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Educando a nuestros hijos

Te pasas la infancia y la adolescencia pensando que tus padres están equivocados en muchas cosas, les dices que no te parece que sea por tu propio bien y que seguirás sin entenderlo cuando seas padre, les repites que no serás igual a ellos en el futuro y que seguro que podrían hacerlo de otra manera y cuando llega el momento de demostrarles y demostrarte que estabas en lo cierto, vas y crías a tus hijos del mismo modo que te criaron tus padres.

Esto que acabo de explicar podrían firmarlo, seguro, la mayoría de padres actuales. La razón de que esto suceda es que es muy diferente ver las cosas desde un lado de la barrera a verlas desde el otro, y que el paso del tiempo, para bien o para mal, hace que las viejas rencillas se hayan solucionado u olvidado. Con esto quiero decir que muchos padres de ahora hacen con sus hijos lo mismo que sus padres hicieron con ellos, simplemente, porque no son conscientes de que en otro tiempo se prometieron no ser así.

Es normal, y es lógico

Antes de entrar en materia, quiero aclarar que no es esta una entrada dedicada a culpabilizar a nadie por cómo está criando a sus hijos. Es normal, y perfectamente lógico, que los en otro tiempo hijos nos acabemos por convertir en nuestros padres, en lo que ellos eran. Es normal porque la única manera que conocemos de estar con un hijo, de ser padres, es mediante el modelo del que más hemos mamado, que no es otro que el de nuestra madre y nuestro padre. Ellos tuvieron una relación madre e hijo, o padre e hijo, y nosotros acabamos por copiar los comportamientos que vimos como hijos, aplicándolos ahora como padres.

¿Queremos ser nuestros padres?

Entonces, la duda, la pregunta a la que debemos dar respuesta es si nos parece bien acabar siendo como nuestros padres y educar del mismo modo. La respuesta, evidentemente, no es un sí o un no, porque seguro que nuestros padres hicieron muchas cosas maravillosas con y por nosotros. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, si se dieron aquellas situaciones que he relatado en el primer párrafo, esas en que pensábamos que estaban tremendamente equivocados y que eran injustos con nosotros, quizás hubo cosas que pudieron haber hecho mejor.

Lo importante es ser conscientes de nuestro modo de educar

Puede suceder que ahora, visto desde una perspectiva más madura de los hechos nos demos cuenta de que sí, de que en realidad tenían razón, aunque puede suceder también que pensemos que estaban equivocados, y que queramos escoger ser nosotros mismos y no nuestros padres. Lo ideal entonces es tratar de hacerlo a nuestra manera, del modo que antaño pensamos que seríamos cuando fuéramos padres y quizás del modo que hace que tanto nuestros hijos como nosotros podamos ser felices.

Nos equivocaremos muchas veces, les gritaremos como hacían nuestros padres, quizás les faltemos al respeto o seamos excesivamente duros en cosas triviales, como lo eran nuestros padres, quizás no sepamos controlar nuestros nervios y andemos justos de paciencia, como también les sucedía a nuestros padres. El caso es que, cuando suceda, lo importante es ser conscientes de que en nuestros actos se están viendo reflejados los comportamientos de quienes nos educaron.

Siendo conscientes podemos acabar por conocer los comportamientos, trabajarlos, controlarlos y, quién sabe, eliminarlos. Son muchos los padres que pueden explicar que al principio se enfadaban mucho y gritaban y que ahora han aprendido a contar hasta diez, a tomarse las cosas con más calma y a solucionar los problemas de un modo más diplomático. Son muchos los padres que seguro que pueden explicar que están haciendo cosas que sus padres no hicieron, y lo que es más importante, que están siendo los padres que probablemente les habría gustado tener.

Repito, nuestros padres lo hicieron seguramente lo mejor que pudieron o supieron, y por eso les seguimos queriendo. Sin embargo, nosotros, como padres, tenemos la responsabilidad de ser nosotros mismos, y no ellos. Debemos liberarnos de los automatismos que nos salen sin querer en momentos de estrés para responder de un modo acorde a las circunstancias, con temple, paciencia y con soluciones constructivas. Sólo así creceremos como padres y personas y sólo así ayudaremos a nuestros hijos a crecer y madurar teniéndonos como guías en el camino, por si alguna vez se pierden.

Tratad de recordar vuestra infancia, tratad de sentir de nuevo lo que sentíais cuando vuestros padres hacían lo mismo que hacéis ahora con vuestros hijos. Tratad de ver de nuevo vuestra niñez a través de la de vuestros hijos y aprovechad todos esos sentimientos, sobretodo los que más duelen, para romper con el pasado y construir un nuevo presente, uno en el que podamos amar, abrazar y besar a nuestros hijos tanto como queramos, uno en el que seamos sinceros con ellos y con nosotros mismos, sabiéndonos imperfectos y haciéndoles saber que lo somos, uno en el que, además, seamos honestos, y sepamos pedir perdón cuando nos equivoquemos. Quizás, con todo ello, nuestros hijos aprendan a ser también, en el futuro, padres honestos, sinceros y cariñosos, y padres que sepan entonces aprovechar nuestras imperfecciones para seguir mejorando.

Foto | Tobyotter en Flickr
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