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En más de una ocasión he oído a alguna mujer explicar que cuando fue madre su pie creció. “Qué raro”, pensaba yo cuando oía algo similar, “será que se le hinchan y por eso debe comprar zapatillas algo más grandes”.

Sin embargo, algunas madres seguían con medio número más (más o menos es eso cuanto crece) aún después de ser madre y, evidentemente, la hinchazón ya no estaba presente.

Entonces empecé a investigar, más por curiosidad que por otra cosa, y ahora puedo afirmar sin temor a equivocarme que sí, que los pies de las mujeres embarazadas crecen. No los de todas, pero sí los de muchas.

Los pies crecen por la acción de la relaxina

La razón de que los pies de las embarazadas (y luego madres) crezcan es la relaxina, una hormona que se segrega siempre, pero que alcanza algunos picos durante el embarazo, cuya función es ayudar al bebé a desarrollarse y favorecer su salida en el parto, al relajar los ligamentos de las articulaciones de la pelvis, haciéndolos más elásticos y permitiendo que se abra más y se ensanche así el canal del parto.

Pues bien, la misma relaxina que ayuda a la pelvis a abrirse hace que el resto de ligamentos sean también más elásticos y ahí es donde entra el pie de la embarazada. Al haber más elasticidad, los arcos de los pies se aplanan ligeramente (con ayuda del aumento de peso) y por esta razón el pie es algo más grande.

¿Vuelven los pies a su tamaño original?

Depende, aunque la mayoría de las veces sí. Hay mujeres que expresan que durante los embarazos le crecieron y luego se mantuvieron así y hay otras que estuvieron un tiempo utilizando zapatos más grandes, pero luego pudieron volver a usar los que ya tenían.

Foto | Christian Haugen en Flickr
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