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¿Eres el ventrílocuo de los niños? Cuando no hablan ellos, sino tú
Ser Padres

¿Eres el ventrílocuo de los niños? Cuando no hablan ellos, sino tú

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Como enfermero de pediatría veo cada día a muchos niños de diferentes edades y cuando tienen ya un poco de capacidad de escucha activa les dirijo siempre unas palabras para preguntarles qué tal están, qué dibujos les gustan más, hacerles alguna broma y explicarles las cosas que vamos a ir haciendo.

Cuando apenas hablan, los padres suelen contestar por el niño, como dándole voz, en un acto que me parece totalmente natural y normal, para evitar que mis preguntas queden sin respuesta. Pero hay ocasiones en que los niños son muy capaces de contestar y sin embargo los padres se les adelantan: ¿eres el ventrílocuo de los niños? Cuando no hablan ellos, sino tú.

Cuando son bebés... todos lo hemos hecho

Yo el primero. Personas que se dirigían al bebé cuando era incapaz de dar una respuesta. Sabe mal que alguien pregunte algo y que nadie diga nada, así que los padres respondemos lo que pensamos que el niño diría:

- ¡Hola pequeño! ¿Dónde vas?
- Pues al parque un rato, a ver si juego con la arena, que me encanta - dice la madre.

Es una cuestión de respeto hacia quien hace la pregunta, hasta cierto punto una situación algo cómica, porque hay padres que hasta ponemos voz como de niño pequeño, y como digo completamente normal dada la situación.

Cuando son más mayores, podríamos estar limitando su socialización

Ahora bien, si hablamos de niños más mayores podríamos estar poniendo límites no sólo a su capacidad verbal, sino también a su socialización, porque al final los niños no hablan con los demás, pues son los padres los que toman la voz cantante.

Hace unos días saludé a un niño de unos 6 años al entrar por la puerta y fue la madre la que me contestó, y al preguntar qué tal estaba, y si sabía a qué venía, fue la madre la que me dijo que su hijo estaba muy bien y que sí sabía a qué venía. El niño no hizo en ningún momento la intención de dirigirme la palabra, ni de responder a mis preguntas, a pesar de que le miraba directamente para establecer comunicación.

Este tipo de actitudes pueden provocar en el niño lo siguiente:

  • Que el niño crea que no debe hablar con nadie, sean conocidos o sean extraños.
  • Que el niño piense que su padre (o madre) prefiere que no conteste, quizás por considerarle incapaz de responder adecuadamente.
  • Que no se preocupe ni de escuchar (total, va a responder mi padre), ni de reflexionar sobre cuál es la respuesta que tiene que dar.

Todo esto hace que el niño pierda autonomía y pueda ver afectada también su confianza en su capacidad para hablar, dialogar e incluso negociar, precisamente en la edad que más pueden aprenderlo todo ello. Porque si me dirijo a un niño cuyo padre es quien toma la voz cantante y le hago una pregunta, le someto a una elección, ¿quién responderá? Si siempre es el padre, el niño mirará al padre esperando su respuesta en más de una ocasión.

Los niños tienen que poder crecer como una persona más

El portavoz de los niños

Lo ideal es que los niños formen parte de la sociedad como una persona más, y que puedan dirigirse a cualquier persona para decirle aquello que consideren que deben decir, sin estar cohibidos, sin temores ni vergüenzas, y sin esperar a que otros dialoguen por ellos.

Por eso los padres deberíamos permanecer callados si les dirigen una pregunta, por más que consideremos que la respuesta puede no ser adecuada. Incluso permanecer callados si les preguntan algo y no responden... porque muchas veces les excusamos diciendo "es que es muy tímido" y entonces estamos justificando una conducta de silencio que se retroalimenta: ¿es tímido porque de verdad lo es o lo es porque su madre siempre se lo recuerda en situaciones así? Quizás deberíamos no decir nada y simplemente esperar a que se desarrolle el diálogo, y si no sucede, esperar a ver qué pasa.

- Uy, no me contestas, ¿te da vergüenza o se te ha comido la lengua el gato? - le dice al niño. Después, dirigiéndose a la madre: ¿Le da vergüenza?
- Pues no sé...

No decimos nada, no emitimos nuestro juicio, no le etiquetamos. Y a oídos del niño lo decimos todo: pues no sé si es vergonzoso o tímido, quizás lo sea, pero no seré yo quien se lo recuerde excusándole cada vez que alguien le intente hablar, porque así jamás verá la necesidad de responder. Y responder a una pregunta es una manera como otra de establecer un diálogo. Y los niños tienen que dialogar, como lo tenemos que hacer los adultos, para conocer el arte de la comunicación.

Un arte en el que se haya la inteligencia emocional y la asertividad, que es la capacidad de poder dar nuestra opinión sin herir a los demás, sin perder el respeto; y el arte de debatir y argumentar, de defender nuestras opiniones y nuestros principios, de resolver conflictos. Un arte que se aprende desde pequeños y va desarrollándose y mejorando cuanto más se practica.

Aunque ojo, si un día le hacen una pregunta indiscreta y no quiere responder, está en su pleno derecho. Incluso si es discreta, porque no olvidemos que no estamos obligados a responder las preguntas de los demás: si acaso podemos mostrarle que más que el silencio, es más educado decir un "perdona, pero prefiero no responder a tu pregunta". Pero esto ojo, es algo que muchos adultos no hemos aprendido, así que imaginad cuánto tienen por aprender los niños, y más si no les dejamos hablar.

Fotos | iStock
En Bebés y más | ¿Eres el portavoz de tus hijos?‏, Desarrollo del lenguaje en el niño: de tres a cuatro años, ¿Hablas de tus hijos en su presencia?

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