
He estado leyendo hace poco declaraciones del ex-efensor del menor y psicólogo Javier Urra en las que achacaba los suicidios y problemas de droga de los jóvenes a la sobreprotección de los padres y proponía mucha relación social con personas cercanas para ser más felices. Y yo me pregunto, la felicidad, ¿dónde la perdieron cuando eran niños?
Mirad, por supuesto, la sobreprotección entendida como despreocupación real o represión no es buena y claro que rodearnos de personas que amemos nos hace felices (siempre que sea un amor sano y no abusivo).
Pero, en general, la idea de que la sobreprotección causa los problemas de drogas, depresiones y suicidios me parece simplista, adultocentrista y francamente ofensiva hacia los niños que han sufrido, de verdad, traumas y violencia por falta de la protección adecuada de quienes debían cuidar de ellos. Creo que hay que pensar, primero, en las victimas infantiles de la violencia, esas que perdieron la felicidad cuando eran niños.
La felicidad debería ser la esencia de la infancia, y de hecho, debería ser el motor y objetivo de nuestras vidas. Pero hay personas que parece que nunca logran la felicidad y parece que el suicidio, la droga, la delincuencia, la depresión y la incapacidad para manejar las propias vidas acecha a muchas personas desde su primera juventud.
Seamos claros. La infancia actual puede que sea protegida como nunca por las leyes y que los padres procuren evitar riesgos a sus hijos, pero si vamos a los datos sobre la violencia que sufren los niños, veremos que por donde habría que empezar a investigar cuando un joven tiene un problema no es en si sus padres lo quieren “demasiado” o lo consienten “demasiado”.
Donde tendríamos que investigar de verdad en los traumas, abusos y exposición a la violencia que el joven haya podido sufrir desde la infancia y la adolescencia.
Por eso quisiera citar algunos datos muy generales sobre la violencia que sufren los niños. En algún caso puedo dar cifras, en otros no, porque son cifras que parece que a nadie le importa investigar.
Espero que estas ideas, sirvan, en parte, para refutar la simplista explicación del señor Urra sobre la causa de la infelicidad en los niños y en los jóvenes, los problemas de droga, la depresión y los suicidios en los jóvenes.
Desde luego a mi me parecen cuestiones mucho más graves y decisivas en la biografía personal de alguien y también considero que pueden ser la causa de la infelicidad: de muchos problemas psicológicos, sociales y emocionales que esas personas, sin una terapia adecuada, pueden arrastrar toda su vida.
Todos estos hechos creo que explican mucho mejor las posibles causas de los traumas, la victimización, la incapacidad para afrontar retos, las adicciones, la depresión y el suicidio que las teorias adultocentristas. La violencia y el maltrato son, seguramente, causas de la pérdida de la felicidad y la competencia de muchos niños, que, pese a la resiliencia del ser humano, pueden quedar lastrados para siempre.
Cuando se proteja de verdad a los niños de toda esa violencia, hablamos, si quiere usted, señor Urra, del concepto de sobreprotección. Hasta entonces, por respeto a las victimas, creo que hay que ser más serio cuando hablemos de esos niños que perdieron la capacidad para ser felices.
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