"¡Mi hijo tiene miedo al agua!": cómo ayudarle a superar este temor tan frecuente en la infancia

"¡Mi hijo tiene miedo al agua!": cómo ayudarle a superar este temor tan frecuente en la infancia
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La hidrofobia o miedo al agua es uno de los miedos más habituales en la infancia. Se trata de un miedo completamente lógico que surge como consecuencia de la inseguridad que genera el medio acuático; un entorno que no es el natural para el ser humano.

Tanto si tu peque tiene miedo al agua desde hace tiempo, como si este verano está experimentando por primera vez este miedo repentino, te explicamos por qué le ocurre y cómo puedes ayudarle a vencerlo.

Miedo al agua, un miedo muy habitual en la infancia

miedo al agua

El agua no es el medio natural en el que se desenvuelve el ser humano, por lo que es normal que a priori el niño sienta desconfianza e incluso miedo de adentrarse en una piscina o en el mar.

A esto hay que añadir otros factores estresantes, como el cambio de temperatura que experimenta el cuerpo cuando se mete en el agua, la profundidad, el hecho de no ver el fondo y no saber dónde se pisa -como sucede con el mar o con piscinas que cubren-,  los ruidos y el movimiento del oleaje...

Curiosamente, el bebé se desarrolla en el vientre materno dentro de su saco rodeado de líquido amniótico, lo que hace que durante los primeros meses de vida mantenga el reflejo innato del cierre de glotis. De este modo, al sumergirlo en el agua cerrará automáticamente el paso de las vías respiratorias.

Es por ello, que los bebés se adaptan con más facilidad al medio acuático cuanto más pequeños son, perdiéndose el reflejo de apnea con el paso de los meses.

Por este motivo, los expertos aconsejan fomentar lo antes posible el contacto entre el bebé y el agua, como base de un futuro y rápido aprendizaje en la práctica de actividades acuáticas como la natación, que tantos beneficios aporta a los niños.

"El verano pasado no tenía miedo al agua y este sí, ¿qué ha pasado?"

También sucede con frecuencia que al comenzar la época estival muchos peques manifiesten un miedo repentino a bañarse en el mar o en la piscina, a pesar de que el verano anterior disfrutaron como nadie de este tipo de actividades.

Este hecho suele generar mucha confusión en los padres, que se preguntan qué ha podido ocurrir para que de un año a otro las cosas hayan cambiado tanto.

A veces no es tan fácil identificar la causa de ese miedo repentino, pues por lo general suele deberse a experiencias traumáticas vividas o presenciadas por el niño que han pasado desapercibidas a ojos del adulto, o a las que incluso no les hemos dado la misma importancia.

Esto sucede, por ejemplo, cuando un niño ve a otro llorando con miedo al agua (muy típico en los cursillos de natación), haber visto alguna escena acuática impactante en cuentos o televisión, sufrir una caída involuntaria a la piscina (aunque esta no haya tenido mayores consecuencias) o "dar un mal trago" de agua mientras se baña, pueden ser motivos suficientes para que el niño active las alarmas.

A esto se une además el hecho de que a medida que los niños van creciendo se van haciendo cada vez más conscientes de los peligros que les rodean, y como decíamos al inicio, el medio acuático suele ser percibido con cierto recelo.

Así pues, de un año para otro es fácil que el niño pequeño olvide las experiencias satisfactorias y divertidas que le provocaba bañarse en el mar o la piscina, y este verano prefiera ver el agua desde la distancia.

Cómo ayudar al niño con miedo al agua

nadar

Lo más importante para superar el miedo al agua es que el niño no se sienta forzado ni solo. Y es que como siempre recomendamos, jamás hay que menospreciar sus sentimientos, pero sí ayudarle a superarlo desde el respeto, la confianza y el acompañamiento.

Os dejamos algunos consejos que pueden ayudar a los niños a superar su miedo al agua:

  • Jugad juntos en la bañera, "regaros" con la manguera o con una regadera, haced una guerra acuática con pistolas de agua... Este tipo de juegos acuáticos ayudan al niño a familiarizarse con el agua al tiempo que disfruta de un rato divertido.
  • Aproximaros a la piscina o al mar muy poco a poco, e id aumentando de forma gradual vuestro acercamiento a medida que el niño vaya ganando confianza.
  • Cuando esté listo para acercarse al agua lo suficiente, sentaos en el bordillo, meted las piernas y salpicar de forma divertida, o permaneced quietos en la orilla del mar y esperad a que las olas mojen vuestros pies.
  • Cuando el niño se sienta seguro, anímale a que se bañe contigo en la parte de la piscina que no le cubra, o cerca de la orilla en caso de estar en la playa. Ofrécele siempre tus brazos para que se sienta seguro y anímale a que chapotee, patalee, salte contigo y poco a poco vaya mojando su cabecita.
  • A medida que vaya ganando confianza, podrás animarle a que se suelte de tu mano y juegue con una pelota, baile en el agua o busque un juguete que haya tirado previamente, pero siempre a tu lado.
  • Ver a otros niños nadar, jugar y divertirse suele ser de gran ayuda para el niño, pues acabará sintiéndose motivado a hacer lo mismo que los demás para pasar un buen rato.
  • Cuida tu vocabulario cuando estéis en el agua, frases como "no tengas miedo", "no pasa nada", "tienes que ser valiente"... no solo no ayudan, sino que pueden aumentar la sensación de desconfianza. Tampoco debes compararle con lo que hacen otros niños. Respeta, acompaña y recalca cada pequeño paso que vaya dando.

Fotos | iStock

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