
Las bolas de nieve no deberían llamarse así, pues ello hace que las relacionemos con el invierno y muchas veces, las bolas de nieve, no llevan precisamente nieve.
Puesto que esta semana ha sido la lluvia de estrellas típica de agosto, he decidido hacer esta manualidad con la ayuda de mi hijo convirtiendo una bola de nieve en una bola de lluvia de estrellas.
Mi madre y abuela de mi hijo, es una especie de fetichista de las bolas de nieve, creo que debe tener alrededor de unas 100 bolas. Cada amigo/familiar suyo que viaja, le trae una bola de nieve de recuerdo del país visitado, así que os podéis imaginar lo que puede llegar a disfrutar mi hijo en cuanto va a casa de su abuela.
Un buen día, mi hijo cogió una de las bolas de nieve favoritas de mi madre y, cosas de niños, la lanzó al suelo, fue un gran experimento para un bebé de 10 meses, pero una gran pérdida para mi madre, la bola en concreto era de lo peor que había visto yo en mi vida, una bola que al girarla emitía una canción pegadiza en alemán, no recuerdo exactamente qué cantaba (ni ganas), la cuestión es que era la preferida de mi madre y ya hacía meses que quería regarle una de estas bolas.
Pero como no he dado con ninguna que me gustara ni una pizca, decidí que fuese mi hijo quien le hiciera una con el muñeco que él mismo escogiera y, como no, fue Dora (no es precisamente la muñeca más mona tampoco, pero sabía que a mi madre le haría gracia el regalo).
Así que, tras un largo rato discutiendo con mi hijo de 2 años sobre qué muñeco escoger (cada minuto se arrepentía de su decisión tomada), acabamos por quedarnos con Dora (el tamaño era perfecto y sus pies planos, ahora entenderéis el porqué).
Os dejo un vídeo donde hacen la bola con las figuras también caseras. Y en vez de purpurina utilizan la raspadura de un CD.
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