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Hace unas semanas os hablé de los dibujos que hace mi hijo, poco elaborados, pero cargados de mensaje, pues él dibuja para expresar algo y no precisamente para expresárselo a alguien, sino que lo hace como una necesidad de contar algo sin destinatario concreto (no viene con sus dibujos a enseñárnoslos, a menos que con algún dibujo en concreto sí quiera mostrarnos algo).

En esa entrada mostré mi preocupación ante la posibilidad de que alguien en el colegio trate de enseñarle a dibujar, de que le dé directrices y de que coarte de ese modo su método o su manera de “hablar” mediante el dibujo.

Centrándome un poco en esa visión, quiero iniciar hoy una serie de entradas (tres, para ser más concreto), para explicar cinco cosas que hacemos los adultos, inconscientemente y normalmente con la mejor intención, que ayudan a que los niños pierdan la creatividad y las ganas de dibujar.

1. Llama garabatos a sus primeros dibujos

El primer error que todos los adultos cometemos es tratar los primeros dibujos de los bebés como a garabatos. Solemos decir “es pequeño, no sabe dibujar más que garabatos”, porque creemos que dibujar es expresar algo que los demás tienen que saber ver y, cuanto más real sea la representación, mejor dibuja el niño.

Sin embargo, los niños que hacen círculos constantes e inacabables, como si el bolígrafo no pudiera dejar de girar en su mano, están dibujando y lo están haciendo bien, porque es lo que tienen que hacer.

Dice la RAE que un garabato es un “Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc.”, además de ser una “Escritura mal trazada”. Sería algo así como un dibujo mal hecho, algo que puede y debe estar mejor y creo que no me equivoco cuando digo que todos tenemos como concepto de garabato el de una serie de trazos sin orden ni sentido que no muestran nada a la persona que lo ve.

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Pero para los niños sí tiene sentido, porque es una primera fase que deben hacer, un primer paso tras el que pasarán al siguiente, cuando esa suma de círculos continuos se limita a uno solo (que a su vez irá evolucionando hacia el triángulo, el cuadrado y otras formas que un niño hace de manera natural sin que nadie le enseñe).

Digo que la debe hacer porque para llegar al primer círculo o a la primera espiral aislada, el niño entrena girando el boli constantemente, como cuando repite una palabra cientos de veces en contextos diferentes antes de hacerla suya.

Entonces, algo tan útil y válido como ese dibujo de entrenamiento no debería llamarse “garabato” o, de llamarse así, deberíamos cambiar el concepto de la palabra porque cuantas más hojas rellene un niño con sus trazos más estará disfrutando y más estará aprendiendo.

Es como si a un niño que está aprendiendo a hablar y a los dos años dice “toche”, en vez de coche, alguien le dice que habla mal. No es que hable mal, es que tiene dos años y habla por lo tanto como un niño de dos años. Entonces, para la edad, lo hace bien (imaginad además las consecuencias que puede tener que un niño de dos años escuche a alguien decir de él que habla mal).

Continuará

Hoy no me quiero extender más, así que id dándole vueltas al mensaje que hoy os he dejado y mañana seguimos con más consejos para conseguir que nuestros hijos no quieran sentarse a dibujar, sino que prefieran hacer otras cosas que les motiven más.

Fotos | Plindberg, Bberlin2010 en Flickr
En Bebés y más | La importancia de la expresión artística, Claves para interpretar los dibujos de los niños, Educando la creatividad: la imaginación es uno de los mejores juguetes que existen

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