Nunca te vayas a la cama enfadado con tu hijo: por qué es importante solucionar los conflictos familiares antes de que acabe el día

Nunca te vayas a la cama enfadado con tu hijo: por qué es importante solucionar los conflictos familiares antes de que acabe el día
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Es normal que entre padres e hijos surjan conflictos a veces. Son muchas las causas que pueden motivar que unos u otros perdamos los nervios, y aunque las peleas familiares son algo normal y cotidiano, es muy importante solucionarlo de forma respetuosa y evitar que la discusión "se enquiste".

Uno de los factores que provoca el enquistamiento de una discusión es el rencor. No hablar sobre lo ocurrido y tener una actitud rencorosa hacia la otra persona hace que los problemas se hagan cada vez más grandes y cueste más trabajo solucionarlos.

Por eso es tan importante aclarar los malentendidos antes de finalizar el día, y jamás irte a la cama enfadado con tu hijo; una valiosa lección que también debemos enseñarles a los niños.

Es lícito enfadarse, pero debemos saber cómo gestionarlo

enfadarse con los hijos

La vorágine del día a día, el estrés y el cansancio que provoca tener que llegar a todo puede hacer que los adultos perdamos los nervios ante ciertas actitudes o conductas de nuestros hijos pequeños que consideramos poco apropiadas. Lo mismo sucede en el caso de los adolescentes, cuyos comportamientos no siempre son entendidos por los padres y pueden hacernos caer una "lucha de poder" sin sentido.

No lo vamos a negar; la convivencia familiar no siempre es fácil. Todos tenemos nuestras propias necesidades y cuando sentimos que nos están siendo tenidas en cuenta, es normal que tanto adultos como niños nos enfademos.

Pero en nuestras manos está enfocar el tema de una forma respetuosa y no "lanzarnos los trastos a la cabeza" unos a otros, aislarnos en nuestro orgullo o ponernos malas caras mutuamente. Debemos saber gestionar nuestro enfado y buscar soluciones eficaces para mejorar el clima familiar.

En este sentido, es fundamental el diálogo abierto y sincero, la expresión de nuestros sentimientos y, sobre todo, saber pedir perdón cuando nos equivocamos.

Si hemos tenido un conflicto con nuestro hijo, irnos a la cama enojados con él/ella no solo supondrá alargar una situación muy desagradable para ambos, sino que estaremos dándole un nefasto ejemplo sobre cómo solucionar los problemas, además de causarle daño emocional.

Siete potentes razones por las que debes hacer las paces con tu hijo antes de que acabe el día

hacer las paces

Así pues, si entre tu hijo y tú ha surgido un conflicto o una pelea y sientes que os ha afectado especialmente, no dejes de solucionarlo cuanto antes. A veces necesitamos algo de tiempo para calmarnos y aclarar nuestras ideas, pero en ningún caso deberíamos irnos a la cama enfadados los unos con los otros. ¿Quieres saber por qué?

1) Nuestros hijos se sienten mal (y nosotros también)

La primera razón (y con esta debería ser más que suficiente) es que nuestros hijos sufren profundamente cuando nos enfadamos con ellos. Nosotros somos sus figuras de apego, sus referentes; aquellos que los protegen, los sostienen y a quienes acuden cuando las cosas no van bien.

Si los niños detectan que sus padres se alejan de ellos y están tan enfadados como para no querer leerles un cuento o darles un beso de buenas noches antes de dormir, se se sentirán confundidos, angustiados y muy tristes.

Lo mismo sucede en el caso de los adolescentes, aunque puedan mostrar una actitud que nos haga pensar lo contrario. Y es que enfadarse con quienes más quieres causa un gran inestabilidad y daño emocional que es necesario reparar.

2) A veces, el orgullo no aporta nada positivo

Quizá sientas que lo que ha sucedido entre tu hijo y tú ha sido "la gota que ha colmado el vaso", como se dice coloquialmente. Puede que te sientas realmente dolido, frustrado y enfadado con él/ella. Pero perpetuar tu enfado y no buscar la forma de solucionarlo te llevará a caer en un orgullo que poco a poco irá acrecentando la distancia entre vosotros.

En estos casos el orgullo trae rencor y rabia, y hace que cada vez te cueste más hablar de lo ocurrido, aceptar las disculpas de tu hijo o pedirle perdón. Por tanto, visualiza qué es lo que quieres conseguir realmente: ¿solucionar vuestro conflicto y volver a sentiros en paz, o tener la razón pero continuar sintiéndole mal?

3) Cada día de nuestra vida debería ser una página en blanco

solucionar conflictos

Metafóricamente podríamos decir que la vida es algo así como un libro o un cuaderno en blanco que cada día vamos escribiendo con nuestros actos.

En este sentido, si nos vamos a la cama enojados con nuestro hijo y dándole vueltas a algo que ha sucedido, no estaremos poniendo un punto y aparte al capítulo del día, sino condicionando la página en blanco del día siguiente.

Y es que probablemente amanezcamos "rumiando" lo ocurrido el día anterior, y engordando nuestro rencor, frustración y rabia. Con estas emociones en la mochila, difícilmente podremos hacer frente a un nuevo día con actitud positiva y constructiva.

4) Solucionar los problemas nos aporta paz

Las preocupaciones y conflictos nos afectan emocionalmente a muchos niveles. Entre otras cosas provocan estrés, malestar, desasosiego, falta de concentración e irascibilidad. También afectan a la calidad del sueño, provocando insomnio e incluso pesadillas.

Por eso se dice que solucionar los conflictos nos aporta paz interior. Si además, ese conflicto ha provocado el enfrentamiento con nuestros hijos, su resolución nos hará sentir todavía mejor, pues ningún padre o madre desea estar enfadado con quien más quiere en el mundo.

5) Si no se solucionan pronto, los problemas se enquistan

Cuando evitamos hablar acerca de algo que ha ocurrido y nos ha afectado, el efecto que generamos es similar al de una bola de nieve; es decir, cada día que pasa el problema nos irá pareciendo más y más grande y los sentimientos negativos que nos produce irán aumentando, mermando la relación con nuestro hijo.

6) Educamos emocionalmente con nuestro ejemplo

Abordar los conflictos y mostrar voluntad para solucionarlos denota inteligencia emocional. Esta actitud conlleva respeto hacia la otra persona, empatía, escucha activa y habilidades de negociación.

Los padres somos el espejo en el que nuestros hijos se miran, por lo que cuando actuamos de esta forma, inconscientemente les estamos dando una valiosa lección de vida.

7) Nos re-conecta con nuestros hijos

conexión

La conexión emocional con los hijos es sumamente importante para que crezcan seguros, confiados y con una autoestima sana. Pero a menudo nos desconectamos de ellos y de sus necesidades, siendo las peleas y conflictos unas de las causas fundamentales de esa desconexión.

La conexión emocional debe basarse en una relación respetuosa y plena por ambas partes, en donde la confianza mutua, la sinceridad y la comunicación sean pilares fundamentales.

Por eso es tan importante detectar las "interferencias" que afecten a vuestra conexión para volver a re-conectar antes de que acabe el día.

¿Y si estoy tan enfadado que necesito más tiempo?

Si te sientes tan enojado con tu hijo como para no poder solucionar lo ocurrido antes de que acabe el día, quizá sea bueno replantearte si lo que ha sucedido es realmente tan grave como para justificar vuestro distanciamiento, aunque solo sea por una noche.

Si aún así, consideras que necesitas más tiempo para pensar, relajarte y encontrar una solución al problema, habla con tu hijo en confianza y con respeto. Dile que necesitas descansar y enfriar la situación, pero que mañana solucionareis juntos el problema. Sobre todo, hazle ver que a pesar de vuestras discusiones o de tener puntos de vista diferentes, lo amas  profundamente y siempre será así.

Foto de portada | Pexels

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