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Estábamos hace unos días esperando en la puerta del colegio a que llegaran las tres y abrieran la puerta cuando dos niños armados con juguetes bélicos se acercaron a nosotros para “matarnos”.

Mi hijo, y otros niños que al parecer no habían visto una pistola de juguete en su vida, se quedaron extrañados, quietos, patidifusos, ante el “pum, pum, muerto” de esos niños.

Alucinados nos quedamos también los padres de que en el año 2009, en pleno siglo XXI, aún se vendan y se compren juguetes bélicos.

Nosotros también jugamos con ellos

“¿Qué hay de malo?”, se preguntarán muchos padres, “nosotros también jugamos con ellos”. Y es cierto, yo tuve una escopeta con un corcho y una cuerda que saltaba al disparar. Tuve una pistola que parecía real pero que sólo hacía el ruido de un petardo al disparar, tuve pistolas de agua y seguro que tuve más armas que ahora no recuerdo y mira, “no soy ningún asesino ni delincuente”.

Cientos de personas son capaces de decir que tuvieron armas y no se han convertido en asesinos, pero claro, dudo que el actual delincuente o el actual asesino diga nunca “yo tuve armas y juguetes bélicos y bueno, sí, yo me convertí en el personaje de mis juegos de infancia”.

Así que no sabemos si el hecho de tener juguetes bélicos o no puede predisponer a generar adultos potencialmente violentos, por lo que el debate no debe ir por aquí, buscando el “qué hay de malo”, sino por otro sitio, preguntándonos: “¿Qué hay de bueno?”.

¿Qué hay de bueno?

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Pues nada. No aporta nada al niño que dispara excepto la diversión de imaginar que tiene el poder de hacer daño a los demás (si es que llega a imaginarlo, porque muchos no saben ni lo que es la muerte) y no aporta nada al niño que recibe el disparo, porque tampoco tiene por qué entender que le han matado.

Uno puede pensar que es divertido jugar a indios y vaqueros y que el que dispara primero gana. De acuerdo, puede ser divertido, pero se pueden utilizar otros juegos similares en que nadie mate a nadie y en el que haya que, por ejemplo, tocar y evitar ser tocado.

Como padre recibí muy mal los tiros de esos dos niños. No me hacen gracia alguna y aunque me encanta jugar con los niños y hacer el payaso, que me disparen no entra dentro de lo que considero un juego divertido, por lo que me limito a quedarme quieto en plan “si me disparas, soy invencible”.

Creo que demasiado dolor hemos visto los adultos de hoy en día simplemente encendiendo la televisión a las tres de la tarde como para permitir a nuestros hijos que jueguen a hacer daño a otras personas.

Fotos | Flickr (fredandcharlie), Flickr (erix!)
En Bebés y más | Juguetes bélicos, Prohibida la fabricación o venta de juguetes bélicos en Argentina, Jugar a matar

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