
A medida que crece, el niño se va haciendo cada vez más independiente. Aunque los padres seguimos siendo su principal referencia y apoyo, más o menos a partir del primer año de vida, el niño comienza a asumir que no es parte de nosotros.
Empieza a desarrollar su propia autonomía y a forjar su personalidad como un ser independiente, y muchas veces le cuesta aceptar que no controla las cosas por sí mismo.
Por su parte, todavía es pequeño para tomar sus propias decisiones, por tanto muchas veces debe aceptar las que toman los adultos por él. Esto no le gusta tanto, provocándole ofuscación, obstinación o las archi-conocidas rabietas, reacciones absolutamente normales y sanas que forman parte del desarrollo de la personalidad del niño.
Las frustraciones infantiles son parte del crecimiento del niño. Es un estado de decepción ante necesidades o impulsos no satisfechos. Como padres, veremos cómo podemos ayudar a nuestros hijos para que las frustraciones que inevitablemente deba experimentar se conviertan en una enseñanza positiva.









