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carritos

El cochecito es un gran invento del mundo de la puericultura. Sin dudas, hay un antes y un después de su aparición. Facilita el transporte del bebé de un sitio a otro, lo tenemos complemente incorporado a nuestras vidas, pero en ocasiones se cae en un uso indiscriminado. El cochecito debería usarse sólo lo necesario.

Los primeros cochecitos, cunas con ruedas y manillar para transportarlas, aparecen hacia finales del siglo XIX entre las familias más acomodadas. Hacia mediados del siglo XX empezaron a lograr popularidad y se instalaron en toda la sociedad, logrando un gran avance hasta nuestros días en los que cada bebé tiene uno o más carritos.

Reflexionemos sobre algunas preguntas. ¿Es realmente necesario tener dos, o en ocasiones tres, cochecitos? ¿Es necesario que el bebé pase tanto tiempo sentado en el cochecito? ¿Es necesario utilizar el cochecito para andar unos pocos metros? Cómodo es, pero no es necesario. El bebé disfruta mucho más de un momento en brazos o “suelto” en el parque que sentado en el carrito.

No vamos a negar que nuestra vida no sería la misma sin el carrito del bebé, mucho menos nuestras espaldas. Este es un llamado a la reflexión sobre lo que nos hemos acostumbrado los padres al uso del carrito. En ocasiones, desde mi punto de vista, más que uso, un abuso.

Cargar al bebé, una buena opción

A todo bebé le encanta ser cargado en brazos. Para los recién nacidos, estar en contacto con la madre, es además una necesidad vital. El carrito impide satisfacer esa necesidad restringiendo la cercanía con el cuerpo de la madre.

Hoy en día encontramos un montón de modelos de portabebés, mei-tais, bandoleras, fulares, mochilas, pouch… Cada madre o padre puede escoger el que mejor se adapte a sus gustos y necesidades.

Así, al tenemos otra opción para transportar al bebé, tal vez dejemos aparcado el carrito por un rato y disfrutemos de un paseo con nuestro bebé a cuestas, una experiencia muy gratificante para ambos.

Es una forma más cariñosa de transportarlo y el bebé se sentirá más a gusto y tranquilo. Incluso es un buen método para aliviar los cólicos del lactante. Un motivo más para prescindir del carrito en ciertas ocasiones.

Por pocos metros…

Hemos llegado a tal punto que hasta para andar unos pocos metros bajamos el carrito del coche, lo desplegamos y a los cinco minutos lo volvemos a guardar.

Por ejemplo, hace un par de días. A metros de la puerta del cole de mis hijas. Una madre baja del coche y despliega el carrito del bebé para buscar al niño, que dicho sea de paso tiene dos años y sabe andar perfectamente.

¿No es más práctico evitarse el traqueteo de bajar, abrir, cerrar y volver a meter el carrito del bebé en el coche por apenas uno escasos metros? Máxime cuando el niño ya anda solo, y en el caso de que no ande, los brazos son una excelente opción en estos casos. El bebé tan contento.

Cuando el bebé camina

Como comentaba arriba, cuando el bebé ya camina no hace falta que vaya todo el tiempo sentado en el carrito. Puede andar un rato de la mano o incluso empujando el carrito, cosa que les encanta, pero no es necesario que permanezca toda una tarde de paseo atado en su carrito simplemente porque a los padres nos resulta más cómodo.

El bebé no está incapacitado y como a todo bebé le gusta explorar, tocar y descubrir. Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta su seguridad, no es lo mismo la calle que un centro comercial o un parque.

Aunque todavía no camine solito, también es lógico que el niño se canse o se aburra de estar en la misma posición durante muchas horas. Se puede alternar el uso del carrito con cogerlo en brazos (le encantará verlo todo desde otra perspectiva), o sentarse con el bebé en las faldas a jugar un rato con él.

Poner el mundo a su alcance

En cualquier parque se pueden ver bebés sentados y atados en sus carritos privándolos del contacto con otros niños y con el entorno.

El niño necesita interactuar, tocar, conocer y experimentar cosas nuevas. Para eso tenemos que poner todo el mundo a su alcance. Al restringir sus movimientos se le está coartando la posibilidad de descubrir el mundo en libertad.

Este no es un ataque al carrito ni mucho menos. Los padres estamos agradecidos que este invento haya llegado a nuestras vidas, pero creo que deberíamos ser más conscientes, en beneficio de nuestros hijos, de usarlo sólo lo necesario.

Foto | skeedy in NYC en Flickr
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