'Soy un niño sensacional': niños con desorden de procesamiento sensorial

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Hay niños que no perciben el mundo que les rodea al igual que lo hacen los demás. Son niños que padecen un desorden del procesamiento sensorial, un problema de integración sensorial que les impide interpretar y organizar adecuadamente las informaciones captadas por los órganos sensoriales del cuerpo.

‘Soy un niño sensacional’ es el slogan de la campaña para concienciar sobre la existencia de este trastorno en los niños. Es un desorden poco conocido (para mí es toda una novedad), por lo tanto hay muchos niños que lo padecen que no son tratados convenientemente.

El niño que padece un trastorno en el procesamiento sensorial (TPS), también llamado disfunción de la integración sensorial (DIS), es un niño que tiene reacciones emotivas exageradas, no soporta cambios en su rutina diaria, tiene problemas de conducta y aprendizaje, es muy inquieto, se asusta fácilmente, tiene problemas de sueño, de autonomía en el cuidado personal y para hacer amigos.

Algunos síntomas se pueden detectar desde que el niño es muy pequeño, aunque son muy confusos, como irritabilidad, problemas para regular el sueño, llanto excesivo, signos bastante habituales en los niños pequeños. Entre los 2 y los 4 años se puede sospechar de un TPS si además de los anteriores tiene problemas para manipular objetos pequeños, pedalear, vestirse o trepar.

Además de los síntomas que véis en el dibujo de arriba, se puede sospechar que el niño tiene un procesamiento sensorial anómalo si:

  • No puede llevar a cabo con normalidad actividades cotidianas como higiene personal, alimentación, juego, tareas escolares.
  • Llora mucho, se le considera irritable.
  • Duerme mal: tiene dificultad para quedarse dormido o mantener el sueño conciliado.
  • Come mal: rechaza texturas, sabores, olores.
  • Rechaza ciertos cuidados de higiene: lavar la cabeza, limpiar oídos, cortar el pelo, cepillar los dientes, cortar las uñas.
  • Muestra fuertes preferencias por ciertas prendas de vestir, le molestan los zapatos, se queja de arrugas en los calcetines, rechaza que se le ponga un sombrero.
  • Rechaza tocar ciertos materiales como la arena, la pintura con los dedos y la plastilina.
  • No parece darse cuenta de que está sucio y lo toca todo.
  • Le gustan de manera excesiva los juegos de dar vueltas, los columpios y los parques de atracciones. No parece marearse nunca.
  • Evita todo tipo de movimiento brusco, se mantiene al margen de los columpios y los parques de atracciones.
  • Parece más blando que otros niños; si lo cogemos para levantarlo, lo sentimos como un peso muerto.
  • Se cansa rápidamente en las actividades físicas.
  • Parece más torpe que los niños de su edad.
  • Posee baja auto-estima y tiene pocos amigos.

Vía | Psicopedagogía al día
Más información | Asociación Española de Integración sensorial, Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención temprana

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