
Hace unos días explicábamos algunos cambios que suceden en la leche materna durante la toma y hoy entraremos en este tema para profundizar un poco más en estos cambios y en cómo los bebés lo controlan.
Desde ya os aseguro que cuesta creerlo, pues es tal el control que un niño tiene sobre su alimentación que hasta asusta (a mí por lo menos…).
Se sabe que la leche de uno de los pechos es más rica en proteínas que la otra. Esto hace pensar que los niños pueden elegir qué pecho tomar en base a las necesidades de proteínas que tengan.
Ya comentamos en la anterior entrada que la leche, como tejido vivo que es (como la sangre, que es un tejido líquido vivo), cambia su composición durante la toma. Lo cierto es que no sólo cambia durante la toma, sino que también cambia mientras no se está realizando ninguna toma.
La cantidad de grasa de una toma también es variable, pues no siempre hay la misma concentración en todas las tomas. Esta cantidad media de grasa depende:
De esta manera los niños controlan la composición de la leche que van a tomar en base a tres factores:

Volviendo al ejemplo de la sopa que ya utilicé en la anterior entrada, es como si en casa tuviéramos a un cocinero que está todo el día preparándonos nuestra deliciosa y nutritiva sopa de letras.
Si ve que tardamos un poco en llegar a la cocina pensará que en la otra sopa puso demasiadas letras y por eso nos llenamos demasiado. Entonces empezará a sacar letras a medida que vaya pasando más tiempo.
Si ve además que no nos hemos acabado el plato anterior, lo tendrá en cuenta para poner un poco menos de sopa y lo tendrá también en cuenta para poner un poco menos de letras.
También tendrá en cuenta cuánto tiempo hemos tardado en comernos el plato anterior y será capaz de modificar nuestro plato, en el momento en que nos lo estemos comiendo, para tener en todo momento la cantidad precisa de alimento y nutrientes.
Pues bien, este cocinero existe y tiene el nombre del bebé en asociación con el sistema hormonal de la madre.
Mediante este control los niños se aseguran cada día la cantidad de calorías y nutrientes que precisan.
Para que veáis hasta qué punto llega el control de los bebés os explico un experimento: a unos bebés les dieron de mamar de un solo pecho durante una semana. Durante otra semana les dieron de mamar de ambos pechos en cada toma, interrumpiendo la toma del primer pecho.
Teóricamente la semana que mamaban de un solo pecho tendrían que haber tomado más cantidad de grasa, sin embargo los bebés modificaron la frecuencia de las tomas y la duración de cada toma (los otros dos factores que podían controlar) para conseguir la misma cantidad de grasa que necesitaban. Increíble ¿verdad?
Recomendar a una madre que le dé de mamar a su hijo durante diez minutos en cada pecho cada 3 horas supone anular los tres factores de control de las tomas de un bebé, que sólo podrá tomar lo que “le toque”.
Algunos (pocos) tendrán suficiente, pero muchos quedarán insatisfechos y llorarán de hambre, tendrán problemas de peso y necesitarán, muy probablemente, suplementar la leche materna con un biberón, pues al no succionar tanto como necesitan, la producción de leche será menor a la requerida (la cantidad de leche producida depende de la cantidad de succión).
Es por ello que se deja el control de la alimentación a la persona que más información tiene sobre las necesidades de un bebé, es decir, a los bebés. Por eso se recomienda que la leche materna sea a demanda.
En unos días, y para finalizar con el tema de la lactancia a demanda, explicaré qué es lo que significa realmente “a demanda”.
Fotos | Flickr (ODHD), Flickr (Alexander Tundakov)
En Bebés y más | Por qué se dice que la lactancia materna es a demanda (I), Por qué se dice que la lactancia materna es a demanda (II), Claves para una lactancia materna exitosa