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preguntas niños

En mi trabajo con niños pequeños estoy acostumbrado a tener sesiones en las que me asaltan a preguntas sobre por qué llevo gafas o por qué los elefantes tienen las orejas tan grandes. Me imagino que en casa seguirán con este ansia de saber y que sus padres, más de una vez, no sabrán cómo responder a las infinitas preguntas de sus hijos.

Es a partir de los dos o tres años cuando los niños se empiezan a cuestionar las cosas que pasan a su alrededor y necesitan saciar su curiosidad por las cosas. Además, el desarrollo del lenguaje que el pequeño ha mostrado durante este tiempo le facilitará el poder realizar sus preguntas de una forma mucho más fácil para que se las puedan resolver.

Esta etapa por la que pasan todos los niños es normal, ya que es una forma que tienen ellos de organizar su mundo y comprenderlo un poco mejor. Después de todo, hay muchas cosas fuera que ocurren y funcionan de una forma casi mágica para ellos, y necesitan conocer las respuestas para poder seguir con sus exploraciones.

Cuando nuestros hijos llegan a esta edad han descubierto que el lenguaje puede servirles para regular y controlar el entorno y el mundo que les rodea. Y una de las formas que encontrará para lograr esto es preguntar el por qué de las cosas que pasan a su alrededor y que no logra por entender al cien por cien.

“¿Por qué mamá se levanta pronto?”, “¿por qué tienes barba?” o “¿por qué hace calor?” son sólo algunas de las infinitas preguntas a las que he tenido que enfrentarme a lo largo de mi carrera como logopeda. Después de todo, cuando vienen conmigo estamos hablando gran parte del tiempo, y para ellos es el momento ideal para asaltarme con las preguntas que han tenido en la cabeza durante todo ese día y aún no han podido hacérselas a sus padres o, simplemente, aún no han obtenido respuesta.

Las principales preguntas que suelen hacer los niños pequeños están realcionadas con aquellas personas que para el pequeño son más especiales (papá, mamá, hermanos…)o sobre el significado de las diferentes palabras que va adquiriendo en su desarrollo, ya sean verbos o sean nombres.

A medida que vayamos respondiendo a sus cuestiones nos iremos dando cuenta de que la mayoría de las veces, esas preguntas, serán muy similares entre sí. Esto es debido a que los pequeños no sólo buscan obtener una respuesta para lograr aprender por qué pasa una cosa o cómo funciona tal otra. Muchas veces, los niños realizan preguntas simplemente para saber si sus padres están dispuestos a respondérselas, para practicar con las habilidades lingüísticas que están desarrollando o incluso comprobar si la respuesta es similar a lo que él piensa.

Para explicar esto último me gustaría compartir con vosotros una experiencia que me pasó hace tiempo, en una sesión con una niñita pequeña. La peque me preguntó por qué los elefantes tenían la nariz tan grande y, por más razones que yo le pudiera dar, ella me decía que todas ellas eran mentira porque ella sabía que la tenían así para poder limpiar la selva con ella.

Es muy importante tener en cuenta una serie de consideraciones cuando vayamos a responder las inquietudes de nuestros pequeños, ya que no debemos olvidar que son niños y que, para ellos, los padres lo sabemos todo. Pero, además, no debemos saturarles con información que no les pueda valer. Por eso, es muy importante no extendernos demasiado en nuestras explicaciones.

Debemos evitar quitarle importancia a las preguntas de nuestros hijos, por muy simples o básicas que nos puedan parecer, ya que para ellos son todo un mundo. Hay que comprender qué nos están preguntando para saber por qué lo quieren saber: puede ser que tan una pregunta tan inocente como “¿por qué cerramos la puerta de la habitación por la noche?” se esconda el miedo a que alguien entre a su cuarto mientras duerme o puede ser que quiera hacernos ver que no quiere dormir con la puerta cerrada.

Una forma que utilizo para explicar algunas de las preguntas que me hacen es mediante cuentos, ya que son una forma muy atractiva para ellos de entender las cosas mediante un lenguaje muy cercano a ellos y con lo que obtienen unas respuestas claras y concisas a lo que me están preguntando.

Y finalmente, los padres deben tener mucha paciencia y consideración cuando tengan que responder a las infinitas preguntas de sus hijos ya que según vaya creciendo, el pequeño irá encontrando otros métodos en los que no tenga que necesitar a sus padres tan exhaustivamente para encontrar respuestas a sus preguntas y lograr, poco a poco, comprender el mundo que le rodea.

Foto | quinn.anya en Flickr
En Bebés y más | “Cuentos para sentir” de Begoña Ibarrola, Un poco de humor: ¿por qué, por qué, por qué…?, Cuentos para disipar miedos.

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