, manos que han sujetado en la misma situación a miles de bebés. Se acercan a ti, las manos y tu niño, te lo muestran, le das un besito y se lo llevan para limpiarle, aspirarle, pesarle, medirle,… Error.

Esto ha sucedido en España durante muchos años, y aún ahora sigue sucediendo en algunos hospitales. Sin embargo, hace ya unos años que se recomienda hacerlo de una manera muy diferente porque se ha visto que si madre e hijo están bien, que es lo que suele pasar en la mayoría de los partos, lo mejor es que madre y bebé no se separen, al menos no en la primera hora, porque además de afectar a la lactancia y a la temperatura del bebé puede afectar al apego en su relación.

Hace unos días me comentó una compañera, madre hace ya unos añitos, que había ido a un hospital a ver al bebé de la hija de una amiga. Según me contó, el bebé se había pasado todo el día encima de la madre, después de nacer, con un pañal como única prenda. “Ahora deben hacerlo así, debe ser algo nuevo, porque en nuestros tiempos era muy diferente…”, me dijo, y así iniciamos una interesante charla sobre el antes y el ahora.

Y es cierto, ahora lo hacen así y es algo relativamente nuevo, porque aunque hay países que ya llevan muchos años haciéndolo (unos treinta años, para ser más exactos), en España, que solemos ir un pasito por detrás, es ahora cuando parece que la cosa se está instaurando de manera masiva, y aún queda camino por recorrer.

Las razones de no separar al bebé enseguida son diversas: al dejar al bebé junto a la madre nada más nacer se contamina de la madre y no de los demás, la instauración de la lactancia materna es mejor, porque el bebé viene dispuesto a hacer él solito su primera toma, pero la separación lo imposibilita, el bebé parece regular mejor la temperatura si está en contacto piel con piel (si pasa frío puede consumir demasiada energía y hacer hipoglicemias), el bebé está más tranquilo, menos estresado y, entre otras cosas, no pierde el contacto con el olor de mamá y la mamá no pierde el contacto con el olor y la presencia de su hijo.

Esto del olor es importante, muy importante, porque el bebé viene predispuesto a “enamorarse” de la persona a quien más huela… algo así como los animales que piensan que su madre es el primer animal al que ven. Pues eso, lo ideal para que un bebé reconozca a la madre y se sienta bien con ella es que enseguida reconozca el olor y el sabor que ya conoce de dentro de la barriga (con el líquido amniótico) en el exterior. Es decir, que enseguida se dé cuenta de que, a pesar de estar en otro sitio, sigue con mamá. Así estará más tranquilo y más dispuesto a reptar por sí mismo y mamar del pecho de su madre.

Por otro lado, sé que puede sonar extraño, pero se ha visto que las madres que no son separadas de sus bebés tienden a ser más cariñosas que las que sí han sido separadas. Al parecer, las que disfrutan de la no separación hacen más caricias a los niños durante las tomas y tienen más momentos de contacto visual, y esto es muy positivo para madre e hijo, que se sienten aún unidos, pese a estar ya separados. Esta diferencia se va atenuando con el tiempo, hasta el punto que algunos estudios no encuentran diferencia en el trato al mes de vida del bebé (sin embargo, hay otros en los que se constata un mayor contacto entre madre e hijo al año de vida en las madres que estuvieron piel con piel con sus bebés).

Supongo que más de una vez habréis oído hablar de animales que rechazan a sus crías porque alguien las lava y luego no las reconoce como propias. Vendría a ser algo así, pero a menor escala, porque las madres normalmente no se guían solo por el olor a la hora de reconocer a su bebé. Les basta con saber que es el suyo para amarlo, sin embargo, algo de nuestra esencia animal debe quedar ligeramente tocado cuando alguien nos arrebata a nuestro bebé y nos lo devuelve minutos después con otra apariencia y otro olor. Pensad que hace milenios, cuando no éramos seres tan racionales, madre y bebé debían establecer un vínculo rápido para que la madre decidiera proteger a su cría de los peligros de la naturaleza y para que la especie siguiera perpetuándose. Ahora no hay tanto peligro, pero en el fondo seguimos siendo animales.

Más información | Contacto piel a piel temprano para las madres y sus recién nacidos sanos (Cochrane)
Foto | Mattiao147 en Flickr
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