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Madre e hijo

Hace unos días fui al cine aprovechando que los Premios Goya han puesto de actualidad algunas películas y se han repuesto en los cines. No podía dejar pasar de nuevo la ocasión de ver “Lo imposible”, y disfruté de una gran película sobre temas muy diversos, entre los que quiero destacar la fuerza que nos dan los hijos y lo fuertes que son ellos.

Imagino que ya sabréis que “Lo imposible” es una película basada en la historia real de una familia española que vivió en primera persona la tragedia del tsunami que devastó la costa del sudeste asiático en 2004. Y si se suele decir que la realidad supera la ficción, en esta película se ve claramente.

La película me ha dejado bastante impresionada, tanto que he buscado las entrevistas que se han publicado de María, la mujer protagonista interpretada en por Naomi Watts y que asesoró en todo momento la realización del film.

Ella señala que incluso se tuvo que eliminar escenas porque resultaban demasiado inverosímiles. Y yo que pensaba que se había añadido mucha ficción al tema… Un aviso: SPOILERS, a partir de ahora desvelo parte del argumento de la película, por si no queréis enteraros de este modo…

Lo imposible y la fuerza de padres e hijos

La familia se va de vacaciones en Navidad a un lugar paradisiaco, un complejo hotelero en Tailandia. Ni imaginan lo que les viene encima, el devastador tsunami del 26 de diciembre de 2004 que dejó miles de muertos.

Quiero centrarme en la relación que se establece entre la madre y su hijo mayor, Lucas, cuando llega la gran ola y la familia (marido interpretado por Ewan McGregor, mujer y tres hijos, de diez, siete y cinco años) se separa.

María después de ser engullida y herida con el primer impacto de la ola, sale a la superficie, está dolida, asustada y piensa que toda su familia ha muerto. Diría que a punto de abandonar, hasta que oye a su hijo mayor Lucas, flotando como ella y arrastrado por la gran corriente del mar que ha engullido el hotel y la costa por completo.

Sobra decir que en ese momento salta un resorte y la madre malherida saca fuerzas de donde no las hay para intentar salvar a su hijo. Cuando logran unirse y sobrevivir a la segunda embestida del mar, hay una escena que me impresionó sobremanera (bueno, en realidad empecé a llorar cuando se acerca la ola y casi no paré hasta el final de la película).

Me refiero al momento en que Lucas ve a su madre malherida, con un pecho y un muslo casi desprendidos. El niño se impresiona, le dice a su madre, llorando, que no puede verla así, y en ese momento su madre le cede el primer puesto en su peligroso camino a través de las aguas y un mundo devastado.

El hijo acaba de convertirse en un héroe, el que abre camino, el jefe de la menguada familia. Sigue siendo un niño asustado, le impresionan las heridas de su madre, llora, pero quiere ir primero y ayudarla a avanzar, a subir a un árbol para protegerse, a alimentarla… los papeles se han intercambiado en cierto modo.

Ella está en muchos momentos al borde de la muerte pero saca fuerzas para seguir adelante y para que su hijo no pierda sus fuerzas, orientándolo en todo. Y su hijo es muy valiente y aprende pronto muchas lecciones de humanidad y solidaridad.

En una entrevista asegura María Belón, la verdadera protagonista de la historia, que cree que pasaron pocos minutos desde el tsunami hasta que se dio cuenta de que su hijo había crecido de repente convirtiéndose en un hombre con una fortaleza increíble.

También ella señala que no quiere que se vea la película como una historia de una madre, de una familia, sino de las miles de familias que, como ellos, pudieron sobrevivir, pero también un homenaje a todas aquellas personas que ayudaron a los afectados y también un homenaje a los que murieron en la catástrofe.

Lo imposible - maternidad

Una historia de solidaridad

Hay otro momento que me impactó y que sucede cuando madre e hijo acaban poniendo los pies sobre el suelo tras el tsunami y empiezan a ver alguna víctima, y oyen a un niño llorar y pedir ayuda.

Lucas solo piensa en salvarse, pero su madre lo convence para ir a ayudar a ese niño: “Piensa que es uno de tus hermanos el que necesita ayuda”. Lucas insiste en que su prioridad es salvarse ellos mismos, pero su madre le contesta: “Aunque sea lo último que hagamos”.

Otro ejemplo de fortaleza y que además no solo salva la vida de este pequeño, Daniel, sino que además finalmente gracias a la ayuda de María y Lucas, este encuentra a su padre que también había sobrevivido (ya os dije que a veces la realidad supera la ficción).

Está claro que una madre (cualquier persona, imagino) no podría vivir con ese cargo de conciencia de no ayudar a un niño.

Cargo de conciencia que tampoco hubieran soportado los habitantes de esta zona de Tailandia cuando, a la búsqueda de sus familiares que trabajaban en los hoteles, no dudaban en ayudar a las personas supervivientes que encontraban en su camino y acercarlas al hospital con los mínimos medios de que disponían.

No sé si esta historia se verá de otro modo si no se tiene hijos. Es probable que sí, porque al hecho de saber que se trata de una historia real y que ya pone los pelos de punta a cualquiera, se suma la empatía que sentimos de inmediato con los padres derrotados por lo que creen que ha sido la pérdida de su familia y revividos en su búsqueda.

Pero no hemos de perder de vista que, más allá de madres, padres e hijos (que es lo que he querido destacar aquí), hablamos de historias de personas.

“Lo imposible” no es una película de catástrofes al uso. Tampoco es la historia de una familia. Va más allá, y nos habla de la supervivencia y la muerte de muchas personas, de la fuerza del ser humano, de los vínculos renovados y reforzados frente a una situación límite.

De cómo se puede buscar y ver la luz a pesar de las tinieblas, del ahogo, surgiendo a la superficie en una gigantesca, esperanzadora y luminosa emersión, trasladada impecablemente a la pantalla con esa escena del sueño de la madre y su mano primero y todo su cuerpo después buscando la luz.

Y sobre todo, los que sois padres lo entenderéis y lloraréis con ello, “Lo imposible” nos habla de otro tsunami, un tsunami emocional, lo increíblemente fuertes que podemos ser frente a una desgracia si tenemos que sobrevivir por nuestros hijos y lo increíblemente fuertes que son nuestros hijos. Pequeños héroes.

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