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Si te sientes desbordada o pasas un mal momento personal te preocupará sobremanera cómo puede afectar tu situación nerviosa y tu ansiedad al pequeño que tienes en tu interior. Lo peor es que además esto intensifica el estrés. Estrés por el estrés… el pez que se muerde la cola. Empecemos por tranquilizarnos y busquemos ayuda para calmarnos. Pero vamos a hablar claro y echar un ojo a los datos.

A día de hoy numerosos estudios han ido encaminados a evaluar el estrés en el embarazo y sus consecuencias. Ahora bien, ¿exactamente qué es el estrés? ¿Afecta por igual a todas las mujeres? ¿Se sabe en qué fase la mujer y el hijo son más vulnerables a sufrir sus efectos?

En estos posts trataremos de responder a estas y otras preguntas mediante la revisión de las últimas investigaciones en este campo.

Conociendo el estrés

El concepto de estrés ha evolucionado en las últimas décadas. Actualmente se acepta que se trata de una respuesta automática de nuestro organismo para adaptarse a determinadas situaciones.

El ser humano está continuamente amoldándose a un medio de por sí cambiante. Durante ese proceso, se produce una interacción entre las demandas de la situación y la activación de los recursos del individuo para adaptarse a ella.

De acuerdo con ello, un nivel moderado de estrés es algo natural y adaptativo. Entonces, ¿cuándo sería perjudicial?

Cuando el estrés se mantiene en el tiempo con cierto grado de intensidad puede causar daño tanto a la salud física como mental. Por poner un ejemplo, varios estudios han demostrado su influencia en la función del sistema inmunológico y en el inicio y evolución de los trastornos depresivos.

Además, se ha demostrado que las personas que sufren estrés es más fácil que lleven a cabo comportamientos poco saludables, como dormir poco y mal, seguir una alimentación inadecuada, realizar poco ejercicio o abusar del alcohol, tabaco u otras drogas.

Algunas situaciones de la vida pueden favorecer la aparición de estrés. En el caso del embarazo, hay algunos momentos que pueden ser fuente de preocupación para la madre, como las diferentes pruebas médicas a las que tiene que someterse y la espera de sus resultados, los temores por el parto, por la posibilidad de que el bebé sufra algún daño, por los cambios corporales, etc.

Todas estas preocupaciones son normales y no hay que sentirse culpable por tenerlas. Son los altos niveles de estrés durante el embarazo o el estrés prolongado provocados, por ejemplo, por la vivencia de un acontecimiento traumático, una fuerte presión laboral, el rechazo de la pareja o la falta de apoyo lo que se ha visto que puede afectar tanto a la madre como al futuro bebé.

Biología y estrés

En situaciones de estrés mantenidas en el tiempo el organismo reacciona segregando altas concentraciones de hormonas, entre ellas las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol. La duración excesiva de este estado tiene efectos perjudiciales.

Así, se ha visto que altas concentraciones de cortisol durante mucho tiempo pueden provocar alteraciones en el sistema inmune, la memoria, la presión arterial, la glucosa circulante, la fertilidad, o la pérdida de masa ósea, entre otros.

También se ha observado que pueden influir perjudicialmente en nuestro organismo otras hormonas liberadas en los períodos de estrés, como la hormona del crecimiento, la prolactina y los péptidos opiáceos.

Efectos del estrés en el embarazo


bebé
La mayoría de las investigaciones centradas en estudiar los efectos del estrés en el embarazo concuerdan en que cuando el estrés se acumula y alcanza un alto grado puede tener efectos nocivos en el futuro bebé. Pero echemos un vistazo a esos estudios.

Aunque en un principio la mayoría de ellos se centraba en estudiar las consecuencias de sufrir experiencias puntuales altamente estresantes durante el embarazo, como la muerte de un ser querido o un desastre natural, poco a poco se fueron teniendo en cuenta otros estresores crónicos, como el abuso en la pareja, el estrés laboral, problemas económicos o la falta de apoyo social.

Para medir la influencia de estos factores se suelen utilizar cuestionarios que han demostrado su fiabilidad y validez o medidas de respuesta fisiológica al estrés, como el nivel de cortisol en la sangre o la saliva o los cambios en la presión arterial y el ritmo cardíaco.

Hay que tener en cuenta que lo que importa es cómo de estresante percibe la madre la situación, más que la intensidad del suceso.

Algunos de los efectos que se han asociado con un intenso estrés durante el embarazo son los siguientes:

    Complicaciones obstétricas, parto prematuro y bajo peso al nacer. Esta asociación podría explicarse por los efectos negativos de las hormonas liberadas durante el estrés, aunque aún no están claros los mecanismos que intervienen. Aún así, en todos los estudios, la mayoría de las mujeres tuvieron un embarazo a término, a pesar de reportar niveles altos de estrés.
    Aborto espontáneo: algunos estudios han mostrado una asociación entre la muerte de algún ser querido durante las primeras semanas de embarazo y un mayor riesgo de aborto espontáneo. Por ejemplo, en una investigación llevada a cabo por la universidad de Michigan se vio que el organismo reconoce los niveles de hidrocortisona, hormona generada por el estrés, como una señal de alarma y como un síntoma de que las condiciones no son favorables para un embarazo.
    Problemas en el desarrollo intelectual: también se ha visto que en ocasiones altas dosis de estrés durante el embarazo puede provocar problemas en el desarrollo intelectual y cognitivo. Os preguntaréis ¿y esto cómo se puede saber? Os pongo un ejemplo de un estudio publicado en el 2004 que evaluó el desarrollo intelectual y del lenguaje de 89 niños de 5 a 12 años, cuyas madres habían estado embarazadas durante una tormenta de nieve en Quebec que dejó sin electricidad a millones de personas durante seis semanas. Los autores hallaron que el desarrollo del lenguaje y el cociente intelectual verbal tendían a ser más bajos en los hijos de las mujeres que más estrés habían sufrido durante la tormenta, si bien todos los niños estaban dentro del rango normal. Los resultados sugieren que el estrés prenatal tendría efectos de largo plazo sobre las estructuras cerebrales del bebé, en especial en las relacionadas con el lenguaje y las habilidades verbales.
    Problemas emocionales y comportamentales en el bebé. Algunos estudios han encontrado una ligera asociación entre estrés materno y problemas de atención e hiperactividad en el hijo. Por ejemplo, en un estudio publicado en el 2002 en la revista de Psiquiatría de Londres los autores encontraron que los hijos de aquellas madres que habían reportado más ansiedad durante el embarazo presentaban más problemas emocionales, de atención y de hiperactividad. Sin embargo, otros estudios no son tan concluyentes. De hecho, en una revisión de artículos llevada a cabo en el 2003 por el departamento de Medicina Clínica de la Universidad Aarhus de Dinamarca, los autores encontraron limitaciones metodológicas en varias de estas investigaciones y enfatizaban la importancia de tomar estos datos como orientativos.

A pesar de estos datos, está claro que hace falta más investigación para estudiar las consecuencias del estrés durante el embarazo. Futuros estudios prospectivos deberían utilizar medidas fisiológicas y psicológicas en el período pre y postnatal para comprender mejor la función del eje endocrino de la madre y su hijo.

Mientras tanto y teniendo en cuenta que todos sentimos estrés en muchos momentos podemos aprender a pisar el freno cuando notemos que una situación empieza a desbordarnos. En futuros posts hablaremos de los principales síntomas del estrés, cómo prevenirlo y cómo mantenerlo a raya.

En Bebes y mas | El cortisol resultante del estrés afecta al desarrollo cerebral del bebé durante el embarazo, El estrés laboral de la madre predispone al bajo peso al nacer..
Fotos | jj.figueroa, gabi_menashe, en Flickr.

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