La leche materna podría ayudar a programar el ritmo circadiano de los bebés y distinguir el día de la noche

La leche materna podría ayudar a programar el ritmo circadiano de los bebés y distinguir el día de la noche
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La leche materna humana es mucho más que una simple comida: también es un reloj que proporciona información a los bebäes sobre qué hora del día es, puesto que la composición de la leche materna cambia a lo largo del día. Por las mañanas la leche energizante contiene un cóctel de ingredientes diferente a la leche calmante de la noche. Los investigadores creen que esta "cronutrición" puede ayudar a programar el ritmo circadiano en desarrollo de los bebés, el cronómetro interno que permite a los bebés distinguir el día de la noche.

¿Pero qué ocurre cuando los bebés consumen leche que no procede directamente del seno materno y que ha sido extraída a otras horas del día o ha sido guardada para que el bebé la consuma en otro momento? Hasta ahora los científicos apenas se habían preocupado por estudiar los posibles efectos del consumo de leche "a destiempo" en el desarrollo de los bebés, pero puede que las repercusiones sean muy amplias.

Como psicólogos que nos dedicamos al estudio de la biología de la paternidad, colaboramos con Laura Glynn, Caroline Steele y Caroline Bixby para investigar las pruebas de la leche materna como medida de tiempo.

Los relojes biológicos a lo largo del día

Tanto el sueño, como la digestión y los niveles de energía muestran ritmos circadianos, lo que significa que siguen un ciclo diario. Como cualquier progenitor que se haya tenido que levantar a las 3 de la mañana para levantar a su bebé sabe, los bebés no nacen con estos ritmos del todo sincronizados. A su vez, su sentido del día y de la noche se desarrolla durante las primeras semanas y meses de vida gracias a indicios como la luz del sol y la oscuridad.

Los bebés pueden tener comportamientos muy diferentes: algunos muestran fluctuaciones circadianas en las hormonas bastante predecibles en relación con el estado de alerta, el sueño y el apetito, pudiendo dormir durante períodos de tiempo largos poco después de nacer, mientras que otros parecen tener los ritmos diarios trastornados durante meses. Un retraso en el desarrollo del ritmo circadiano puede aumentar el riesgo de cólicos y llevar a problemas de crecimiento o malnutrición.

Pero los científicos saben muy poco sobre los motivos de las diferencias en la biología circadiana de los bebés. La leche materna podría ayudar a programar el ritmo circadiano de los bebés, lo que ayudaría a explicar por qué algunos padres de recién nacidos pueden dormir toda la noche, mientras que a otros les cuesta que sus bebés se acostumbren a una rutina.

Dar el pecho por el tarde podría hacer que la madre transmita al bebé señales de que es "hora de dormir".

La leche cambia

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La leche materna cambia de forma significativa a lo largo del día. Por ejemplo, los niveles de cortisol (una hormona que fomenta el estado de alerta) son tres veces más altos en la leche materna matinal que por la noche. La melatonina, que afecta al sueño y a la digestión, apenas se puede detectar en la leche diurna, mientras que aumenta por las tardes y llega a sus máximos niveles a medianoche.

La leche nocturna también contiene niveles más altos de algunos componentes de ADN que ayudan a mejorar el sueño saludable. La leche diurna, por el contrario, tiene más aminoácidos que fomentan la actividad que la leche nocturna. El hierro en la leche llega a sus máximos niveles a mediodía; la vitamina E por la tarde. Minerales como el magnesio, el zinc, el potasio y el sodio tienen todos sus niveles más altos por la mañana.

La leche diurna podría contener todo un mejunje inmunológico. Entre las madres que proporcionaron a los científicos muestras de leche materna durante el primer mes posterior al parto, los componentes inmunológicos (entre los que se incluyen anticuerpos clave y glóbulos blancos) tenían mayores niveles por el día que por la noche. Otro estudio encontró mayores niveles de un componente importante para la comunicación del sistema inmunológico en la leche diurna en comparación con la leche nocturna.

Aunque está claro que la leche cambia a lo largo del día, los científicos saben todavía pocas cosas sobre el significado que tiene para la salud de los bebés.

Los investigadores saben que las hormonas y los componentes inmunológicos en la leche materna se transmiten a los bebés y que los bebés empiezan a desarrollar y a refinar sus propios ritmos circadianos durante los primeros meses de vida. Es plausible que estas señales relacionadas con el tiempo en la leche materna puedan ayudar a dar forma a la propia biología circadiana de los bebés. Las diferencias en los tiempos de lactancia podrían explicar por qué existen tantas diferencias en el desarrollos de estos ritmos diarios de un bebé a otro.

¿Mensajes a destiempo en la leche?

Durante la mayor parte de la historia humana, la leche materna solamente podía ser consumida directamente desde el seno materno, lo que significaba que la leche siempre se ingería cuando se producía. Ahora, con los sacaleches y la refrigeración ya no es el caso: según una encuesta realizada entre 2005 y 2007, más de un 85% de las madres que amamantan en los EE.UU se habían sacado la leche.

¿Qué ocurre cuando los bebés se alimentan con leche nocturna por las mañanas o leche diurna por las tardes? No lo sabemos con seguridad, puesto que apenas existen estudios al respecto. Darle a un bebé un biberón de leche diurna por la mañana, con sus altos niveles de cortisol y los bajos niveles de melatonina, podría ser el equivalente nutricional a encender las luces justo antes de dormir.

Si las señales temporales en la leche realmente ayudan a calibrar la biología circadiana de los bebés, entonces aquellos que se alimenten con leche "a destiempo" podrían tener más problemas de sueño, digestión y desarrollo.

Controlar la hora a la que la leche ha sido extraída podría ayudar a determinar si existen problemas en el ritmo circadiano.

Por supuesto, existe una forma sencilla de arreglarlo. Las madres podrían etiquetar su leche materna con la hora de extracción y coordinar el momento en el que dan de comer a los bebés para así ofrecerles la leche de las mañanas por la mañana, la leche de las tardes por las tardes y la leche de las noches por las noches.

Si pasara a ser la práctica habitual en las unidades de cuidados intensivos de recién nacidos, creemos que miles de bebés podrían beneficiarse tomando leche en el momento adecuado, lo que podría ayudarles a tener una mejor regulación de los ritmos circadianos. Son muchas las unidades de cuidados intensivos de recién nacidos que ya han adoptado prácticas diseñadas a mejorar la regulación de la biología circadiana en los bebés, como puede ser bajar las luces por la noches, por lo que una lactancia que tenga en cuenta la hora de producción de la leche sería el siguiente paso lógico a seguir. De forma similar, los bancos de leche que aceptan leche de donantes podrían clasificar la leche en lotes según la hora de extracción.

Existe una alternativa más sencilla a tener que coordinar la leche que ha sido extraída: mejorar la capacidad de las mujeres para dar el pecho a los bebés directamente mejorando las condiciones de los permisos de maternidad y paternidad. Las madres que pueden amamantar a sus hijos de forma directa no tienen que preocuparse de organizar la leche por horas del día y ofrecer la leche directamente de la teta podría tener otros beneficios para la salud.

La ciencia continúa explorando el papel de la lactancia en los relojes internos y en su impacto en la salud y el desarrollo de los bebés. Si la leche acorde con el tiempo de extracción resulta ser una buena forma de establecer los relojes internos de los bebés, se trata de un asunto de salud pública que refleja la importancia de la creación de medidas que ayuden a las madres a quedarse en casa con sus hijos durante el primer año de vida.

Autoras: Darby Saxbe. Profesora Asistente de Psicología, Universidad del Sur de California. Dornsife College of Letters, Arts and Sciences; y Jennifer Hahn-Holbrook, Profesora Asistente de Psicología, Universidad de California, Merced.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí

Traducido por Silvestre Urbón

Fotos | iStochphoto

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