¿El talento nace o se entrena? Esto es lo que dice la ciencia sobre nacer con un don

¿El talento nace o se entrena? Esto es lo que dice la ciencia sobre nacer con un don
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¿Nacemos con talento o lo entrenamos? Cuando pensamos en personas con talento, solemos pensar que hay una parte innata (un 'don') y otra parte trabajada (las horas dedicadas, el esfuerzo...), y que la suma de ambas partes, es la que da lugar a estas personas que destacan en una área determinada.

Pero, ¿realmente nacemos con talento, o es que entrenamos mucho para potenciar ese talento? Reflexionamos sobre estas cuestiones a través de algunos estudios.

El verdadero don podría ser la habilidad de desarrollarlo

En el libro Número uno: Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos, el autor y psicólogo sueco K. Anders Ericsson revelaba con estudios y datos si hay un supuesto gen detrás de estas personas que llegan a sus picos en sus disciplinas.

Y está claro que hay personas que tienen una habilidad detrás de lo que hacen, pero, tal y cómo explica Pau Ninja basándose en diferentes estudios, no siempre es ese don innato que pensamos.

Por ejemplo, pensemos en esas personas que tienen un tono/oído perfecto (esas personas que saben cuál nota es cada sonido sin ninguna referencia musical). Se pensaba de ellas que esto era un talento innato. Con el que nacían. Hasta que más tarde algunos estudios confirmaron cómo se podía entrenar este perfect pitch.

Así, se podría decir que 'el verdadero don', es en realidad la habilidad de desarrollar dicho 'don' (el arte o talento que se tiene en X área).

La adaptabilidad del cerebro para progresar y aprender

Y esto tiene que ver con la adaptabilidad, con la flexibilidad de nuestro cerebro (incluso de adulto) para adaptarse a diferentes entornos y circunstancias y para aprender. Los científicos, desde los años 90, que se vienen dando cuenta de ello (de que todos tenemos este 'don de la adaptabilidad').

De esta forma, aprender implicaría desarrollar este don, que podemos llamar 'el don de la habilidad', que conlleva que nuestro cerebro se adapte al entrenamiento y a la práctica, de igual forma que hacen nuestros músculos.

Estudios sobre los cambios en nuestro cerebro

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Película 'En busca de Bobby Fischer' (1993)

Y hay evidencias de esa flexibilidad a nivel cerebral que incluso, modifica nuestro cerebro; por ejemplo, un estudio publicado en Dementia & Neuropsychologia en 2010 encontró que los músicos que comenzaron a tocar temprano tenían regiones cerebrales más grandes para controlar las manos.

Otro estudio encontró que los hipocampos de los taxistas (la estructura cerebral relacionada con la memoria espacial) son más grandes que las personas no taxistas, debido a la práctica diaria que hacen de esta habilidad a través de su trabajo.

Por otro lado, también se ha encontrado que los cerebros de personas ciegas y sordas se reconfiguran para encontrar nuevos usos para las partes no utilizadas. Y esto tiene que ver con el hecho de que, cuando practicamos algo lo suficiente, el cerebro recluta las neuronas para ayudarnos a hacer el trabajo de forma más eficiente.

Un interesante estudio sobre los talentos

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Película 'Un don excepcional' (2017)-

Uno de los estudios más famosos sobre el tema de los talentos, sobre si se nace con ellos o si, el entreno y la práctica, son los que los hacen crecer, fue llevado a cabo a principios de 1990 por el ya citado psicólogo K. Anders Ericsson y dos de sus colegas, en la elitista Academia de Música de Berlín. Allí dividieron a los violinistas en tres grupos:

  • Grupo 1: las 'estrellas', los que tenían más potencial para ser músicos de gran talla.
  • Grupo 2: los que eran juzgados por sus profesores como 'simplemente buenos'.
  • Grupo 3: los estudiantes que tenían escasas posibilidades de acabar dedicándose profesionalmente a la música.

A todos los estudiantes se les había preguntado cuántas horas habían practicado aproximadamente con su violín desde la primera vez que tomaron uno. En los tres grupos la respuesta fue similar: todos empezaron a tocar alrededor de los 5 años de edad, y todos practicaban unas 2 o 3 horas semanales.

Entonces, ¿qué fue diferente? Cuando los estudiantes evocaron sus prácticas a partir de los 8 años de edad, empezaron a surgir diferencias. Los estudiantes del Grupo 1 respondieron que a esa edad duplicaron las horas de prácticas. A los 16 años, ya practicaban 14 horas semanales. A los 20 años era posible que algunos ya practicaran unas 30 horas semanales.

Todos los estudiantes que habían practicado ese gran número de horas (alrededor de las 10.000) pertenecían al Grupo 1, al grupo de las estrellas. Ninguno que practicara menos podía colarse allí, y viceversa. Los miembros del Grupo 2 sumaban como máximo 8.000 horas. El Grupo 3, apenas 4.000 horas.

Repitieron el mismo tipo de experimento con una clase de pianistas, y los resultados fueron los mismos; los pianistas más sobresalientes siempre habían sumado al menos 10.000 horas de prácticas en toda su vida. Según Xataka, Mozart, como otros grandes músicos y talentosos en diferentes ramas artísticas, perteneció al Grupo 1.

Es decir, al grupo de las personas que practicó más horas. Lo que está claro es que se debe seguir investigando sobre ello para tener respuestas más precisas sobre este interesante debate, aunque seguramente haya una parte innata y otra, ambiental (lo interesante sería averiguar las proporciones).

Foto | Portada (Película Billy Elliot, 2000)

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