
Las french toasts son unas tostadas muy típicas en Estados Unidos, aunque lleven nombre de tostadas francesas. Éstas esconden una larga historia detrás de ellas: fue creada por cocineros europeos que pretendían aprovechar la comida de la que disponían para alimentar a sus familias.
La idea surgió para aprovechar el pan del día anterior, término conocido como pain perdu (pan perdido o desaprovechado); este pan podía ser aprovechado humedeciéndolo y posteriormente calentándolo. A la receta tradicional, se le añadieron los huevos, para dar un toque de humedad al pan y aportar proteínas al plato.
En realidad las french toasts vienen a ser como una especie de torrijas a la españolas pero fritas con mucho menos aceite.
La receta que hoy os enseño dista bastante de la de french toasts pues no incluye ni leche ni canela pero de aspecto son bastante parecidas y nuestros hijos disfrutarán igual con unas que con otras.
Lo primero que hay que hacer es tener en cuenta la seguridad en la cocina para los niños, no dejarles acercarse a los fogones sin estar nosotros al lado, no dejarles cuchillos afilados a su alcance, etc.
Y ahora vamos con la receta, ya veréis que es tan fácil que la puede hacer cualquier persona que no sepa ni freír un huevo.


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