Síguenos

Viajando en tren con niños

Un buen medio de transporte para viajar con niños es el tren. Son rápidos, cómodos y nos aportan un plus al tener un espacio bastante aceptable para que nuestros hijos no se sientan como sardinas en lata. Si hablamos de trayectos de larga distancia y si hemos comprado los billetes con cierta adelantación el ahorro puede ser importante. No presentan las restricciones de los aviones en cuanto a equipajes se refiere, si bien es conveniente no meter la mitad de los armarios de casa en los maleteros.

Muchos de ellos presentan zonas de mesa que podemos reservar para poder llevar entretenidos a los peques muy cómodamente durante el viaje (benditas tablets). Y podemos encontrar el vagón cafetería para tomar algo o calentar leche, purés o lo que se tercie. Haciendo más grata nuestra experiencia de viajar con niños en el tren.

Preludio

Y así vas tú tranquilamente viajando hacia vuestro destino, intercambiando cuentos con juegos, el móvil, canta juegos, etc. todo un despliegue que ya lo quisieran muchos centros de ocio, cuando el mayor suelta la frase: ¡¡¡me hago piiiiiis!!! En un tono que no solo lo ha oído el resto del vagón sino que estás seguro que pronto aparecerá el revisor a ver qué haces. Y tu sueltas la típica pregunta inútil, pues ya sabes la respuesta.
-¿No te puedes aguantar?
- No

¿Aguantarse?¿Hasta dónde? Si estáis a trescientos kilómetros de vuestro destino, ¿de verdad piensas que se va a aguantar hasta que llegues? ¡Si ni siquiera tú eres capaz de aguantar!

Si tienes la suerte de viajar acompañado sólo hay que salir disparado con el meón dejando al resto de la prole en el sitio, pero si ese no es tu caso, entonces, tienes un pequeño problema. No puedes dejar a los no migitadores al cuidado de uno de tus compañeros de asiento, de hecho es que hay algunos a los que no les dejarías ni un pitbul.
Las revistas y cuentos se pueden quedar, pero el resto de aparatos electrónicos ni de coña. Así que rápidamente empiezas a guardar el portátil y recuperas tu móvil de las manos del pequeño, con el consiguiente disgusto de este que por supuesto ni entiende ni comparte el por qué se tiene él que quedar sin diversión cuando es su hermano el que se mea. Y no le falta razón, la verdad.

Pero en estos momentos no es hora de dialogar sino de correr, y eso haces… ¡directo al baño!

Los baños

Los baños en trenes y aviones son un mundo singular; del tamaño algo mayor que el de una caja de muñecas, en los que algún ser con cero nociones de espacio y mucho tiempo libre ha intentado meter dentro todas las comodidades del baño de la suite de Paris Hilton y claro, aunque la mona se vista de seda…

Si ya es complicado moverte en ese habitáculo tu solo, imagina hacerlo con un infante que está a punto de desbordarse y otro que al no tener prisa ninguna se dedica a tocar todo lo que pilla y meter la mano en cada uno de los orificios que ve.
Y así comienza la primera de tus sesiones de contorsionismo y malabarismo del viaje. Con una mano sacas al pequeño, que no sabes cómo pero se las ha ingeniado para meter medio cuerpo en la papelera, mientras con la otra intentas desabrochar el pantalón del mayor que no para de dar saltos y girar sobre sí mismo, maldices la hora en que decidiste ponerle un 7 botones en vez del pantalón del chándal. Al final desistes de los botones y le bajas los pantalones por el método del tirón. En ese momento no llevas ni 10 segundos ahí dentro y estás sudando como si estuvieras en un baño turco (realmente la temperatura es bastante similar).

Todo lo anterior lo vas haciendo mientras los tres os balanceáis de una pared a otra y con todo esto debes convencer al mayor de que no hay peligro en sentarse, y que si, que tu le sujetas para que no se caiga del tren. No te aconsejo que lo haga de pie si no queréis cambiaros los tres de ropa, al final puede más las ganas de mear que el miedo y accede a encaramarse a la taza justo en el preciso instante en que el pequeño descubre el botón que vacía esta y tira de la cadena metiendo un susto de muerte a todos. Los pocos reflejos que te quedan son suficientes para evitar que el mayor se caiga de cabeza en líquido ese de colores y para sujetar la mano del pequeño antes de que vuelva con la moviola. Tras otros diez interminables segundos se acaba la urgencia y claro, ahora le toca al mayor explorar el baño.

El desenlace

¿Y el papel higiénico?. Tu instinto te lo está gritando, sabes que estaba ahí cuando entraste, y sabes de sobra que llegas tarde; para cuando te giras para ver que ha hecho el pequeño, compruebas aunque sin saber muy bien cómo lo ha hecho en ese espacio, que ha conseguido auto momificarse la mitad del cuerpo.

Por fin salís del baño, ellos corriendo y tu empapado en sudor, con medio rollo de pañal saliendo del bolsillo trasero y cara de ¿cuánto falta para llegar?

Una aventura más de viajar con niños en el tren.

Foto Train Chartering & Private Rail Cars en Flickr
En Bebés y más | Viajar con bebes en tren

Deja un comentario

Ordenar por:

0 comentario